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| 6/11/2011 12:00:00 AM

¡Cumplió 90 años!

Felipe de Edimburgo, el príncipe consorte que más ha durado en la historia de Inglaterra, creció huérfano y tuvo una vida trágica y paupérrima hasta que se casó con la reina Isabel.

El príncipe Felipe de Edimburgo siempre se ha caracterizado por ser el miembro menos acartonado de la monarquía inglesa. Son célebres sus comentarios fuera de tono y sus recurrentes metidas de pata en eventos oficiales. Sin embargo, muy pocos saben que detrás de esa imagen de chistoso e imprudente se esconde una historia marcada por la tragedia: mientras su mamá pasó casi toda su vida en una clínica de reposo, su papá lo abandonó cuando tenía 9 años para irse a vivir con una amante a Montecarlo. Por eso varios medios ingleses se preguntan, medio en broma medio en serio, cómo con semejante pasado a cuestas el esposo de la reina Isabel II logró sobrevivir sin necesidad de consultar un psiquiatra.

El príncipe cumplió 90 años el viernes pasado, y como parte de los homenajes que le rindieron en el Reino Unido, el biógrafo Philip Eade publicó Young Prince Philip: His Turbulent Early Life, un libro que revela detalles de su traumática infancia, así como episodios inéditos de sus primeros amores. A lo largo de casi 400 páginas, Eade demuestra que, a pesar de las dificultades económicas y familiares con las que el duque creció, logró convertirse en un héroe de guerra y, eventualmente, en el consorte que más tiempo lleva casado con una monarca británica.

Único hijo varón del matrimonio entre el príncipe Andrés y la aristócrata Alicia de Battenberg, Felipe nació el 10 de junio de 1921 en el comedor de su casa, ubicada en la isla de Corfú. Aunque recibió el título de príncipe de Grecia, en realidad no tiene ni una sola gota de sangre helena, pues su familia paterna es danesa y la materna, alemana. Su abuelo es el rey Jorge I, un noble danés que a los 17 años llegó al trono griego por pura casualidad, luego de que Otón I abdicó. Por esa vía, Andrés, el cuarto hijo de Jorge, difícilmente habría podido aspirar a ser soberano y Felipe, todavía menos, al ser el sexto en la línea de sucesión.

Los primeros 18 meses de vida del futuro duque de Edimburgo transcurrieron en relativa calma en Corfú, hasta que sus papás resolvieron exiliarse en París ante las constantes amenazas contra la Corona. El pequeño disfrutó del calor del hogar solo por un tiempo, pues su mamá, quien padecía de sordera, pronto enfermó y fue internada en un asilo, donde le diagnosticaron esquizofrenia. Andrés no quiso hacerse cargo del niño y le pidió a la familia de su esposa que lo adoptara.

Felipe, entonces, creció prácticamente huérfano y le tocó aprender a defenderse solo. Sin ninguna clase de herencia, le tocó vivir de la caridad y usar el transporte público, como a cualquier plebeyo. No tuvo contacto con sus papás por varios años, y cuando por fin parecía haber encontrado un padre sustituto en uno de sus tíos, este falleció de cáncer. Pero como si nada de eso fuera suficiente, Cecile, su hermana favorita, también murió en un accidente aéreo en 1937. Como era usual, el joven asumió la noticia con entereza y viajó de inmediato a Alemania para asistir al funeral.

En Young Prince Philip está incluida una foto del entierro, hasta ahora desconocida, que muestra a Felipe caminando al lado de soldados con uniforme de la SS mientras la gente en la calle sigue la procesión con el saludo fascista. Se sabe además que Hitler y su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, enviaron a Hermann Goering, comandante de la Luftwaffe, a la ceremonia en representación suya. Como era de esperarse, la imagen ha causado polémica en el Reino Unido, donde el pasado alemán del duque de Edimburgo siempre ha generado suspicacia. Empezando porque sus cuatro hermanas mayores, incluida Cecile, estuvieron casadas con jerarcas nazis y porque él mismo estudió unos meses en un colegio de tendencia nacionalsocialista.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el príncipe se enfrentó a un dilema, pues mientras estudiaba en la Real Academia Naval de Dartmouth, los esposos de sus tres hermanas restantes seguían siendo fieles al Führer. Al final, decidió participar en la guerra del lado de los ingleses, y obtuvo el grado de Teniente. Un excompañero de esa época lo recuerda como un muchacho carismático y talentoso: "Tenía una tremenda confianza en sí mismo, y si uno se pone a pensar en todos los problemas que debió superar, sus logros son sorprendentes".

