Lunes, 23 de enero de 2017

| 2001/01/15 00:00

El adiós de una diva

Con la muerte de Libertad Lamarque, América Latina pierde a una de las mejores artistas de todos los tiempos.

El adiós de una diva

Las nuevas generaciones seguramente lo ignoran pero América tenía una novia y esa era Libertad Lamarque. Desde México hasta la Patagonia la actriz y cantante argentina enamoró a hombres y mujeres que cayeron rendidos a sus pies luego de escuchar sus tangos y ver sus actuaciones. Libertad era símbolo de belleza y elegancia y ni siquiera el paso del tiempo fue capaz de derrotarla.

El mundo del espectáculo le abrió las puertas cuando apenas tenía 7 años y a esa tierna edad comenzó su periplo por escenarios y ferias locales. Aprendió a cantar, a recitar, a bailar y a sonreír pero, sobre todo, aprendió que no quería seguir siendo pobre.

Su cara de muñeca le ganó la fama de ‘Lolita’ y cada pestañeo de sus ojos verdes era suficiente para derretir el corazón de empresarios y productores. En contra de la voluntad paterna a los 18 años se casó con Emilio Romero y de esa unión, que ella calificó como el mismo infierno, Libertad recibió el mejor regalo: Mirtha, su única hija, que le dio cinco nietos y una decena de bisnietos. Después de un proceso de divorcio, que se extendió a lo largo de 12 años, la novia de América pudo, por fin, unir su vida a la de Alfredo Malerba, su compañero inseparable desde 1945.

En la década de los 40 su figura representaba la grandeza de Argentina y sus películas se exhibían en teatros de todo el continente.

Sus diferencias con Eva Perón abandonaron el escenario y se trasladaron a la arena política hasta alcanzar tal grado de agresividad que Libertad prefirió refugiarse en México y retomar allí su carrera artística. Sólo en 1967 decidió regresar a Buenos Aires, en donde presentó el espectáculo Hello Dolly. La diva, con 60 años a cuestas, seguía radiante. Las telenovelas vinieron una tras otra y así siguió hasta el pasado 12 de diciembre cuando, a los 92 años, tuvo que suspender las grabaciones del dramatizado Carita de Angel por una afección pulmonar.

“El público me ha estirado la vida. Se lo agradezco y sólo le pido que me aprisione y no me suelte”, confesó en una entrevista realizada en 1982. Pero su cuerpo se cansó de tanto trajinar y Libertad no tuvo más remedio que dejarse llevar. Sus restos fueron cremados y lanzados al mar en Miami porque esa era la voluntad de Libertad: que sus cenizas viajaran por las aguas y regresaran a su amada América Latina.

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