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| 1/7/2012 12:00:00 AM

Del amor y otros negocios

Enamorarse no tiene precio, pero a las celebridades de Hollywood el divorcio puede costarles hasta la mitad de su fortuna. Mel Gibson encabeza el 'ranking' de las separaciones más costosas.

El actor Mel Gibson está pagando caro sus excesos. En 2006 fue detenido por conducir ebrio a 160 kilómetros por hora en la lujosa ciudad costera de Malibú. No contento con su delito, se resistió al arresto, amenazó a los policías, se declaró dueño de la ciudad y culpó a los judíos de todas las guerras en el mundo. El incidente casi acaba con su carrera, descalabró sus finanzas y puso punto final a su matrimonio de más de 28 años. En 2009, cansada de los rumores de que su marido estaba esperando un hijo con una modelo rusa, su esposa Robyn decidió legalizar la separación. Alegó diferencias irreconciliables ante una corte de Los Ángeles y le exigió a Gibson la mitad de su fortuna, estimada en 1.000 millones de dólares. La semana pasada salió el fallo del divorcio y se convirtió en el más caro en la historia de Hollywood.

Mel Gibson conoció a su exesposa, una enfermera de una clínica dental, cuando compartían una casa de alquiler en Australia y su carrera como actor apenas despegaba. No firmaron un acuerdo prematrimonial, decisión que luego le pesaría al dos veces ganador del Óscar. Casi tres décadas y siete hijos después, tuvo que entregar el 50 por ciento de sus propiedades y cuentas bancarias. De hecho, la abogada de Robyn, Laura Wasser, que también llevó las separaciones de Angelina Jolie y Britney Spears, consiguió que en 2009 dos de las casas del actor, ubicadas en California y avaluadas en 25,5 millones de dólares, quedaran a nombre de su clienta. También se aseguró de que obtenga la mitad de las ganancias que generen las películas que su exmarido filmó mientras estaban juntos.

"Si Gibson hubiera firmado un acuerdo prenupcial, a su esposa le hubiera tocado un menor porcentaje y él se hubiera ahorrado los cientos de miles de dólares que gastó en vano en los honorarios de sus abogados durante más de dos años de pleito", le explicó a SEMANA Randall M. Kessler, jurista experto en divorcios de celebridades.

Y es que, en cuestiones del corazón, la billetera de Gibson siempre ha salido mal librada. Tras su separación de Robyn en 2009, hizo pública su relación con la cantante y modelo rusa Oksana Grigorieva, quien ya estaba esperando a Lucía, su octava hija. Dos años más tarde esta relación terminó en los estrados judiciales y con una demanda por violencia doméstica que obligó a Gibson a pagarle a su excompañera sentimental 750.000 dólares anuales por los siguientes cinco años.

El segundo divorcio más costoso de Hollywood es el de Michael Jordan. La debacle económica del mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos vino por cuenta de un acuerdo que firmó cuando estaba casado. Con él cedía la mitad de su fortuna a su esposa Juanita Vanoy, una empleada de un banco con la que se casó en Las Vegas en 1989 y con quien tuvo tres hijos. Sin embargo, el acto de generosidad no fue suficiente para preservar su matrimonio y en 2002 la pareja se divorció. Juanita contrató un detective privado para seguirle los pasos al astro del baloncesto y el investigador descubrió que Jordan tenía seis amantes. Indignada, ella se quedó con 168 millones de dólares, la mansión de 2.250 metros cuadrados ubicada en las afueras de Chicago y una pensión considerable. El paquete ideal para que reanudara su vida, esta vez, al lado de un banquero 20 años menor que ella.

Jordan no ha sido el único al que su infidelidad le ha costado un dineral. A raíz de un accidente automovilístico de Tiger Woods, salieron a la luz sus múltiples aventuras. Aunque el golfista se dedicó a girar cheques para comprar el silencio de sus amantes y pagó unos 60.000 dólares por un tratamiento para superar su adicción al sexo, ni su esposa, la modelo sueca Elin Nordegren, ni sus patrocinadores lo perdonaron. Perdió 50 millones de dólares en contratos de publicidad y su vida personal y su meteórica carrera se fueron a pique. Woods, quien llegó a ser el deportista mejor pagado del mundo, tuvo que compensar con 100 millones de dólares a su esposa y madre de sus tres hijos.

Tras su divorcio hace 23 años, Steven Spielberg también quedó con el corazón y los bolsillos rotos. Su primera esposa, la actriz Amy Irving, logró impugnar el improvisado contrato prenupcial que habían firmado en una servilleta y se quedó con la mitad de su fortuna de entonces, unos 100 millones de dólares. No obstante, el creador de E.T. puede darse por bien servido. De haberse divorciado hoy tendría que compartir con ella su actual fortuna, estimada en 3.000 millones de dólares.

Y el quinto es el divorcio del actor Harrison Ford, quien seis años después de su separación todavía tiene que compartir con su exesposa Melissa Mathison las ganancias derivadas del DVD de Indiana Jones y de todos los éxitos en taquilla que obtuvo mientras estaba a su lado. Por si fuera poco, el protagonista de La guerra de las galaxias tuvo que cederle 90 millones de dólares para obtener su soltería.

Otra separación histórica, declarada fuera de concurso, es la de Rupert Murdoch y la escritora y filántropa Anna Torv. En 1998 el dueño del grupo de comunicación News Corporation, que incluye a 20th Century Fox, el tabloide The Sun y el diario The New York Post, le pagó a su segunda esposa la astronómica suma de 1.700 millones de dólares por su divorcio. Después de 32 años de convivencia y tres hijos en común, su esposa, a quien conoció cuando era una practicante del periódico Sydney Daily Mirror, argumentó "diferencias irreconciliables". Anna Torv se conformó con recibir mucho menos de la mitad del capital de su exesposo siempre y cuando él garantizara que sus hijos tendrían el control del emporio mediático. A los 17 días de haberse emitido el fallo, el magnate se casó con Wendi Deng, una ejecutiva de su empresa Star TV que hoy todavía lo acompaña.

Y es que la lista de las celebridades que han quedado con el agua al cuello por falta de un acuerdo prematrimonial o por firmar uno malo es interminable. El caso más reciente es el de la cantante Katy Perry y el comediante Russell Brand. La pareja, que había dado el "sí" en octubre de 2010 en una exótica ceremonia en la India, rodeados de encantadores de serpientes, tragafuegos y bailarines, alegó diferencias irreconciliables y ahora los 14 meses que duró su enlace podrían costarle a la intérprete de California Gurls 31 millones de dólares.

La experiencia ha demostrado que casarse en Hollywood sin un acuerdo prematrimonial equivale a firmarle un cheque en blanco al cónyuge. Sin embargo, las estrellas siguen apresurándose y después sus cuentas bancarias sufren las consecuencias. Según el abogado experto en divorcios de alto perfil Mark Goldstein, "la mayoría de las parejas unen sus vidas con la convicción de que será para siempre. Solo las personas que han atravesado por la agonía de proceso de separación, buscan proteger sus bolsillos y hablar de estos temas antes de desfilar al altar". Para las efímeras parejas de Hollywood no hacerlo significa literalmente echarse la soga al cuello.
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