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| 12/18/1989 12:00:00 AM

El actor diferente

Christopher Burke, un actor mongólico,supera su problema y se vuelve estrella de la T.V. gringa.

Todas las semanas millones de norteamericanos se estremecen ante una serie de televisión llamada "La vida continúa", protagonizada por un actor que padece mongolismo. Christopher Burke, superando todas las dificultades que su condición fisica le impone, se ha convertido en símbolo de esperanza y vida, no sólo para los 250.000 mongólicos que viven en Estados Unidos, sino también para millones de personas que tienen otras limitaciones.
Que este joven se haya convertido en uno de los actores más populares de la televisión se debe a la forma como sus padres, Frank y Marian Burke, lo educaron, sin contemplaciones ni miramientos especiales, dejando que desarrollara sus propios instintos y sin sentir jamás piedad por alguien que está dotado de una increíble imaginación.
Tiene 24 años, lee como si estuviera en quinto grado de primaria y antes de convertirse en estrella, operaba el ascensor de una escuela para mongólicos. No ha sido fácil este trabajo sobre todo cuando tiene que aprenderse los diálogos. Como todos los mongólicos, su capacidad de concentración es reducida y cuando era más joven se desesperaba, sobre todo por las reacciones que sus gestos provocan en los demás, los que no conocen el problema que, en su caso, no podría llamarse así. Cuando se enreda con los diálogos, cuando no puede memorizar una simple línea, entonces él mismo se da ánimo y sigue con su trabajo.
Los padres supieron que el joven quería ser actor desde los cinco años y esa decisión la conservó siempre. Cuando dejó el colegio a los 16 años el hermano mayor J.R., un asesor financiero que trabaja en Pensilvania, le dijo que se dejara de tonterías de Hollywood y se pusiera a trabajar.
Que consiguiera un puesto pronto. La táctica de tratarlo como si fuera normal del todo ha sido el remedio para muchas situaciones difíciles y numerosos padres con hijos mongólicos están siguiendo ese ejemplo. Christopher comenzó a trabajar, pero por la noche asistía a clases de cine y actuación en un instituto especializado en personas con problemas mentales.
Le escribió a otro joven mongólico que había aparecido ocasionalmente en programas de televisión y la madre del chico recomendó a Chris para una prueba con destino a los estudios de la ABC.
Entonces se produjo el milagro. Los ejecutivos de la cadena que vieron las pruebas se entusiasmaron y ordenaron la creación de una miniserie alrededor de un personaje idéntico a Christopher.
Para un muchacho que en la casa era tratado como una persona normal pero que en el vecindario sufría la discriminación por parte de todos los chicos de su edad, descubrirse estrella de un programa en el que la ABC invirtió inicialmente 10 millones de dólares fue muy emocionante. Las relaciones con los padres y las costumbres domésticas no se han alterado. Todos siguen siendo los mismos. Por supuesto que tiene algunas comodidades, como un trailer cerca al rodaje con el fin de que descanse más cómodamente y tome una siesta después de filmada una escena. Es que se cansa rápidamente y las tomas principales son programadas durante la mañana cuando Cristopher está más relajado. Tiene un asistente que lo ayuda con los diálogos y sus relaciones con los demás actores son estupendas.
En medio de estas actividades hay algo que frena y frustra al muchacho. No resiste que lo critiquen con virulencia, que hagan comentarios sarcásticos o demasiado negativos sobre su trabajo. Se inhibe del todo, se paraliza. Por eso cuando se equivoca o mira para donde no debe, nadie lo regaña, todos comienzan de nuevo, con paciencia.
Patti Lupone, la actriz que hace de madre del joven en la miniserie, recuerda una escena que millones de televidentes observaron con lágrimas. Christopher le pregunta:
--¿Hubieras preferido que yo no naciera?
--De ninguna manera.
--¿Tuviste alguna vez un accidente?
--No, nunca tuve un accidente.
--Mentira, tuviste un accidente: me tuviste a mí.
Es que los mongólicos se llaman a ellos mismos accidentes. Para Christopher Burke el futuro apenas está comenzando.
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