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| 2/19/2011 12:00:00 AM

De las comunas a Georgetown

Juan Pablo Barrientos creció en uno de los barrios más pobres y conflictivos de Medellín con una familia que lo recogió. Hoy es periodista, estudió una maestría en Estados Unidos y aspira al Concejo de su ciudad

Más de 25 jóvenes del peligroso barrio La Sierra, en la periferia de Medellín, solían reunirse al menos una vez por semana, frente al televisor del taller de motos, para ver el noticiero de las 7 de la noche. Todos esperaban con anhelo la sección internacional, pues sabían que en cualquier momento aparecería su vecino, el corresponsal en Washington Juan Pablo Barrientos. El mismo que creció a su lado "brincando por encima de los muertos", pero salió de allá para convertirse en el personaje más respetado y admirado del sector.

"Bájese de esa nube, mi hermano, usted está condenado a morir aquí", le decían sus amigos "más aguafiestas" cuando les contaba que soñaba con ser profesional, con montar en avión y con salir en televisión. Pero el paisa Barrientos, quien hoy tiene 28 años, nunca les paró bolas, y no solo se graduó de Comunicación Social a distancia, sino que fue becado para hacer la maestría en Estudios Latinoamericanos y Gobierno, de Georgetown, una universidad con exalumnos tan célebres como el presidente estadounidense Bill Clinton y el príncipe Felipe de España.

Juan Pablo, el niño de La Sierra, habla hoy cuatro idiomas y conoce alrededor de 60 países. También ha trabajado como corresponsal en Washington del diario El Mundo de Medellín, RCN Televisión, la emisora La FM y El Imparcial, un periódico digital español. Ahora quiere hacer realidad su último sueño: ser concejal de su ciudad. Por eso regresó hace un par de semanas al barrio donde empezó a forjar su historia, que califica como "dura pero con un final feliz", y que, según dijo a SEMANA, pocos creen cuando la escuchan.

Juan Pablo nació por una relación extramatrimonial de su mamá, Alba, un 'pecado' que los tíos y la abuela del niño solo le perdonaron años después. Desesperada, pensó en abortar, pero no fue capaz, y decidió irse sola a Estados Unidos cuando el bebé tenía apenas 2 meses. "La cosa estaba dura y ella se fue a guerreársela -cuenta Juan Pablo-. Mis hermanos César y Lina (hijos de Alba y su esposo) se quedaron con mis tíos y mis abuelos. Como nadie quiso quedarse conmigo, mi mamá cogió un bus, me llevó hasta un barrio que no conocía y me dejó con una familia". Según le han contado, Alba le dijo a una señora que le cuidara a su hijo, sin pensar que ese favor duraría muchos años.

Doña Trina y Rafael Barrientos se convirtieron en sus nuevos padres. Tenía además ocho hermanos mayores, que le decían "recogido" cada vez que peleaban. "Siempre tuve dudas sobre mi procedencia por eso y porque yo era blanquito y ellos negritos", bromea, antes de aclarar que desde muy pequeño le contaron de dónde venía. Vivían en un tugurio de tablas que con el tiempo se convirtió en una casa humilde de cemento. Aunque él no lo recuerda, su mamá biológica lo buscó más de una vez para llevárselo a Estados Unidos, pero los Barrientos ya estaban muy apegados a él y no lo dejaron ir.

Apenas terminó la primaria, doña Trina le dijo: "Hasta aquí llegamos, mijo, no hay colegio en el barrio y tampoco hay para el transporte". Juan Pablo, de 9 años, se empeñó en ser bachiller y empezó a vender dulces en las busetas para pagarse la matrícula y los pasajes. También criaba marranos o vendía morcilla para hacerse unos pesos extras y así ayudar con algo de mercado. Entró al José Félix de Restrepo, el colegio público más grande de Antioquia. Allá conoció "la otra Medellín", la Medellín rica, pues estaba ubicado en el exclusivo barrio El Poblado.

