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| 3/1/2014 3:00:00 AM

El lado oscuro de Disney

Por primera vez Walt Disney Pictures permitió que su fundador apareciera representado en una película, resurge la imagen de un hombre genial, pero detestable.

La brillante escritora Virginia Woolf pensaba que la clase obrera era inferior y que la educación se debía reservar para los más adinerados. Richard Wagner, el compositor alemán, y Henry Ford, fundador de la marca de carros, eran antisemitas. Todos genios, todos con un lado oscuro. Walt Disney es otra de esas figuras geniales rodeadas de controversia. Millones lo adoran, pues crecieron viendo sus películas de dibujos animados, pero otros lo tachan de racista, antisemita, machista y fascista.

El debate renació con la película El sueño de Walt, que cuenta la historia real de cómo el empresario persiguió durante 20 años a la autora de Mary Poppins, P.L.Travers, para que le permitiera adaptar su libro al cine. Bajo la dirección de John Lee Hancock, Tom Hanks se convirtió en el primer actor en interpretar a Disney, mientras la británica Emma Thompson hace el papel de Travers. Lo interesante es que después de proteger furiosamente la imagen de su fundador durante décadas, Walt Disney Pictures produjo la película, a pesar de que su protagonista fuma escondido en su oficina, toma whisky e incluso lanza groserías.

Los ejecutivos del estudio han dicho que querían “mostrar una imagen más humana” de Disney y muchos han aplaudido que se desmitifique su figura. Pero que fume y beba son simplemente eso, rasgos humanos y no negativos, sobre todo si se comparan con las acusaciones que han oscurecido su imagen, como haber formado parte de una asociación antisemita y producir animaciones racistas.

En un discurso reciente en honor a Emma Thompson, Meryl Streep criticó directamente a Disney y, entre otras cosas, afirmó que era absolutamente machista. La actriz citó a uno de sus animadores, quien dijo que su jefe “no confiaba en las mujeres ni en los gatos”. También leyó una carta en la que Disney le explica a una joven por qué no piensa contratarla: “Las mujeres no hacen ningún trabajo creativo relacionado con las animaciones, pues esa tarea es exclusiva de los hombres. El único trabajo disponible para mujeres es calcar los personajes sobre celuloide y rellenar las figuras, según instrucciones previas”.

Es un hecho que Disney fue parte de la Alianza de Cine para la Preservación de los Ideales Estadounidenses, dedicada a librar a Hollywood de comunistas e integrada por muchos miembros abiertamente antisemitas que identificaban a los judíos con la izquierda. El magnate se afilió después de una protesta organizada en 1941 por sus animadores, la cual interpretó como una traición personal. El paro duró cuatro meses y terminó cuando el gobierno intervino y se produjeron despidos masivos. David Swift, uno de los animadores, se fue a trabajar a Columbia Pictures y, según él, lo último que Walt le dijo fue: “Es donde perteneces, con esos judíos”.

Neal Gabler, el biógrafo más objetivo de Disney, escribió que ese movimiento de protesta lo volvió muy anticomunista, porque creía que lo habían iniciado agentes infiltrados de izquierda. Pero también asegura que los empleados resentidos hicieron circular esos rumores. Hay al menos un par de animaciones que prueban que, en el mejor de los casos, Disney tenía poca sensibilidad hacia los judíos. En la versión original de Los tres cochinitos, el lobo se disfraza de mercader judío y trata de venderles baratijas. Tras quejas de varias asociaciones hebreas, se rehízo la escena con otro disfraz. Además, el famosísimo Mickey Mouse aparece en un corto con un encendedor marcado con una esvástica y en otro, bailando disfrazado de judío jasídico.

Una de sus películas, Canción del sur, también fue criticada por incentivar el racismo. La Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color la acusó de “perpetuar una imagen peligrosamente glorificada de la esclavitud”. Según la biografía de Gabler, durante una reunión sobre Blanca Nieves y los siete enanitos, Disney se refirió a un momento en que los enanos se montan unos sobre otros como un “montón de negros” y usaba con frecuencia el término anglosajón piccaninny, que traduce ‘negrito’ y se usa despectivamente.

Además, ha habido muchos rumores sobre la manera como trataba a sus empleados. Las mujeres que trabajaban en Disney no solo podían contarse con los dedos, sino que algunos recuerdan que su jefe no era muy amable. Blaine Gibson, quien trabajó en la empresa durante décadas, dijo de Disney: “No siempre nos trataba con respeto”. Su biógrafo también escribió: “Walt era obsesivo y había cierta crueldad en cómo manejaba a la gente que no servía a sus fines. Si no le servías, no le interesabas. Si le serviste en un momento y luego no, tampoco le interesabas”. Muchos de sus exempleados aseguran que luego de cada película despedía a un gran porcentaje de los que habían trabajado en ella porque ya no los necesitaba.

Sin duda sus faltas no son excusables, pero deben ser situadas en un contexto. Disney creció en Missouri, en un pueblo conservador, y se crió en una familia protestante de clase media a principios del siglo XX. El mito que ha formado a su alrededor, que representa la inocencia de la infancia, exige un ideal de perfección injusto. Disney fue producto de su época. Y aún con todo lo malo, sigue siendo el creador del entrañable Mickey Mouse, que cautivó a los estadounidenses durante la Depresión, y de tantos otros personajes que han trascendido de generación en generación.

A pesar de que nunca se graduó de bachillerato, es obvio que tenía talento y su éxito es prueba de ello. También se ha dicho que Disney se apropiaba de las ideas de sus empleados, pero la verdad es que gracias a su creatividad construyó un imperio que iba del cine a la televisión y hasta los parques de diversiones. Como dijo Gabler: “Disney demostró el poder de cumplir los sueños. No hay duda de que consumó el objetivo de su vida: hacer posible el triunfo de la imaginación sobre la realidad”.
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