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| 5/1/2011 12:00:00 AM

De magnate a mandatario

Donald Trump está pensando lanzarse a la Presidencia de Estados Unidos. Y aunque algunos piensan que su éxito en los negocios lo convierte en un candidato ideal, muchos creen que es otra de sus movidas publicitarias.

Donald Trump ha probado ser muy hábil a lo largo de sus más de treinta años de carrera. Como dueño de una de las firmas inmobiliarias más prestigiosas del mundo y de la marca Miss Universo, ha hecho una fortuna que la revista Forbes estima en 2.700 millones de dólares, aunque él dice que en realidad tiene el doble. A los 64 años puede presumir de que su nombre esté en apartamentos, hoteles y casinos, hasta perfumes, ropa, té, chocolates y filetes de carne. Trump cree, sin embargo, que lo único que le queda pendiente por hacer es ocupar el cargo más importante del planeta: ser presidente de Estados Unidos. "Amo mi trabajo, pero no puedo aguantar lo que le está sucediendo a este país", declaró en una entrevista en octubre pasado con el canal de televisión Fox News, conocido por su virulenta oposición al gobierno de Barack Obama. Este año sus aspiraciones han tomado más fuerza, y aunque todavía no ha oficializado su candidatura, dice que esta vez va muy en serio. Lo sorprendente es que la idea no es tan absurda, pues Trump es para algunos un ejemplo de éxito financiero y personal, algo nada despreciable en tiempos de crisis. Eso quedó reflejado en una encuesta reciente publicada por la cadena NBC y el diario The Wall Street Journal, en la que el multimillonario neoyorquino aparece de segundo como posible candidato republicano, detrás de Mitt Romney, exgobernador de Massachusetts.

Sin embargo, sus contradictores creen que su ingreso a la política es solo una estrategia publicitaria para su emporio económico. Prueba de ello es que cada vez que aparece en algún talk-show criticando la administración actual crece la audiencia de Celebrity Apprentice, un programa que produce y presenta, en el que varios famosos compiten por plata que luego donan a organizaciones de caridad.

Como buen conocedor de la sociedad del espectáculo, Trump ha sabido atraer la atención de los medios al sugerir, por ejemplo, que Obama no nació en Estados Unidos. Según él, es muy sospechoso que ningún compañero de infancia recuerde al presidente y, por eso, se puso a la tarea de mandar a un equipo de investigadores a Hawái para que averigüe si efectivamente nació ahí. Sin embargo, la Casa Blanca puso fin a la discusión la semana pasada al publicar el documento que certifica que el mandatario es originario de Honolulu."La gente conoce a Trump por ser un provocador, pero a la vez sabe que no se mete en debates de fondo -dijo a SEMANA Darrell West, comentarista político y director del área de Gobierno del think tank Brookings Institution-. Tiene a su favor el estatus de celebridad, pero es difícil imaginar que eso sea la base de su campaña".

Además de esa capacidad para producir titulares, el magnate tiene la fama de ser un trabajador incansable. Dice que su mentor fue su papá, Fred Trump, un albañil que con el tiempo logró fundar su propia firma dedicada a construir viviendas de clase media en barrios neoyorquinos como Brooklyn y Queens. Donald recuerda que desde chiquito solía acompañarlo a supervisar las obras y que, a pesar de que en un momento pensó en estudiar cine, siempre supo que lo suyo era el negocio de los bienes raíces. Luego de graduarse de bachiller de una escuela militar, ingresó a la Facultad de Economía de la Universidad de Pensilvania. Se suponía que su hermano mayor tomaría las riendas de la empresa familiar, pero en lugar de eso se volvió piloto de aerolíneas comerciales. Entonces el joven Donald se hizo a cargo de la naciente compañía, que hoy tiene presencia en Estados Unidos, Emiratos Árabes, Corea, y varios países más.

