Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/02/08 00:00

Después de la guerra

El diario 'The New York Times' dedicó una de sus páginas a Manuel Busquets, el actor que se dedica a rehabilitar a niños ex combatientes.

Para Manuel Busquets los niños siempre han sido su vida. Tiene esa magia única que le permite captar su atención y la capacidad de convertirse en uno de ellos. No puede decirse otra cosa de la persona que fue el alma de Pequeños gigantes, un programa de televisión que aún es recordado por jóvenes adultos como un hito de su infancia. Hoy, un grupo de niños y jóvenes que no conocieron esta época gloriosa del actor pueden dar fe de que esta magia se mantiene intacta.

"Cucho, Manolito, profe, maestro", así lo llama un grupo de muchachos entre los 14 y 18 años que a su corta edad conocen de cerca la guerra por haber hecho parte del ELN, las Farc y las AUC. Son jóvenes reinsertados que dejaron las armas para volver a ser niños. Y una de las maneras de lograrlo son las clases de actuación que Manuel les dicta cada semana, una tarea que aunque no es muy conocida en el país ya fue elogiada en The New York Times: "Para él, el hecho de que estos ex combatientes hayan desertado significa que han vuelto a ser niños, necesitados de amor y atención", expresa el diario.

Así como él se ha convertido en una esperanza para sus niños, ellos representan para él un nuevo sentido en su vida. Y es que Manuel también es un sobreviviente. "Yo lo tenía todo: fama, dinero, mi propia empresa de producción, juventud. y lo perdí todo". Las drogas y el alcohol fueron los responsables de su caída. Sin embargo hace 11 años recuperó la fe en Dios y con ello, el norte. Fue entonces cuando volvió su mirada a su verdadera vocación: "Siempre he sabido que tengo el don de la comunicación con los niños".

Después de la recuperación Manuel volvió a actuar en telenovelas como Café y montó un taller de actuación llamado Planeta Niños. Un día mientras descansaba en su casa en las afueras de Bogotá un grupo de jóvenes de una casa vecina llamó su atención: "Se pasaban todo el día sin hacer nada". Al poco tiempo se enteró de que eran jóvenes reinsertados y propuso al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) aplicar el taller Planeta Niños a estos cerca de 60 muchachos.

"Cuando me les acerqué por primera vez eran como bloques de hielo, pero ese hielo se empezó a derretir", asegura Manuel, quien considera que el mayor beneficio de la actuación para estos niños es que ellos cuenten su propia historia de vida en el escenario, en una especie de catarsis. Con el apoyo del Icbf y la Organización Mundial para las Migraciones y la ayuda de un grupo de profesores de danza, expresión corporal, canto y desarrollo de la imaginación una vez a la semana saca a la superficie el talento innato de estos niños.

En estos meses de intenso trabajo Manuel ha llegado a considerar a sus alumnos como sus hijos adoptivos. De este tiempo hay dos momentos que recuerda con especial satisfacción. El primero, cuando los llevó a las grabaciones de su más reciente novela, Retratos, y vio el brillo en sus ojos al reconocer a las estrellas que hasta entonces sólo habían visto encajonadas en una pantalla de televisión. Por primera vez se sentían parte de una sociedad y no eran rechazados. La ilusión había vuelto a sus vidas.

Pero sin duda el momento más significativo para Manuel fue el día en que logró que sus alumnos mantuvieran los ojos cerrados por 30 segundos. "Para cualquiera es algo sencillo, pero cuando tienes niños que han combatido con las Farc, el ELN y las AUC en un mismo salón, que han estado en guerra entre ellos, nadie confía en nadie". El les indicó que se acostaran de espaldas en el suelo e hicieran el ejercicio. Cuando la dinámica terminó todos estaban sorprendidos, habían logrado una gran hazaña y las risas se apoderaron del salón. Esa es la mayor recompensa de Manuel: "Ver cómo la sonrisa vuelve a unos rostros que estaban llenos de amargura".

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