Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/04/21 00:00

DELITO DE OPINION

El asesinato del periodista Gerardo Bedoya puede ser un campanazo de alerta en vísperas de que el país aborde el debate sobre la extradición.

DELITO DE OPINION

Tal vez la característica que mejor define la trayectoria de Gerardo Bedoya -el periodista asesinado la semana pasada en Cali- era la pasión con la que actuaba tanto en su vida privada como en su actividad profesional. Con la misma pasión que defendía sus creencias políticas disfrutaba los escolios de Nicolás Gómez Dávila. Y también con esa misma pasión opinaba sin medirse en las páginas del periódico El País -en el cual durante cinco años fue editor del área de opinión- y en lenguaje llano pero cuidadoso tocaba todos los temas que su inmensa cultura le permitía abordar.Disfrutaba por igual de un buen tabaco en la penumbra de su oficina como de un paseo por las playas de Normandía mientras recordaba el desembarco aliado antes del Día D, pues otra de sus grandes pasiones era la historia universal. También era conocedor de las letras latinas y no pocas veces citaba de memoria a los clásicos, herencia de su formación jesuítica en el colegio Berchmans de su Cali natal, consolidada luego en las aulas de la Universidad Javeriana, donde se graduó como abogado y economista. Gerardo Bedoya no conocía los puntos medios, pero con la vehemencia que defendía sus ideas conservadoras hacía respetar el derecho de los demás a expresar sus propios puntos de vista. Así les consta a los lectores de las páginas editoriales de El Siglo y de El País, periódicos en los que les abrió espacio a colaboradores de las más variadas tendencias políticas. En medio de las muchas reacciones que ha suscitado el asesinato de Gerardo Bedoya ha surgido un interrogante sobre si es la reanudación de las retaliaciones del narcotráfico alrededor del tema de la extradición, práctica que se creía en desuso luego de la muerte de Pablo Escobar, que por dicha causa ordenó el asesinato de ilustres periodistas como Guillermo Cano, director de El Espectador.La posición de Gerardo Bedoya sobre la extradición fue totalmente clara y siempre en contravía de los intereses de los narcotraficantes. Testimonio de ello es una de sus más recientes y duras columnas, titulada "Aunque me digan pro yankee". En términos que sacudieron tanto a los lectores como al propio director de El País, Rodrigo Lloreda, escribió: "Los narcos han corrompido al Estado, al gobierno y a la sociedad. Han generado violencia. Han cambiado los modelos éticos y económicos. Nos han desacreditado ante el mundo".El asesinato de Gerardo Bedoya no es uno más entre los miles que se producen en el territorio nacional. La coyuntura histórica en que tuvo lugar su muerte puede representar el regreso de Colombia al túnel del narcoterrorismo, del que parecía haber salido. Si a él lo mataron por sus columnas, significa que todavía no se puede hacer civilizadamente el debate sobre la extradición y que el país está a las puertas de muchas más muertes, y por consiguiente de muchas extradiciones.

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