En un artículo de la revista Time publicado en 1989, Trump explica que el secreto de su éxito se debe a que entendió que era más fácil "venderles un apartamento a Johnny Carson o Steven Spielberg por cuatro millones de dólares que andar cobrando unos pocos dolaritos por un arriendo en Brooklyn". Demostró su 'ojo' para los proyectos inmobiliarios apenas asumió la presidencia de la Organización Trump, cuando compró un hotel en bancarrota a muy bajo precio con exenciones tributarias y lo convirtió en el famosísimo Grand Hyatt Hotel de Nueva York.

Entre las numerosas propiedades desarrolladas por el millonario, la Trump Tower (Torre Trump) sobre la Quinta Avenida es una de las más emblemáticas de la Gran Manzana. La lujosa edificación, inaugurada en 1983, sirve como sede de la compañía y residencia de Donald. Allí NBC también graba The Apprentice (El aprendiz), el reality en el que el magnate escoge a uno de los concursantes para trabajar en su empresa. Trump se estrenó en la televisión con ese show y se hizo célebre gracias a la frase: "Estás despedido". El programa le valió dos nominaciones a los Premios Emmy y su ingreso al paseo de la fama de Hollywood.

Quienes lo conocen dicen que su actitud sobrada frente a las cámaras no dista de la realidad. De hecho, en su best seller Cómo hacerse rico le deja claro al lector que para alcanzar una fortuna similar a la suya es necesario tener mucha confianza. "La modestia y la discreción están muy bien para las monjas, pero si está en el mundo de los negocios, mejor que aprenda a hablar de sus logros, porque nadie más lo hará por usted -escribe en el libro-. Muéstrenme a alguien sin ego y yo les mostraré a un don nadie". Dice también que la clave de su éxito es que siempre está pensando en la excelencia y, por eso, procura rodearse de los mejores. Un arquitecto recuerda que durante la construcción de la Trump Tower hubo un retraso de 15 días. Cuando el magnate se enteró, pateó una silla tan duro que terminó dañando sus mocasines Gucci. "Las cosas siempre tienen que hacerse a su manera", contó el empleado a Time.

Pero no todo le ha salido bien siempre. Su llegada a la dirección de la empresa estuvo marcada por la tragedia, pues al poco tiempo su hermano mayor, el heredero natural del negocio, murió por su adicción al alcohol. "Fue muy triste. Es algo que nunca superaré", confiesa Trump. Luego de posicionar su nombre en el mercado, tuvo que sortear la crisis económica de la década de los noventa. Para evitar la bancarrota se vio obligado a vender algunos de sus bienes más valiosos, incluido el yate Trump Princess, y parte de sus acciones del prestigioso Hotel Plaza. A principios de 2000, su franquicia Trump Hotels and Casino Resorts quebró porque su deuda ascendía a más de 1.800 millones de dólares. No obstante, demostró de nuevo su habilidad para los negocios y volvió a convertir su empresa en un gigante multimillonario.

A sus problemas financieros del pasado se sumaron algunos fracasos en el amor. Mientras trataba de sacar a flote su negocio, Donald libraba una batalla contra su primera esposa, Ivana Trump, una excampeona olímpica de esquí que le pidió el divorcio porque descubrió que la engañaba con la actriz Marla Maples. Un año después de la separación, Donald se casó con Marla, pero apenas duraron juntos seis años. Solo en 2005 volvió al altar, para contraer matrimonio con la modelo eslovena Melania Knauss, 24 años menor que él, con quien vive actualmente.

Trump tiene una vida llena de lujos y comodidades, por lo que a la mayoría de los analistas les parece difícil creer que renuncie a sus lucrativos negocios para servir a su país. "Tendrá que decidir pronto si es una aspiración real o si, por el contrario, seguirá siendo el protagonista de la franja estelar", aseguró a esta revista el profesor Alan Schroeder, autor del libro Celebrity-in-Chief: How Show Business Took Over the White House. Y como si se tratara de una campaña de expectativa para el lanzamiento de un nuevo producto, el multimillonario anunció que en el episodio final de Celebrity Apprentice, que se emitirá el 22 de mayo en Estados Unidos, dirá dónde será la rueda de prensa en la que definirá su futuro.
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