Martes, 17 de enero de 2017

| 1994/08/22 00:00

DE TAL PALO TAL ASTILLA

Juan B. Fernández Renowitzky recibe el Gran Premio Simón Bolívar de periodismo, 12 años después de que lo hiciera su padre.

DE TAL PALO TAL ASTILLA

DESDE HACE MUCHOS AÑOS, TODAS las mañanas hacia las 11, los redactores del diario El 'Heraldo' de Barranquilla lo ven llegar recién bañado, generalmente vestido de pantalón y guayabera blanca, el pelo engominado, la frente arrugada por la costumbre de alzar las cejas, y una pregunta en medio de su gran sonrisa. La pregunta suele contener una trampa para algún reportero a quien desea hacer un reclamo. Es el principio de una lección de periodismo, dictada con el más puro acento barranquillero: "Es que a la contraparte también había que preguntarle..."; "Esa noticia era de primera página y se perdió en la página de Regionales..."; "Los juicios van en la página editorial; los hechos en las informativas... ".

Y es que a sus 68 años, Juan B. Fernández Renowitzky sigue siendo un periodista de todos los días. Lo mismo en la mañana, cuando critica la edición que está circulando y aporta ideas para la siguiente, que a medianoche, cuando reaparece como un fantasma por la sede del periódico -para terror del reportero de turno- y pregunta si ha pasado algo nuevo, si hay algún cambio en la primera plana o si algún fotógrafo registró un estrellón que él acaba de ver en una de las avenidas de la ciudad.

Ese rigor de reportero y maestro el mismo con el cual escribe, a puerta cerrada y en impecable castellano, los editoriales -fue sin duda el que tuvo en cuenta el jurado del Premio Simón Bolívar al otorgarle la semana pasada el Gran Premio a la Vida y Obra de un Periodista, galardón que su padre, Juan B. Fernández Ortega, el fundador del periódico en 1933, recibió a principios de la década pasada.

A mediados de siglo, a sabiendas de que tarde o temprano heredaría de su padre la dirección de El Heraldo, se dedicó a estudiar con una intensidad enfermiza. Con su cartón de abogado y filósofo de la Universidad Nacional de Bogotá, viajó a París donde cursó humanidades en la Sorbona y periodismo en la Escuela de Altos Estudios, para rematar su formación de este lado del Atlántico con un posgrado de Harvard en literatura y economía.

Tantos títulos lo han llevado más allá del periodismo: no sólo recogió la antorcha de El Heraldo, sino que ha sido alcalde de su ciudad, dos veces ministro, embajador en Chile en los días aciagos del golpe de Pinochet y constituyente en 1991. Pero fue en los años 70 y 80 cuando se entregó de lleno al periódico y al lado de su asistente Olga Emiliani -hoy retirada- lo consolidó como el primero de la Costa Atlántica y uno de los cuatro grandes del país, lugar del cual -a juzgar por sus 80.000 ejemplares diarios- parece difícil de desplazar.

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