Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/01/04 00:00

Después de la tragedia

Un arquitecto paisa de 29 años se convierte en el primer colombiano nominado al premio más importante del mundo en atención de desastres.

Mauricio Faciolince ha ayudado en 17 desastres naturales.

Nadie que no lo haya vivido podría imaginarse lo que es la pesadilla de una primera noche después de un desastre natural. Los incendios, los gritos, los niños que sollozan, los ladridos de los perros, la gente que se queja, el incesante ulular de las ambulancias y los bomberos.Y en medio de todo, los socorristas, agotados hasta el límite, que tratan de descansar en carpas incómodas para continuar al día siguiente la búsqueda de cadáveres, rescatar de los escombros a los que aún viven, ayudar a la gente que sufre a encontrar un refugio, atender primeros auxilios. "Es el verdadero infierno", asegura Mauricio Faciolince, el primer colombiano en ser nominado al premio Cruz de Plata por la Asociación de Instituciones de Emergencia de Europa que será entregado por la reina de Suecia.

Para él es imposible olvidar su primera asignación, en el terremoto de Cochabamba, en Bolivia, hace seis años. Cuando oscureció cientos de indígenas velaban a sus muertos en las calles. "De lo dantesco parecía irreal, ya que fueron cerca de 17.000 las personas muertas en esa ocasión", señala.

Resulta difícil entender cómo una persona elige estar entre desgracias de manera voluntaria. La vocación de Faciolince nació cuando estudiaba arquitectura y se interesó por la vivienda popular. Al explorar este terreno llegó a la Cruz Roja y una vez allí le fue fácil enfocarse en el diseño de los campamentos para emergencias, en lo que se ha convertido en un experto. Luego vino su entrenamiento y su vinculación a los bomberos de Chile, país donde reside y al que llegó para especializarse en este campo.

Una de las tareas que debe cumplir Faciolince después de un terremoto es analizar cuáles construcciones deben demolerse por el riesgo de que caigan sobre la gente. Esta es una labor muy ardua porque conlleva a tener que sacar a la gente por la fuerza y tumbar sus casas con buldózeres. "Suena horrible y es duro para uno cuando le toca, pero es necesario y es una forma de preservar vidas humanas".

Así lo hizo en Cochabamba cuando le tocó hablar con una humilde anciana de 80 años cuya casa no soportaba una réplica del temblor. Ella se estremeció cuando les escuchó y acudió a lo único que tenía a mano para sobornarlos: una sopa hecha con carne de ratón. En medio del momento, Mauricio accedió a tomarla. Afuera esperaba el buldózer y la policía.

En estos años Faciolince ha estado en casi toda América Latina, y quienes lo conocen suelen gastarle bromas por su extraño turismo. "No he pisado un solo museo", asegura.

Y no es para menos. En sus siete años de bombero y socorrista ha estado presente en el terremoto de El Salvador, el huracán Mitch, el Andrew, el terremoto de Chiapas en México, el de la Tercera Región en Chile, Cochabamba en Bolivia, inundaciones en Saco en la Argentina y en el Brasil, el terremoto de Armenia y las inundaciones en Venezuela, entre otros

Su principal labor es con los alcaldes de las localidades destruidas. Los asesora sobre prioridades y decisiones que deben tomar en los primeros momentos. "Esto tiene mayor impacto que sacar una persona de una casa. Me he dedicado a diseñar campamentos temporales y la última cuenta que hicimos es que teníamos viviendo en estos campamentos tres millones de personas".

El grupo Incan, al que pertenecen Mauricio Faciolince y otros 15 profesionales de distintas ramas, ha desarrollado un modelo bastante especial. Mantienen su preocupación por diseñar campamentos idóneos, pero además introducen el elemento simbólico. Realizan el ritual de fundación, de suma importancia, estudian donde ponen la cruz, hacen una plaza, buscan un nombre para el campamento, nombran a las calles y diseñan una carpa que hace de iglesia que sirve de sitio de reunión. Allí ubican un televisor y un reglamento de convivencia. Así reproducen un símil de lo que sería un pueblo y la gente se adapta mejor. En reconocimiento a su labor han puesto el nombre de Mauricio Faciolince a las calles de varios refugios.

"Nosotros hemos visto a socorristas que llegan a atender una catástrofe y que nunca han visto 11.000 muertos en su vida y les toca llegar a un coliseo donde deben ayudar a identificarlos... y viene un impacto muy grande", dice el socorrista.

Mauricio desea volver a Colombia para iniciar la formación de un equipo especial, bien de la mano del gobierno local o nacional o de la de alguna institución para aprovechar la experiencia acumulada.

Ahora se encuentra a la espera de la decisión de los jurados. A Faciolince lo nominaron especialmente por unas teorías que desarrolló para la Cepal y Naciones Unidas en 1997 y 1998. Estas teorías, que manejan casi matemáticamente cómo los desastres funcionan, en qué minuto se debe atender, cómo se debe atender y qué debe priorizarse, fueron llevadas a Europa y empezaron a aplicarse casi como reglas de juego para atender catástrofes naturales. A estas sumó las horas trabajadas en desastres y su desempeño como bombero, logrando el puntaje para quedar nominado a los 29 años, cuando la gran mayoría de los que han sido nominados y premiados han pasado los 50. Además sólo cuatro latinoamericanos han logrado acceder a esta nominación.

El 19 de enero se conocerá la decisión del jurado. Sin embargo sea cual fuere el resultado, para Mauricio el triunfo más grande en su vida ha sido, en 17 catástrofes, darles la mano a quienes por capricho de la naturaleza han caído en desgracia.

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