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| 1/23/2010 12:00:00 AM

Desesperada

Frances Inglis fue condenada por la justicia británica a pasar el resto de su vida tras las rejas por haber acabado con la vida de su hijo Thomas, de 22 años, paralizado desde 2007 cuando cayó de una ambulancia en marcha y quedó paraplejico y con severo daño cerebral. La madre admitió ante el juez que le aplicó una inyección letal de heroína a su hijo, pero nunca aceptó que fuera un asesinato, pues, según ella, se trató de un "acto de amor". Inglis, quien contó en todo momento con el apoyo de su familia, ya había tratado sin éxito de matar a Thomas dos meses después de su hospitalización. En esa ocasión fue detenida y puesta en libertad bajo fianza. Pero en noviembre de 2008 volvió al hospital para librar a su hijo del "infierno en vida". "Lo cogí en mis brazos y le dije que lo amaba. Tomé la jeringa e inyecté la heroína en el brazo y la pierna. Le dije que todo iba a salir bien", explicó entre lágrimas antes de conocer la decisión del jurado. El caso ha revivido la polémica por el derecho a la eutanasia.
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