Juan Pablo ya sabía en ese momento que su familia biológica tenía los recursos suficientes para haberlo criado en un ambiente menos hostil que el de La Sierra. Incluso uno de sus tíos lo había visitado en el colegio y le había llevado regalos. "A veces me daba piedra y me preguntaba: '¿Por qué me dejaron? ¿Por qué no llega el Niño Dios? ¿Por qué no tengo las tres comidas? Pero esa fue la realidad que me tocó".

El sacerdote Néstor Bonnet, quien trabajó en La Sierra en los años noventa, cuenta que en el sector no había hospital ni estación de Policía, que solo tenía una vía y que más de una vez tuvo que interrumpir la misa porque se armaba una balacera cerca de la iglesia. El padre recuerda a Juan Pablo como un joven "bastante atípico", pues mientras la mayoría de sus amigos aprendían a manejar armas, vendían drogas y se unían a bandas criminales, él se dedicaba a estudiar y a hacer trabajo social.

"No sé por qué, pero mientras ellos se preocupaban por matar, yo solo pensaba en ser alguien -cuenta Barrientos-. Algunos asesinaban por 5.000 pesos. Me tocó ver a muchos amigos y a tres de mis hermanos morir. Un día pararon el colectivo en el que iba y asesinaron a dos muchachos, otra vez casi me matan a mí. En el barrio no había médicos ni ingenieros, entonces yo quería ser como los curas".

Entró al Seminario Mayor de Medellín cuando tenía 16 años, pero al poco tiempo lo expulsaron. El cura Francisco Javier García fue uno de sus profesores allá. "Lo que más me sorprendió fue su capacidad de superación -dijo a SEMANA el padre Chesco, como es conocido-. Lo acepté, pero no logró acomodarse al estilo de vida del seminario. Igual, sabía que llegaría lejos porque es un muchacho muy inteligente".

Juan Pablo conoció a su mamá biológica cuando todavía estudiaba para ser sacerdote y estaba en proceso para ser adoptado legalmente por los Barrientos. Un tío lo había visto en la franja televisiva 'Los niños buscan su hogar', donde aparecen los menores que van a ser adoptados, y se puso en contacto con el Seminario. Luego Alba viajó desde Nueva York para verlo. Aunque al principio no era capaz de llamarla "mamá", se dio cuenta muy pronto de que eran muy parecidos en el físico y la personalidad. Hoy Juan Pablo dice que no siente resentimientos, que la quiere mucho y que no considera que lo abandonó del todo, pues nunca le perdió la pista.

Tras dejar el seminario, Juan Pablo estudió inglés y dio clases de Ética y Filosofía en diferentes colegios de Medellín. Luego habló con un cura gringo que le había ofrecido una beca para continuar sus estudios de idiomas y eclesiásticos en el exterior, y se fue para Washington. Allá se convenció de que no quería ser sacerdote. Luego se graduó de Comunicación, conoció a Barack Obama, sacó su maestría, aprendió italiano, portugués y algo de árabe y se convirtió en el orgullo de La Sierra.

Juan Pablo afirma que la muerte que más le ha dolido ha sido la de su hermano José Neptaly. Fercho, como él le decía, había dejado La Sierra hacía años y solo había subido para ayudar a su mamá a pintar la casa, pues 'Juanito' iría a visitarlos. En ese momento, otro de sus hermanos empezó a discutir con un vecino y él se tiró por el balcón para detener la pelea. Los dos Barrientos recibieron disparos, pero solo murió Fercho.

Ahora Juan Pablo vuelve a Medellín. Y mientras prepara su campaña al Concejo por el Partido Verde, da clases de Política Exterior Colombiana en la Universidad Bolivariana. Aprovecha el tiempo libre para subir al barrio, y cuando alguien lo ve llegar, lo abraza, se ofrece a cargar los regalos que le lleva a su mamá y le repite cuánto lo admira. "Si volviera a nacer, quisiera repetirlo todo igual -confiesa-. No me importa haber crecido entre muertos y sangre, porque gracias a eso soy berraco y soñador".
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