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| 10/6/2007 12:00:00 AM

De Colombia para el mundo

Vicky Colbert, premiada por Bill Clinton, completa con su modelo Escuela Nueva una racha de éxitos internacionales.

Sólo cuando Vicky Colbert recibió la estatuilla que representa un mundo en miniatura, pudo medir el alcance de su proyecto. El mismo que inició hace tres décadas en zonas rurales de Norte de Santander, Boyacá y Cundinamarca, cuando era una joven soñadora y recién graduada. El programa educativo Escuela Nueva, emprendido por ella, después de muchos años de esfuerzo había traspasado las fronteras para convertirse en un ejemplo en el nivel internacional. Así se lo hizo saber Bill Clinton cuando en la reunión anual del Clinton Global Initiative, en el Carnegie Hall de Nueva York, le otorgó el primer Premio Global a la Ciudadanía, un reconocimiento "a personas extraordinarias que hacen una gran diferencia en su esfuerzo por ayudar a otros".

Vicky completó en ese momento un año de éxitos, pues hace pocos meses en Oxford, Inglaterra, recibió de manos del Nobel de Paz Muhammad Yunus el Skoll Award al emprendimiento social, por haber generado cambios en los paradigmas educativos para mejorar las condiciones de la infancia de las comunidades más vulnerables.

Porque otros de los protagonistas de esta distinción son los niños desplazados. Como los que viven en Altos de Cazucá, un barrio deprimido de Bogotá. En una de sus lomas, un humilde salón de clases parece un oasis en medio de los empinados y polvorientos caminos: las risas de los estudiantes se oyen desde afuera. Y cuando son visitados por delegaciones de todas partes del mundo, como España, Suecia o Estados Unidos, no se intimidan: saludan y cada grupo explica en qué está trabajando.

Allí los puede recibir Maritza, la presidenta del gobierno estudiantil, elegida democráticamente por sus propuestas: salidas pedagógicas y onces colectivas. Y podrían hablar con José y Fabián, miembros del comité deportivo, cuando elaboran sus proyectos como un campeonato de fútbol; y con Ana y Leidy, encargadas del medio ambiente, quienes están empeñadas en mantener el aula y el entorno limpios. Si es lunes, muy seguramente estarán hablando de un valor como la justicia para escribir un cuento sobre el tema o interpretar una obra de teatro. Y si dos compañeritos discuten, no es raro ver a Diego intervenir con un "no peleen, no digan esas cosas", pues se toma muy en serio su papel como miembro del comité de resolución de conflictos. Tal vez para hacer las paces terminarán escribiendo una carta y la depositarán en el correo de la amistad. La época, hace tres años, cuando Diego no estudiaba por vender dulces en la avenida Primero de Mayo, parece lejana.

Toda esta dinámica hace parte de los Círculos de Aprendizaje, una estrategia diseñada por Vicky desde su Fundación Escuela Nueva Volvamos a la Gente, para que niños víctimas del desplazamiento, en un ambiente protegido, puedan aprender a enfrentar las dificultades y prepararse para la transición a la escuela. Las herramientas: los estímulos y el afecto. "Al verlos abrazar a todo el que llega es difícil creer que tiempo atrás eran prevenidos, no respetaban y se sentían incómodos con cualquier demostración de cariño", comenta Luz Dary Rojas, quien fue capacitada en el modelo pedagógico.

Comenzar no fue fácil: "empezamos uno de estos círculos en una iglesia y los vecinos se quejaron por el mal comportamiento de los niños. Por eso fue necesario involucrar a la comunidad", comenta Maritza López, una de las coordinadoras.

El año pasado el modelo fue destacado como un ejemplo de paz y convivencia en el libro Educational for All and Multigrade Teaching, editado en Londres, que recoge experiencias de países como Sudan, Sri Lanka y Malawi. "Se debe a que Escuela Nueva estimula a los niños a participar, a ser más activos en su propio proceso personal y de aprendizaje y eso mejora su autoestima", señala Vicky.

Y es que ella, una convencida de que una buena educación es la piedra angular del desarrollo y la paz, convirtió esta lucha en su proyecto de vida. Estudió sociología y luego de hacer dos posgrados en la Universidad de Stanford, regresó al país y se dio cuenta de la precaria situación de sus escuelas rurales. "Me encontré con que predominaba el fracaso escolar y los maestros desmotivados que se limitaban a pararse ante un tablero", cuenta. Entonces le vino a la mente el recuerdo de su mamá, Paulina Reyes, una destacada educadora que fundó varias normales en Colombia. "Para ella cualquier juego era una oportunidad para enseñarme". Fue entonces cuando conoció el trabajo de Óscar Mogollón, un maestro rural del Norte de Santander que estaba desarrollando un proyecto para dictar clases a niños de diferentes edades y en distintos grados en una misma aula. Ambos unieron sus conocimientos y en 1975 crearon el programa Escuela Nueva, inspirado en un modelo pedagógico de principios de siglo XX en cuyo centro está un estudiante más participativo, y el maestro pasa a ser un orientador. En este sistema se estimulan las habilidades de manera personalizada y se promueve el trabajo en equipo y proyectos productivos ajustados a sus necesidades.

Vicky le dio un gran impulso a la iniciativa como coordinadora Nacional del Programa Escuela Nueva y luego como viceministra de Educación, cuando logró que se convirtiera en política de Estado. Desde entonces, cerca de 20.000 escuelas rurales, de las 35.000 existentes, aplicaron con éxito el modelo, y se estima que han sido capacitados el mismo número de profesores. Los resultados se vieron y en 1998 Colombia fue el único país de la región en que la escuela rural obtuvo mejores resultados que la urbana, con excepción de las grandes ciudades, según la Unesco. Esta innovación pedagógica fue destacada por el Banco Mundial "como una de las tres reformas más importantes de los países en desarrollo".

Como asesora regional en Educación para América Latina y el Caribe de Unicef, Vicky promovió mecanismos para formar a los padres en ayudar a que sus hijos tuvieran un buen desarrollo. Y como incluyó el trabajo con la Iglesia para que colaborara desde la pastoral social, el papa Juan Pablo II la nombró su asesora en políticas de infancia.

Luego vino lo más complicado, consolidar el modelo. Para ello creó en 1987 su fundación. "En los años 90, con los cambios de gobierno el programa perdió fuerza en la agenda pública", explica. Sin embargo, se la devolvió su "terquedad", como dice Clarita, su hija y compañera de trabajo. Con el apoyo de la empresa privada el modelo llegó a las escuelas urbanas. Para 2003 las pruebas Saber, que evalúan los modelos educativos, demostraron que la Escuela Nueva en matemáticas y lenguaje superó los promedios nacionales. Por eso 35 países como India, Eritrea, Irán y China han enviado delegaciones para reproducir el programa. Maestros colombianos han viajado para capacitar a otros y 14 países de América Latina, y Filipinas ya lo pusieron en marcha.

Pero con cada logro esta emprendedora de mil ideas en la cabeza empieza a soñar con uno nuevo. Por eso ahora está dedicada a trabajar por el sistema en Uganda, Kenia y Etiopía, para que ese exitoso modelo desarrollado en Colombia extienda sus beneficios por el mundo entero.
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