Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1988/12/19 00:00

DE TAL PALO...

Repudiada por su padre, Anna Freud fue pieza fundamental en el desarrollo del sicoanálisis.

DE TAL PALO...


Si los métodos anticonceptivos hubieran sido utilizados por Sigmund Freud y su mujer Martha en sus relaciones conyugales, su hija Anna no habría nacido. Ella lo supo siempre y los padres no le ocultaron después la desilusión que les produjo el que el sexto embarazo de la señora, resultara con una niña. Tan molesto estuvo Freud con la bebé que al anunciar su nacimiento a los amigos, utilizó cartas que se demoraron en llegar y no los tradicionales telegramas. Estaban en 1895.

La presencia de Anna en la vida personal y científica de Freud siempre ha sido objeto de curiosidad para expertos y profanos. Concebida mientras el padre adelantaba el tratamiento de Emma Eckstein, un método que dos años después se convertiría en el nacimiento del sicoanálisis, Anna siempre estuvo ligada al surgimiento y desarrollo de una de las más famosas teorías científicas de la humanidad. Dos meses antes de su nacimiento, Freud había enviado a un amigo su "Proyecto para una sicología científica", en el cual revisaba sus propias teorías y planteaba nuevos alcances para sus ideas. La publicación en 1950 de ese "proyecto" ha servido para comprobar cómo algunos trabajos metasicológicos de Freud como "Más allá del principio del placer" habían tenido origen mientras Anna se encontraba aún en el vientre de la madre.

La figura de Anna Freud ha sido objeto de numerosos análisis, estudios, libros y exposiciones por el papel tan importante que tuvo en la vida y la obra del padre. Un libro que acaba. de aparecer, "Ana Freud, una biografía", destaca cómo el que la muchacha y el sicoanálisis fueran concebidos y nacidos al mismo tiempo, convirtiéndose en gemelos, obligó a que Anna mantuviera siempre una competencia feroz para atraer la atención del padre, una atención que éste le regateaba al comienzo. Al descubrir a tiempo cuál era su lugar en la familia y el trabajo de los Freud, Anna optó por identificarse con esa teoría y su divulgación, ayudando al padre aun cuando éste no lo quería. Tenía sólo 19 meses cuando el padre la incluyó en su "Interpretación de los sueños", hablando dormida y pidiendo una ración de fresas. Lo mismo que los otros hijos, Anna fue utilizada por el padre para ilustrar sus conferencias y por eso a los catorce años, una edad en que muchas niñas todavía jugaban con muñecas, Anna asistía a las sesiones de la Sociedad Sicoanalítica de Viena, sentada entre los científicos y escuchando largas exposiciones sobre el tema.

La verdad es que Anna tomó el sicoanálisis como algo propio al descubrir que sus hermanos no tenían el menor interés. No quiso torcer su destino y lo mismo que ocurría en otras familias vienesas, Anna cuidó del padre anciano y se encargó de organizar las actividades que les servían para el sustento. La inteligencia de Anna despertó la admiración del padre hasta el punto de admitirla en sus investigaciones. Muy unida al científico y convencida de cuál tenía que ser su misión, Anna se preparó a conciencia para la tarea que le esperaba.

En esta nueva biografía se da una mirada a las cartas, poemas y notas que Anna mantenía, a través de los cuales es ostensible su profunda preocupación con lo que Freud llamaba la sexualidad de la muchacha. Este campo fue tratado en público por Anna en una conferencia que leyó ante la Sociedad Sicoanalítica de Viena, conferencia que recogía el análisis detenido de una paciente aunque era evidente que la mujer analizada era ella misma. La conferencia estudia algunas de las fantasías que la acosan, incluyendo desde una escena de amor entre padre e hija y actos de sadismo y masturbación, hasta la redacción de hermosas historias que tenían una enorme carga lírica. Durante el análisis, la paciente reconoce la similitud estructural entre los pasajes agradables y los más violentos, alcanzando lo que ella misma califica de sublimación.

Es curioso cómo en ese y otros trabajos posteriores, Anna aludiría a fantasías sexuales mientras expresamente aceptaba una vida de absoluta continencia que mantendría durante más de 60 años. Fue una decisión que tomó sin la menor queja.

En abril de 1923, Freud fue intervenido quirúrgicamente del paladar porque padecía de un cáncer. Le insertaron una prótesis que le impedía hablar, comer y le afectó un oído. Durante los siguientes 16 años de vida, el padre dependió completamente de la muchacha y ésta, con los trabajos realizados, se ganó con creces su lugar en el medio sicoanalítico de viena.

En 1927, ella publicó su primer libro, "Introducción a la técnica de análisis infantil", en el cual incluía sus propias investigaciones y los trabajos del padre en ese campo. Al morir el padre en Londres, Anna siguió trabajando en sus investigaciones aunque sabía que el terreno no era tan fértil como en Viena. Organizó fundaciones para cuidar de los huérfanos de la guerra, abrió la Clínica Hampstead al lado de la que fuera su residencia, siguió trabajando en el sicoanálisis, profundizó su amistad con Dorothy Burlingham, una norteamericana a quien había conocido en Viena y con quien viviría hasta su muerte.

A pesar de la popularidad de las teorías freudianas y la forma como su vida y la de su mujer y sus hijos ha sido analizada en todos los tonos, cada nuevo libro sobre un personaje curioso y tan activo como Anna Freud, causa sorpresas. Siempre hay otras facetas que forman parte de una vida que sigue siendo una auténtica leyenda, sublimada quizás.

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