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| 11/8/2004 12:00:00 AM

De carne y hueso

Un historiador italiano dice tener la respuesta a los enigmas de la 'Mona Lisa'. ¿Quién inspiró el retrato? ¿Qué misterios esconde su rostro?

La sonrisa más célebre y enigmática por fin tiene dueña. O por lo menos eso afirma el historiador italiano Giuseppe Pallanti, que en su nuevo libro Mona Lisa, mujer ingenua cree haber develado un misterio que ya tiene 500 años: ¿quién inspiró el cuadro más famoso de Leonardo da Vinci?

En tantos siglos mucha tinta ha corrido y es también mucho lo que se ha especulado, con versiones que van desde indicar que se trataba de una cortesana florentina o de la madre del artista, hasta que era un ambiguo autorretrato del propio Leonardo. Incluso se llegó a decir que nunca hubo una modelo y que sólo surgió de la imaginación. Pallanti descarta estas explicaciones y en su lugar las reemplaza por una quizás menos misteriosa y emocionante. Según él, la musa del retrato fue una mujer con nombre y apellido. Se trata de Lisa Gherardini, quien vivió en Florencia entre los siglos XV y XVI y que fue esposa de un acaudalado comerciante de sedas llamado Francesco del Giocondo. De ahí que al retrato se le conozco como La Gioconda o Mona Lisa que viene de Madonna.

No es la primera vez que su nombre aparece en la baraja de posibles protagonistas de la obra. El autor sostiene que confirmó la teoría del historiador Giorgio Vasari, biógrafo de Da Vinci y arquitecto de la corte de la influyente familia de los Médici, quien escribió sobre la vida de los principales artistas de la época. Fue él el primero en sostener, en 1550, que la retratada era la segunda esposa de Francesco del Giocondo y por lo tanto también fue él el primero en darle nombre al cuadro. Lo sorprendente es que Pallanti dedicó los últimos 25 años ha confirmar la veracidad de estas afirmaciones. Después de revisar los archivos de Florencia, comprobó no sólo que Lisa existió sino también la relación que pudo tener con el pintor e inventor renacentista.

De acuerdo con los documentos encontrados, la Mona Lisa nació en 1479 en Florencia y provenía de la pequeña nobleza rural de Chianti, región vinícola de la Toscana. Aunque de sangre noble, tenía más apellido y prestigio que dinero, por lo que a sus 16 años se casó con el acaudalado comerciante, viudo y padre de un pequeño niño. Los Del Giocondo eran una familia de 'nuevos ricos' que habían ido ascendiendo en la escala social, pasando de simples artesanos a productores y comerciantes de seda que proveían a los Médici.

En cuanto a la época del retrato, explica que Da Vinci empezó la obra entre 1503 y 1506, aunque no hay certeza. Tampoco la hay sobre quién encargó la pieza. Entre las posibilidades menciona al propio Francesco del Giocondo. "En esa época era habitual que los clientes burgueses mandaran a hacer retratos de sus mujeres especiales. Da Vinci sobresalía en este arte. Estaba obsesionado con la representación de la figura humana a tal punto, que es bien conocido que llegó a diseccionar cadáveres", explicó a SEMANA el experto en historia del arte Juan Ricardo Rey, de la división educativa del Museo Nacional.

Algunas biografías del artista cuentan que uno de los motivos por los que Francesco pudo haber ordenado el óleo fue para celebrar el nacimiento de uno de los cinco hijos que tuvo con Lisa, más porque en esa época era alta la tasa de mortalidad tanto de recién nacidos como de las madres. Además, él había perdido a su primera esposa luego de que dio a luz a su primogénito. También se ha dicho que la obra refleja a una mujer embarazada: las manos hinchadas, sin anillos en los dedos y acomodadas en el vientre son consideradas una señal de su estado. Tal vez, otro motivo para celebrar. Pero cuentan que no habría pagado por el encargo porque al parecer no cumplía con sus indicaciones.

