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| 1/22/1990 12:00:00 AM

DESTINOS CRUZADOS

La tragedia de dos familias que 10 años después se dieron cuenta que sus hijas fueron cambiadas al nacer.

El pasado 29 de noviembre, Kimberly Mays cumplía 11 años ese día su padre le informó que no era su hija biológica. Que realmente había nacido el 2 de diciembre y que debería llamarse Arlena Twigg. A cien millas de su casa de Zarazota otra familía, los Twigg, recibía confirmación de que su hija Arlena muerta el año pasado por una anomalía congénita del corazón, no lo era realmente. La pesadilla de estas dos familias tiene conmocionados, muchos padres que ven en este caso un fundamento al temor de que su hijos sean cambiados en una sala de partos. La historia se descubrió a finales del mes pasado y el dramatismo de sus ingredientes tiene conmovida a la opinión pública. Dos familias enfrentan ahora el dilema de qué hacer.

El drama comenzó hace 14 meses. Los exámenes realizados a Arlena, víctima de enfermedad congénita demostraron a los Twigg que la niña no era realmente su hija de sangre. Entonces iniciaron las pesquisas para conocer el paradero de su verdadera hija y supieron que hace 11 años sólo dos niñas blancas nacieron en el Hardee Memorial Hospital, de Florida Kimberly Mays y Arlena Twigg. El descuido de una enfermera había cambiado sus destinos.

Kimberly, realmente la quinta de los siete hijos de los Twigg, se convirtió asi en la única hija de Robert Barbara Mays.

Las sospechas de Regina y Ernest Twigg sobre lo ocurrido ese 2 de diciembre de 1978 en la sala de partos finalmente fueron confirmadas el 29 de noviembre pasado cuando un abogado llamó a las familias. Los exámenes genéticos demostraron que es Kimberly la niña que regina Twigg dio a luz. Y la pequeña Arlena, nacida tres días antes y quien murió hace un año, era realmente la hija de los Mays. La dramática noticia enfrenta ahora a dos familias por la custodia de una niña de 11 años.

Cuando la familia Twigg llamó a Robert Mays el año pasado, para comunicarle sus sospechas y pedirle permiso para que permitiera que a Kimberly se le hicieran exámenes para comprobar su identidad genética, Robert Mays se rehusó. "Es mi hija y lo será para siempre", señaló.
Dos meses después, cuando la familia Twigg prometió que no iba a solicitar la custodia de Kimberly, su padre consintió en que los especialistas le hicieran los exámenes. Ahora que los resultados del sofisticado examen genético se conocen, Regina y Ernest Twigg están empeñados en recuperar a su hija biológica. Por ahora, Robert Mays mantiene su derecho a la custodia de su hija Kimberly. Padre e hija se unieron aún más estrechamente desde la muerte de Barbara Mays, hace siete años. La amarga pelea enfrenta al viudo, quien no tiene más familia que Kimberly, ante una numerosa familia de siete hijos. "No creo que la niña pueda aceptar a un grupo de extraños como su familia. Ella está terriblemente confundida y se siente aterrorizada de no poder expresar sus sentimientos. Kimberly ha sufrido mucho con la muerte de su madre y no es fácil para una pequeña de 11 años enfrentar la noticia de que su verdadera mamá es otra mujer y está viva". Aunque Robert Mays manifiesta una profunda tristeza por no haber conocido a su hija biológica, no está dispuesto a perder a esa niña que crió y educó como a su hija.

En casa de los Twigg el drama no es menor. Luego del doloroso trance de la enfermedad y muerte de Arlena, la quinta de sus hijos, se encuentran ahora ante la insólita verdad de que su legítima hija, a quien hasta ahora sólo conocen a través de las fotografías de la prensa, está viva. Regina Twigg dice: "Tenemos la esperanza de que ahora, con los resultados que confirman sus raíces biológicas, Kimberly se dé cuenta de que no somos unos monstruos que queremos arrebatarla de su hogar, que es la imágen que se le ha dado de nosotros".
Según un acuerdo firmado por ambas partes, dos sicólogos, representantes de cada familia, se encargaran de analizar el impacto emocional que este drama implica para Kimberly y harán sus recomendaciones. Por ahora, han aconsejado que se inicie un programa de visitas para que la niña empiece a conocer a su verdadera familia. Pero Robert Mays asegura que su hija no está preparada para iniciar ese proceso y señala que sólo accederá a ese contacto el día que Kimberly pueda decidirlo por sí misma. "Pienso que aunque existe cierta curiosidad en la niña desde que supo que existe otra famiiia esperándola, todavía no ha llegado el momento de sentirse lo suficientemente segura para decidir sobre lo que realmente siente. Y Dios sabe que ella tiene todo el derecho para que se le otorgue el tiempo necesario para ello".

El drama ha dividido a la opinión pública en dos bandos. Mientras algunos sugieren que los Twigg, que tienen seis hijos, deberían abandonar sus pretensiones acerca de Kimberly, sus verdaderos padres señalan que quieren a cada uno de sus hijos por igual y no están dispuestos a perderla por segunda vez. "He perdido a mi hija durante diez años y no voy a esperar a que tenga 50 para que decida venir a conocerme y a conocer a sus hermanos. Todos hemos soportado el trauma emocional que esta situación conlleva y deseamos que la angustia termine. No que se convierta en otra tragedia".

Si las dos familias no pueden llegar a un acuerdo en este punto, el caso pasará a la corte. El derecho de los padres biológicos se discutirá entonces en los tribunales de Florida. Lo único cierto hasta ahora es que la demanda multimillonaria que tanto Robert May como Ernest y Regina Twigg han puesto al hospital, no compensará los sufrimientos y el desgaste emocional de un terrible descuido que llevó a dos bebés a ser separados de sus familias. Una historia que, con seguridad, atraerá a los productores de cine, cada vez más interesados en los dramas de la vida real.-
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