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| 2/18/2017 12:00:00 AM

Spotify: el artífice de la revolución

Daniel Ek, considerado por ‘Billboard’ el hombre fuerte de la industria en 2017, es el genio que inventó el controvertido y revolucionario servicio de música por ‘streaming’ Spotify.

Daniel Ek encabeza una nueva revolución musical. Su aplicación Spotify nació de los escombros de una industria devaluada por cuenta de la piratería, y abre una luz de esperanza pues ya suma 40 millones de suscriptores que pagan su servicio y otros 60 millones que lo utilizan gratis con publicidad. A pesar de las pérdidas que sigue representando, especialmente por ese segmento gratuito, el modelo que Ek concibió sigue creciendo a nivel mundial, atrae inversiones e innova en formas de hacer de la música la experiencia más inmediata y satisfactoria posible. Y curiosamente, sin esa primera etapa de piratería, jamás hubiera nacido.

A finales de los años noventa internet partió la historia de la industria musical en dos. Popularizó la distribución peer2peer que permitió a los usuarios intercambiar imágenes, libros, noticias y, especialmente, música. El impacto de la web dejó tambaleando al imperio de los grandes sellos discográficos, hasta ese entonces dueños de un negocio de 45.000 millones de dólares al año. En ese nuevo escenario, el producto artístico en el que las disqueras invertían millones y por el cual cobraban bastante (aprovechando su posición) ahora se conseguía gratis. Por esto afilaron sus dientes para pelear.

Napster fue el programa pionero en hacer posible compartir y bajar música al gusto, por lo cual se propagó como el fuego en hojas secas. Puso a disposición de la gente la música de millares de cibernautas, sin precio ni límites más allá de la velocidad de la conexión. En un comienzo tomaba horas bajar una canción, pero poco importaba pues la llegada era mágica. Por su éxito y por sus implicaciones en la economía de la industria, sus abogados persiguieron a Napster y hasta hicieron encarcelar a algunos usuarios por el hecho de serlo. Mataron Napster pero, como su creador Sean Parker predijo en ese momento, comenzaron a surgir, uno tras otros servicios que apuntaban a lo mismo.

En medio de ese clima revolucionario, de magia y conflicto, que emocionaba a millones y aterrorizaba a las disqueras, la experiencia de Napster marcó el destino de un joven sueco de 14 años. Hoy de 33 años, Daniel Ek lidera con Spotify, su servicio de música por streaming, una nueva revolución musical que conjuga la oferta de una cantidad brutal de música (alrededor de 34 millones de canciones, a las que se suman 20.000 por día) con opción de consumo prémium (pago) o gratis (con publicidad), y le añade la posibilidad de explorar y descubrir nueva música. Todo con una inmediatez de milisegundos que hace algunos años parecía imposible.

A pesar de su bajo perfil y de su sencillez, Ek no puede evitar ser el centro de las miradas por cuenta de su exitosa y revolucionaria creación. La revista Billboard lo ubicó en el tope de los hombres fuertes de la industria en 2017 pues “contra todo pronóstico, convenció a los grandes sellos de invertir y apoyar su modelo, que incluye el controvertido servicio gratuito, que supo vender como antídoto contra la piratería. El modelo de Ek funcionó, primero en Escandinavia (2006), luego en Europa y ahora en Estados Unidos (2011), donde su efecto en la industria musical ha sido transformador”. La publicación añade que, en 2016, el 51 por ciento del consumo musical corresponde al streaming, una categoría dominada por Spotify.

Para alcanzar esa posición Ek tuvo que negociar con las disqueras, dueñas de los derechos, y esas gestiones cruciales resultaron más complejas de lo que imaginó. En un comienzo pensó que las terminaría en seis meses, pero le tomaron casi tres años de dolores de cabeza. A grandes rasgos, los sellos discográficos reciben 70 por ciento del negocio y disponen cuánto darle a los artistas, y Spotify se queda con el 30 por ciento restante. Los críticos atacan a Spotify pues difícilmente va a representarles un ingreso decente a los artistas más novedosos o de carrera corta. No es el caso de bandas con una carrera de varias producciones, que facturan más pues tienen más que ofrecer en términos de producción artística.

Eureka

Desde muy temprano en su vida Daniel Ek descubrió y aprovechó el lado rentable de internet. Cuando toda empresa, persona o servicio necesitaba tener una página web y apenas crecía la burbuja, un conocido que sabía de su pasión por las computadoras le pidió a Ek, de apenas 14 años, que le hiciera una. Ante su negativa, el ‘cliente’ lo retó a fijar un precio. Pidió 5.000 dólares y los consiguió. Por la siguiente página cobró 10.000 dólares. Sin querer, se vio facturando constantemente, lo que le permitió expandir su operación a web hosting, a diseño web y a publicidad en internet. Cuando vendió su empresa Advertigo –a quien luego se convirtió en su socio en Spotify– ya era millonario.

Joven y rico, trató de vivir la vida loca. Se compró un Ferrari, un apartamento impresionante en un buen sector de Estocolmo y se probó como animal de fiesta con las chicas más bonitas. Pero no le tomó mucho tiempo confirmar que el dinero no era el motor en su vida y que la gente que este atraía iba y venía como el viento. Vendió la nave y se mudó a las afueras de la capital sueca, cerca a sus padres. Allá, tras sacudirse una depresión, comenzó a concebir su próximo paso.

Aunque tenía un capital considerable se postuló para trabajar en Google, pero le pidieron volver cuando tuviera un diploma universitario. Invirtió en varios proyectos que no despegaron, entre estos la quimera de superar el buscador de Google. Pero la epifanía le llegó cuando hacía lluvia de ideas con su compañero de fórmula, Martin Lorentzon.

Ek ha asegurado que la experiencia de Napster resultó determinante. Después de todo, esta mezclaba sus pasiones más profundas: la música y la tecnología. Según afirma, ser ignorante en la materia le ayudó, pues de haber sabido lo que tenía que luchar y sobrellevar para lanzar su producto probablemente nunca lo hubiera hecho. Ek y Lorentzon metieron dinero propio, y se la jugaron.

Hoy están a la cabeza de una empresa valorada en 8.000 millones de dólares. Ek tiene una fortuna personal estimada de 800 millones, y si bien no volvió a sus maneras extravagantes, se casó con su novia Sofía Levander en una ceremonia por lo alto en el lago Como, en Italia, que contó con el comediante Chris Rock de anfitrión, Bruno Mars como show especial y Mark Zuckerberg como invitado.

Si bien la operación sigue representando pérdidas, la meta es hacer una oferta pública para cotizar en bolsa a finales de 2017 o principios de 2018. Spotify tiene todo para ir aún más allá, empezando por un incansable Daniel Ek, que motivado por sus pasiones vive un sueño. Considerando que en 2015 las ganancias en la industria llegaron a 15.000 millones, no está mal exaltar a un redentor que satisface a un público creciente, tiene felices a las disqueras, y sirve de plataforma de promoción para nuevos artistas.

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