En efecto, quienes lo conocen coinciden en que su paso por la Marina le ayudó a formar su temple. "Felipe tuvo una infancia difícil, pero nunca se quejó. Él dice que simplemente le tocó reponerse y salir adelante -explicó a SEMANA Philip Dampier, autor de la biografía Duke of Hazard: The Wit and Wisdom of Prince Philip-. Creo que la gente de su generación tiene una mayor perspectiva de la vida y no le preocupan ciertas cosas del mundo moderno al haber sobrevivido a un acontecimiento tan terrible como la Segunda Guerra. En su caso, fue condecorado dos veces por su valentía y es muy probable que el servicio militar lo haya endurecido".

Cuando Felipe tenía 19 años e Isabel 13, se conocieron durante una visita que ella hizo con su papá, Jorge VI de Inglaterra, a la base de Dartmouth. Se dice que el flechazo fue instantáneo y que a partir de entonces empezaron a intercambiar correspondencia. No es extraño que Felipe la haya cautivado tan fácilmente, pues ya tenía fama de donjuán. Era muy buen mozo y, según escribe Eade en su libro, no había mujer que no cayera rendida a sus encantos: "Era alto, atlético y tenía la pinta de un dios vikingo". Entre sus primeros amores figura Cobina Wright, una actriz neoyorquina de 17 años a la que estuvo tentado a proponerle matrimonio. Ella, sin embargo, nunca quiso nada en serio y terminó casada con un millonario gringo. Su siguiente conquista fue Osla Benning, una socialite canadiense con la que duró más de tres años de novio, hasta que volvió a retomar contacto con la joven 'Lilibet', como le decían a la futura reina, en una visita que hizo al castillo de Windsor cuatro años después del primer encuentro.

Su tío Lord 'Dickie' Mountbatten estaba empeñado en casarlo con ella, pero su intervención no fue necesaria. Desde el comienzo, varios allegados a la princesa sospecharon que su romance iba rumbo al altar, porque nunca antes se le había visto tan feliz. El anuncio del compromiso ocurrió en julio de 1947, a pesar de que los papás de la joven no estuvieron del todo de acuerdo, pues aunque Felipe tenía orígenes aristócratas, seguía siendo un príncipe paupérrimo. Ganaba muy poco como oficial de la Marina y a ciertos cortesanos les parecía que era maleducado. Por fortuna, poco a poco se fue ganando la confianza de la familia, gracias a su franqueza y a su buen humor.

Entonces, renunció a su título griego y obtuvo la ciudadanía británica, para poder casarse con la heredera al trono inglés. La paz que la pareja gozó los primeros años de matrimonio acabó abruptamente cuando Jorge VI murió. Con 25 años, Isabel se convirtió en reina y su esposo quedó relegado a un segundo plano. Tuvo que soportar la humillación de no haberles podido dar su apellido a sus cuatro hijos y hoy todavía debe caminar detrás de su mujer durante los actos públicos, según dicta el protocolo. A pesar de que se ha mantenido en la sombra durante más de seis décadas, Felipe no solo ha probado ser un apoyo incondicional para la soberana, sino que además le ha dado un nuevo aire a la Corona con sus chistes políticamente incorrectos. Como dijo a esta revista el experto en realeza Tim Heald, "al haber tenido una juventud tan problemática, está más acostumbrado a la vida 'normal' que la mayoría de los miembros de la monarquía".
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