No se descarta tampoco la posibilidad de que haya sido un pedido de Lorenzo de Médici, que mantenía relaciones de negocios con el esposo de Lisa. Sin embargo,

Pallanti revela un dato y proporciona pruebas de lo cercana que estuvo la mujer al artista. "El retrato de Mona Lisa, hecho cuando Lisa tenía 24 años, fue probablemente encomendado por el padre del propio Da Vinci para su amigo Francesco", argumenta Pallanti. Piero da Vinci era uno de los más importantes notarios de Florencia y entre sus clientes figuraba Del Giocondo. Sostiene que el padre le hizo la petición a su hijo artista para ayudarlo en tiempos en que Leonardo estaba más interesado en realizar experimentos científicos que no le proporcionaban ganancias económicas. Por otra parte, la capilla familiar de los Giocondo se encontraba en la Santísima Annunziata de Florencia, es decir, en la iglesia para la que Leonardo había comenzado la obra de Santa Ana con la Virgen y el niño.

Al parecer la obra nunca fue terminada, como solía ser la costumbre de su autor; tampoco llegó a manos de Francesco y su esposa, y acompañó a Da Vinci hasta su muerte en 1519. Se dice que le legó la pintura a su asistente Gian Giacomo Caprotti, con quien se decía tenía una relación bastante íntima. Luego llegó a manos de Francisco I, rey de Francia, que se obsesionó con el retrato y lo compró por 4.000 florines de oro para adornar su cuarto de baño. El cuadro permaneció en las colecciones reales hasta la creación del Museo Central de las Artes en el Louvre en 1793.

Hasta hace un siglo nadie cuestionó la identidad de la modelo de Leonardo. Sin embargo, en 1911 un pintor italiano llamado Vincenzo Peruggia se las arregló para sacar a La Gioconda del marco y salir campante del Louvre, alegando "patriotismo". Sólo apareció dos años después en Italia. El robo volvió la mirada hacia la legendaria pieza y empezó a hablarse de otras teorías más fantasiosas que reales, según Pallanti. Que el rostro en realidad pertenece a Isabella

d'Este, que reinaba en Mantua y posó para un retrato o que más bien era un adolescente vestido de mujer, idea acrecentada por las supuestas tendencias homosexuales de Da Vinci. Pero la más llamativa es la que dice que la Mona Lisa es en realidad el mismo Leonardo da Vinci, una teoría basada en un estudio digitalizado. Al superponer la imagen de La Gioconda y el famoso autorretrato de Da Vinci en el que se dibujó envejecido y con largas barbas, algunos expertos encontraron muchas coincidencias.

"Sólo me he servido de documentos de archivo. No es una novela", aclara Pallanti para defender sus argumentos. Entre otros de sus descubrimientos está el testamento de Francesco, quien murió en 1538 y en el que llama a su querida esposa "mujer ingenua" para resaltar "la pureza de su alma". De ahí el título del libro.

Como su identidad, son muchos los enigmas que rodean a la Mona Lisa y que hacen que esta obra de sólo 77 por 53 centímetros sea tan admirada. No sólo llama la atención por la perfección de la técnica aplicada, denominada sfumatto, en la que los contornos se desvanecen, sino también por su mirada y su sonrisa. La mítica imagen se ve tan real porque da la sensación de mirar a sus observadores directamente a los ojos desde cualquier ángulo. Recientemente, especialistas de la Universidad de Ohio en Estados Unidos y de la National Gallery de Londres determinaron que el artista pintó el retrato con el ángulo calculado para que mirara siempre al centro del espectador. "La pintura no cambia, pero debido a la superficie plana el efecto se amplía", explicó el profesor estadounidense James Todo. En cuanto a la misteriosa media sonrisa hay una explicación menos artística. En 1992 el doctor J.E. Borkowski de la Universidad de Georgetown aseguró que "el gesto es similar al de las personas que han perdido sus incisivos o que padecen de bruxismo", un hábito que lleva a rechinar los dientes por estrés.

A pesar de estas revelaciones es muy difícil responder con certeza a los enigmas de La Gioconda. Quizás este es el secreto de su encanto, el que hace que anualmente seis millones de espectadores la admiren y sea la inquilina más visitada del Louvre.
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