Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1997/07/14 00:00

CUAL ES EL SECRETO?

Una de las parejas más populares cumple bodas de oro y aprovecha la oportunidad para contar cuál ha sido la fórmula del éxito.

CUAL ES EL SECRETO?

por estos días en los que el matrimonio está tan desprestigiado es muy difícil llegar a cumplir 50 años de casados. Pero tal vez es mucho más complicado en el caso de personajes que se mueven en medios tan agitados como el de la televisión, la radio y el espectáculo. En ese mundo hay más belleza, más dinero, más tentaciones y más oportunidades que en el resto de la sociedad. Por esto la solidez conyugal es más la excepción que la norma. Sin embargo la semana pasada una de las parejas más famosas de Colombia, Alvaro Castaño Castillo y Gloria Valencia, cumplieron felizmente sus bodas de oro. Esta ocasión ha sido objeto no solo de celebración por el lado de ellos y sus amigos sino también de curiosidad por parte de sus múltiples admiradores sobre cuáles son los ingredientes que producen parejas tan felices como la de los Castaño en las arenas movedizas del matrimonio contemporáneo. Pocas parejas tienen oportunidad de hablar sobre el tema. Según Gloria, se trata de una sabia mezcla de humor, paciencia, buena educación y de seguir el principio de nunca herirse innecesariamente. Alvaro, quien está convencido de que "la célula que origina todo no es el hombre sino una buena pareja", está de acuerdo en lo del buen humor y la tolerancia. Y, añade, la celebración de pactos grandes y pequeños. Ellos han acordado miles de pactos tan importantes como aquel que establece la hora exacta en la que se apagan las luces. Pero sobre todo, enfatiza Gloria: "Tiene que existir una voluntad desde el principio de que el matrimonio es algo que debe durar. Ahora la gente no se casa convencida de eso. Cuando una relación no dura es que no ha habido la suficiente paciencia".La relación de ellos empezó en 1947. Gloria era una niña de recursos modestos, recién llegada de Ibagué y que se abría paso en la capital. Alvaro, por su parte, era un jovencito sofisticado que entre clase y clase de derecho pasaba sus tardes en el Café del Rín, donde se reunían los hijos de las mejores familias. Al lado del café había una fuente de soda donde vendían los más deliciosos helados de la ciudad. Gloria, que era una niña de 16 años juiciosa, amante de la música y de los libros, tenía un desliz: el de comerse una vez a la semana uno de esos exquisitos helados. Se bajaba del tranvía, lo compraba y se iba caminando hasta la sala de música de la Biblioteca Nacional. Nunca notó las miradas de Alvaro y sus amigos quienes la consideraban la mujer más hermosa de la ciudad. "Tanto que le decíamos 'La divina", recuerda Alvaro. La cosa no pasó a mayores hasta un día cualquiera en que Alvaro entró al Departamento Administrativo de la Policía, donde dirigía una revista. Para su sorpresa encontró una secretaria nueva que era la callada y seria 'divina' que tanto había visto. Entonces llevaba un libro que colocó sobre el escritorio de Gloria. Esta, ni corta ni perezosa, sacó de su cajón otro libro que ella también estaba leyendo. Ambos se sorprendieron al notar que eran dos obras del mismo autor: José Ortega y Gasset. Esta fue una excusa para que él se diera cuenta de que ella no era tan antipática y para que ella notara que el tampoco era tan pedante. A los pocos días ya estaban de novios. Pasaron tres años en los cuales Alvaro no mencionó la palabra matrimonio. Y es que había casi el pacto implícito de que se casarían hasta que él se graduara. Al fin, un miércoles cualquiera, Alvaro se decidió y le pidió que se casaran. Gloria, por supuesto, aceptó. Ese mismo sábado, sin vestido largo, se celebró la boda a las siete de la mañana en la iglesia de San Diego. Gloria llevó un sobrio vestido negro, dos magnolias y una pava que le regaló una amiga, mientras los compañeros de Alvaro silbaron la marcha nupcial. "La diferencia entre ese momento y éste es que las flores que llevé ese día las arrancamos de un parque al lado de la iglesia, mientras que las que llevé en la misa con la que celebramos nuestro aniversario son del jardín de nuestra casa. El amor _insiste Gloria_, no se acaba con el paso de los años, sino que se transforma: es biodegradable". Después de casados Gloria y Alvaro empezaron a desarrollarse como una pareja no solamente unida por el afecto sino también por el trabajo. Ambos se han colaborado en todos los proyectos importantes de su vida. Cuando Alvaro se metió en la quijotesca empresa de fundar una emisora cultural, la HJCK, Gloria se convirtió en la locutora, la administradora y la todera. Luego, cuando Gloria ingresó a la televisión, ambos emprendieron algunos de los programas más clásicos de la televisión nacional, como Carta de Colombia, Naturalia y Correo especial, en los que Alvaro dirigía y ella presentaba. Y así como supieron sobrellevar sus dificultades domésticas, en el trabajo también lograron acoplarse. Gloria dice que no hay dificultad para alcanzar la armonía "porque Alvaro es un príncipe y yo, aunque no soy una princesa, siempre sé cuándo tengo que callarme". Por eso, según ambos, en este medio siglo nunca han llegado a contemplar ni remotamente la idea de una separación.El estar juntos día y noche en la casa y en el trabajo tampoco los ha desgastado. Siempre hay estrategias para renovarse. "En una época, por ejemplo _dice Alvaro_, pasábamos las vacaciones separados". Y hubo un momento en que también decidieron separar las oficinas de cada uno. Durante todos estos años en que ella ha sido la presentadora más importante de Colombia y él uno de los trabajadores culturales más destacados no ha habido tiempo para los celos. Y eso que ambos son lo suficientemente atractivos como para despertar admiración en el sexo opuesto. "Sobre todo Alvaro _dice Gloria_ a quien siempre lo han rodeado mujeres bellas. Pero yo más bien me pongo orgullosa. Los celos son inseguridad". Ambos están de acuerdo en que lo mejor de sus años juntos ha sido el nacimiento de sus hijos y nietos y que los momentos difíciles son los relacionados con los altibajos de la emisora. Pero sin duda han sido felices. "La felicidad no es un estado sino un relámpago, con una combinación de emotividad y sabiduría _dice Alvaro_. Y durante estos 50 años ha habido muchos relámpagos entre nosotros". Los dos insisten en que el secreto de una buena convivencia no es "poner mis ojos en tus ojos, sino mirar en la misma dirección". Y ellos lo han hecho durante todo esto tiempo, demostrando que "el amor es como el vino, si es malo se daña en el primer año, si no se pone cada vez mejor con el tiempo". Como ellos suficientemente lo han demostrado.

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