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| 11/27/2010 12:00:00 AM

De los gramos a los Grammy

El rapero Jay-Z, considerado el empresario de la música más importante del momento, pasó de hampón callejero a ser el solista con más discos en el número uno de 'Billboard'.

Hace 15 años vendía crack en uno de los barrios más violentos de Nueva York. Entonces se hacía llamar por su nombre de pila, Shawn Carter, y cargaba un revólver que no dudaba en usar cada vez que alguien se metía con él. Ahora es Jay-Z, el hombre que apareció junto al multimillonario Warren Buffett en la portada de la revista Forbes dedicada a los 400 estadounidenses más ricos, un artista que ya tuvo más discos que Elvis Presley o Michael Jackson en el número uno de la lista de Billboard y que ha sido descrito por la prensa estadounidense como el empresario musical más importante de su generación.

Considerado el mejor rapero de todos los tiempos, ha vendido 50 millones de álbumes, recibido 10 premios Grammy, y muchos ya comparan Empire State of Mind, su himno a la Gran Manzana, con la famosísima New York, New York que inmortalizó Frank Sinatra. Jay-Z no solo fue presidente de la disquera de hip-hop más exitosa de Estados Unidos, también es dueño de la cadena de bares deportivos 40/40, frecuentada por estrellas de la NBA. Tiene además una empresa de manejo de artistas y participación en el equipo de básquet New Jersey Nets, en los productos de belleza Carol's Daughter y en la marca de ropa Rocawear. Fue el primer no deportista en tener una línea de tenis Reebok y ha firmado alianzas comerciales con Microsoft, Coca-Cola, Budweiser... Como si fuera poco, él y su esposa, la cantante Beyoncé, ganan más de 120 millones de dólares al año, lo que los convierte en la pareja más rica del mundo del entretenimiento, por encima de Brad Pitt y Angelina Jolie.

Shawn Carter nació hace 40 años en Bedford-Stuyvesant, un barrio extremadamente hostil de Brooklyn. Como él mismo lo ha dicho en canciones, entrevistas y en su reciente autobiografía, Decoded (en español, Descodificado), su papá se fue de la casa cuando era apenas un niño y dejó a Gloria, su madre, a cargo de él y sus hermanos. Para sobrevivir en una zona donde reinaban las pandillas, el pequeño se hizo a una pistola y empezó a traficar con drogas. "El 'crack' era una plaga -dijo en una entrevista para el programa 60 minutes de la cadena CBS-. Estaba en todas partes. Lo podías oler en los pasillos. En esa época o lo estabas usando o lo estabas moviendo".

"Su difícil juventud no solo ha sido clave para su imagen, sino que ha sido el cimiento de sus canciones -dijo a SEMANA John Jurgensen, experto en música del diario económico The Wall Street Journal-. Su éxito no solo inspira a un número incontable de personas que vienen de realidades similares, también resuena en los poderosos con los que se codea".

Jay-Z cuenta que le dispararon tres veces, pero las balas nunca lo alcanzaron. Él también tiró del gatillo en más de una ocasión. Tenía 12 años cuando le pegó un balazo en el hombro a su hermano mayor, entonces entregado al crack, porque intentó robarle unas joyas. Pero en vez de presentar cargos, este le pidió disculpas por su adicción.

En ese entonces Jay-Z ya rapeaba. A los 9 años descubrió su pasión por el hip-hop: vio a un chico "entrar en trance" mientras improvisaba unas estrofas, corrió a su casa, apuntó unas rimas descachadas en su cuaderno del colegio y abrió por primera vez el diccionario para buscar palabras que rimaran. Como pasó gran parte de su adolescencia entre jíbaros y balaceras, no podía darse el lujo de escribir en cualquier esquina apenas le llegaba la inspiración. Entonces repetía y repetía sus nuevas canciones para luego anotarlas en bolsas de papel que le regalaban en un mercado. Con el tiempo dejó de escribir y simplemente las memorizaba.

Jay-Z reconoce que está vivo de milagro. Muchos de sus amigos terminaron muertos o presos. Por eso él se dedicó en serio al rap. Vendió su música de puerta en puerta o en el baúl de su carro, pero nadie creía en él. Buscó apoyo de las disqueras, pero todas le cerraron las puertas. Entonces montó una precaria casa discográfica que, con el tiempo, se convirtió en un monstruo del rap, una industria que, según cálculos de algunos expertos, mueve unos 10.000 millones de dólares cada año en Estados Unidos.

El hoy magnate tuvo su último lío con la ley en 2001, cuando fue condenado a tres años de libertad condicional por apuñalar en 1999 a un ejecutivo de la industria a quien acusaba de piratear su música. Ahora reconoce que en ese momento tocó fondo y que pasó de los "gramos" a los "Grammy". Cada uno de sus discos ha sido igual o más exitoso que el anterior, y es, después de los Beatles, el artista en la historia con más discos en el número uno. Tiene todo tipo de empresas e inversiones, carros de lujo y apartamentos. Se codea con los poderosísimos Bill Gates y Warren Buffett, se reunió con el ex secretario general de la ONU Kofi Annan para discutir la crisis global del agua y dicen que su apoyo a Barack Obama antes de las elecciones fue determinante para su ascenso a la Presidencia.

Paul Edwards, autor del libro How to Rap: The Art & Science of the Hip-Hop MC (Cómo rapear: el arte y la ciencia del hip-hop), dijo a esta revista que "el mundo del rap es muy competitivo. Por eso todos quieren ser los mejores en la música y también en los negocios, ponerse la mejor ropa y ser dueños de la mejor discoteca". El cuarentón Jay-Z ya tiene todo eso, y parece difícil que alguien lo baje del pedestal en el que está, pues, como dice Jurgensen, "aunque probablemente no todos oyen su música, se identifican con su historia, que no es más que el viejo cuento estadounidense del harapiento que se convierte en millonario".
 

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