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| 4/11/1994 12:00:00 AM

EL ACTOR DEL DISCRETO ENCANTO...

Con la muerte de Fernando Rey, el cine español pierde a una de sus figuras más conocidas a nivel internacional.

COMO UNA PREmonición, la última película que realizó Fernando Rey llevaba por título Al otro lado del túnel, cinta que fue estrenada el mes pasado en el Festival de Cine de Berlín. Porque el 10 de marzo el actor de 76 años cruzó el túnel abatido por el cáncer. Su verdadero nombre era Fernando Casado; pero el mundo lo conoció como Fernando Rey, el primer actor español en alcanzar una figuración a nivel mundial.
Fue el artista consentido de grandes directores como Orson Welles y Luis Buñuel, quienes, además de reconocer su talento artístico se preciaron de contarlo entre sus amigos. Con su pinta de aristócrata, su temperamento alegre y su profesionalismo admirable, Fernando Rey alcanzó en la industria cinematográfica universal la figuración de una gran estrella de Hollywood.
Después de abandonar sus estudios de arquitectura a los 22 años, ingresó al mundo del teatro donde, luego de largos años de trabajo, decidió incursionar en el cine. Durante mucho tiempo, lo único que logró fue algunas contrataciones como extra. Entonces decidió dedicarse al doblaje. Antes de darse a conocer como actor alcanzo nombre como la voz española de Tyrone Power y Lawrence Olivier. Y a lo largo de sus casi 50 años de carrera, a pesar de haberse convertido ya en un actor cotizado y taquillero, continuó realizando doblajes.
Al terminar la década de los 50, Rey ya había trabajado en algunas producciones españolas -como Marcelino pan y vino y Locura de amor, filmes que le representaron un nombre entre el público de América Latina. Entonces fue escogido por Luis Buñuel para participar en Viridiana. La película, que se estrenó en 1961, fue prohibida en España por el gobierno de Francisco Franco después de que el Vaticano la calificó de blasfema y anticatólica. En seguida vendrían otras dos realizaciones con Buñuel: Tristana, en 1970, y El discreto encanto de la burguesía, en 1972.
Su condición de actor polifacético y su conocimiento de varios idiomas le dieron la proyección internacional. En la década de los 70, Rey trabajó con figuras consagradas de la cinematografía mundial como William Friedkin en French Connection, Franco Zeffirelli en Jesús de Nazareth y Vincent Minelli en Nina. Pero apesar de su reconocimiento en el exterior, nunca se desvinculó del cine español. Al momento de su muerte presidía la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España, entidad que lo había galardonado en numerosas oportunidades. Tan conocido en el extranjero como en su propio país, Fernando Rey participó en más de 130 películas.
La muerte lo sorprendió cuando se esperaba que asistiera a la Muestra de Cine Español que se realiza esta semana en Los Angeles, donde se presentará El Quijote, película que protagonizó bajo la dirección de Manuel Gutiérrez Aragón. Pero él ya había sido conocido como "el caballero de la triste figura", en una serie de televisión sobre el personaje cervantino que le dio la vuelta al mundo, y que le valió el Premio de Oro del Festival de Cannes. (Dos décadas atrás había obtenido este mismo galardón por su interpretación Elisa, vida mía, de Carlos Saura). Rey no quiso rodar la segunda parte de la historia de El Quijote, aduciendo que se sentía "cansado y viejo".
Si algo admiraron siempre quienes trabajaron con Fernando Rey, fue su asombrosa capacidad profesional y su versatilidad. En 1991, por ejemplo, representó simultáneamente tres personajes diferentes en dos idiomas: mientras hacía el papel del príncipe Saladín en la coproducción franco-inglesa Las cruzadas, interpretaba a un rico terrateniente, Ramiro Lanza, en Después de un sueño, de Mario Camus, y a Fray Antonio de Marchena, en Cristóbal Colón, de Ridley Scott.
El viernes pasado, los españoles asistieron acongojados al sepelio de ese hombre que con su discreto encanto conquistó la fama y les abrió el camino en el cine a muchas figuras de habla hispana.
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