Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/10/30 00:00

De superestrella a paria

Fue el niño terrible y la 'vedette' del Londres victoriano hasta que cometió el pecado de enamorarse de un hombre. Este mes se celebran los 150 años del nacimiento de Oscar Wilde.

Wilde fue a prisión por homosexual, pero años atrás se había casado con Constance Lloyd, con quien tuvo dos hijos. Al parecer sí se sintió atraído por ella, pero cuando quedó embarazada diría: "... se había convertido en algo pesado y deforme.

Es el peor caso que haya tratado jamás. Que usted, Oscar Wilde, haya sido el centro de un círculo de corrupción de la más horrible categoría, entre hombres jóvenes, es imposible de dudar (...) La sentencia son dos años de prisión y trabajos forzosos". Con estas palabras, pronunciadas por un juez el 25 de mayo de 1895, empezó el declive de uno de los escritores más controvertidos y geniales de la historia.

Este mes se celebran los 150 años del nacimiento del autor irlandés y mucho es lo que ha cambiado el mundo. Wilde pasó a la historia no sólo por obras como El retrato de Dorian Gray sino también como el mayor ejemplo de persecución por su homosexualismo y por ser la figura central del juicio que escandalizó a la Inglaterra victoriana. Hoy suena absurdo ser encarcelado por la preferencia sexual y más bien lo que se debate es la reivindicación de los derechos de los gays como casarse y adoptar hijos.

"Hay que buscar siempre lo más trágico", era una de sus consignas. Y al parecer llegó a cumplirla con creces. Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde nació el 16 de octubre de 1854 en un hogar de intelectuales. Su madre, Jane Francesca Elgee, era una poetisa feminista y nacionalista que promovía, desde el salón literario que dirigía, la independencia de Irlanda, entonces ocupada y sometida por el imperio británico. Diferentes biografías la retratan como una mujer que, obsesionada por tener una niña y decepcionada porque Oscar era su segundo varón, decidió vestirlo con atuendos femeninos en sus primeros años. Tiempo después tendría la anhelada hija, con tan mala suerte de que murió a los 8 años. Su padre, William Wilde, era un cirujano menos nacionalista que su esposa, pues fue nombrado oculista de la reina y aceptó el título de sir.

Sus estudios en Oxford fueron tan determinantes en su vida como sus padres y allí no tardó en convertirse en un personaje. Simplemente, "era famoso por ser famoso", explica Colm Tóibín en su libro El amor en tiempos oscuros. Su estilo excéntrico (pelo largo, pantalones cortos y chaquetas de terciopelo, flor en la solapa, sombrero con plumas y foulard en el cuello) despertaba tanto interés y críticas como su naciente producción que publicaba en revistas. En 1878 Wilde ganó el premio Newdigate, uno de los más prestigiosos de la poesía inglesa, por su poema Ravena.

"Me convertí en derrochador de mi propio genio", es una de las tantas ingeniosas frases que revela su egocentrismo. Pero tenía razón porque desde entonces empezó su época de gloria. Tanto es así que en 1881, cuando acababa de publicar Poemas, viajó a Estados Unidos y durante un año fue conferencista y profesor de estética del arte y literatura. "Tengo dos secretarios, uno para escribir mi autógrafo y contestar los cientos de cartas. El otro, de pelo moreno, para mandar mechones a las jóvenes que escriben pidiendo mechones míos; se está quedando calvo muy rápido", escribió a un amigo sobre el éxito de su gira.

De Wilde se ha dicho que fue un crítico y transgresor de su tiempo y esto en gran medida por sus preferencias sexuales por hombres jóvenes. Sin embargo, tardó tiempo en dar rienda suelta a sus gustos. Algunos relatos de su vida afirman que cuando estudiaba en Oxford una prostituta lo contagió de sífilis. Años más tarde, en 1884, se casó en Londres con Constance Lloyd, una joven adinerada con la que tuvo dos hijos: Cyril y Vyvyan. "...El aire está lleno de la música de tu voz, mi cuerpo y mi alma ya no parecen míos, sino entremezclados en un exquisito éxtasis con los tuyos. Me siento incompleto sin ti", le escribió a su esposa el hombre que se hizo famoso como mártir de la homosexualidad. Su nieto Merlin Holland asegura que "su 'conversión' probablemente fue en 1886 con su gran amigo, Robert Ross", un experto en historia del arte que sería su editor. Al parecer esta relación marcó el inicio de múltiples romances con jóvenes hasta que conoció a lord Alfred Douglas, quien desempeñaría dos papeles en su vida: su gran amor y su perdición. "Un capricho se diferencia de una gran pasión en que el capricho dura toda la vida". La sentencia de Wilde podría definir su sentimiento.

Douglas era un aristócrata de 21 años, estudiante de Oxford que se iniciaba en la poesía. "Jamás ha habido nadie en mi vida tan querido como tú y nunca ha sido un amor más grande, más sagrado y más bello", le escribió, pero fue una relación tormentosa que hizo que su tendencia sexual fuera de dominio público y que lo llevó a refugiarse en el alcohol. Pese a todo esta última década del siglo fue la de mayor creatividad. Se publicaron piezas teatrales como Una mujer sin importancia, Un marido ideal y La importancia de llamarse Ernesto, que sorprendieron por la manera irónica en que se burlaba de la mojigatería de la sociedad.

Pero el público que le aclamó y se rió con sus obras luego lo condenó. Cuando el marqués de Queensberry, padre de Douglas, se enteró de las andanzas de su hijo se dedicó a eliminar a Wilde. Le dejó en su club una nota que decía "A Oscar Wilde, que presume de sodomita", algo que indignó tanto al artista que decidió demandar a su agresor por calumnia. Pero la situación se volvió en su contra. Cuando el marqués fue detenido, su abogado se encargó de conseguir testimonios que podían probar las prácticas del escritor.

El nombre de Alfred Douglas se mantuvo al margen del juicio que se inició en contra de Wilde por "actos de ultraje contra la moral pública", acusado de haber tenido relaciones íntimas con jóvenes dedicados a la prostitución, en una época en que la homosexualidad era ilegal. Ni siquiera Douglas consiguió la clemencia de su padre.

Su condena no sólo fueron dos años en prisión sino que, además del escarnio público, fue declarado en bancarrota, sus pertenencias vendidas, incluyendo los derechos de sus obras, su esposa cambió su apellido por Holland y perdió los derechos sobre sus hijos. "Algo ha muerto en mí", dijo, sentimiento que transmitió en De profundis, una carta que escribió desde la cárcel de Reading a Douglas en 1897 y que sólo fue publicada completa en 1949.

Al salir Wilde estaba destruido y decidió buscar refugio en su viejo amor, a quien empezó a escribirle bajo el nombre de Sebastian de Melmoth, su nueva identidad. Pero la relación no soportó las presiones de la familia de Douglas e incluso se dice que su madre ofreció al escritor 200 libras para que se alejara de su hijo. Wilde se radicó en París y se sumergió en la bebida. Allí murió de meningitis el 30 de noviembre de 1900, después de ser bautizado como católico y recibir la extremaunción. En su tumba en el cementerio Père Lachaise lo acompaña una frase de su última obra La balada de la cárcel de Reading que resume lo que fue su atormentada vida: "Y extrañas lágrimas llenarán por él el jarro de la piedad ya roto en antaño. Porque quienes lo lloren serán los parias, y los parias eternamente lloran".

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