Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1998/07/27 00:00

EL ANGEL DE GUCCI

Hace cuatro años nadie en el mundo de la moda conocía a Tom Ford. Hoy es famoso por haber levantado el emporio Gucci.

EL ANGEL DE GUCCI

A finales de los 80 y comienzos de los 90 el nombre de Tom Ford era prácticamente desconocido en el mundo de la moda y el de Gucci denotaba un imperio en decadencia. Hoy, sin embargo, esos dos nombres marcan el ritmo del diseño en el mundo y despiertan la envidia de muchos de sus competidores. Después de estar al borde de la bancarrota Gucci ha pasado a ser una de las empresas del sector con mayor proyección hacia el futuro. Y el gran artífice de ese vuelco ha sido Tom Ford, un texano de 36 años que con su talento, gusto y sensibilidad volvió a colocar el emblema de la casa Gucci _la doble G entrelazada_ como símbolo de lujo y elegancia en el orbe. Al terminar la década pasada la gran casa de productos de cuero pasaba por su peor momento. Después de la muerte de su fundador, Guccio Gucci, sus dos hijos, Aldo y Rodolfo, se vieron involucrados en escandalosas batallas legales para ver quién tomaba las riendas de la empresa. Más tarde Rodolfo fue acusado ante las autoridades por su propio hijo y encarcelado por el delito de evasión de impuestos. Mientras tanto Aldo sobrevendió las licencias de sus productos en el afán por recuperar su imagen y fortuna, pero solo consiguió más decadencia y mediocridad. En 1988 los Gucci vendieron la mitad de la firma a Investcorp, una empresa árabe cuya sede principal estaba en Bahrein.El retoEse era, a grandes rasgos, el panorama que Tom Ford podía divisar en 1990 cuando llegó a trabajar en Gucci. Las ventas se habían reducido en un 40 por ciento, la marca ya no brillaba en el mundo de la moda y el fantasma de la bancarrota rondaba por los pasillos de la compañía. Es más, la empresa ni siquiera podía darse el lujo de pagarle a un diseñador de renombre, y por eso decidió contratar un equipo de jóvenes, entre los que se encontraba Ford. En 1994 los árabes se hicieron con el ontrol total de la empresa y decidieron jugársela con Ford. Cuando llegó a la compañía, en 1990, el atractivo arquitecto de 28 años sólo había tenido éxito como protagonista de comerciales de televisión. En el campo de la moda su experiencia se limitaba a un cargo como asistente de la diseñadora Cathy Hardwick y otro como diseñador de Perry Ellis. Aun así _y gracias a su desempeño en la empresa_ los nuevos propietarios del emporio nombraron a Ford como diseñador oficial. Con tan buena fortuna que el novato resultó tener no sólo un agudo talento para el diseño sino un gran olfato para los negocios. Desde entonces el texano tuvo total libertad para imprimir su estilo en las prendas y accesorios de Gucci, y decidió que el sello característico de sus diseños sería la combinación de lo elegante con lo moderno. Ford revivió las botas plásticas estilo go-gó de los años 60, los pantalones a la cadera en terciopelo y las chaquetas de cuero de hombros amplios. Y no dudó ni un momento en volver a lanzar al mercado vestidos de fiesta acompañados de blusas en satín abiertas hasta la cintura y cinturones ceñidos a las caderas. El éxito fue casi inmediato y las acciones de Gucci se dispararon. Antes de que Ford fuera nombrado diseñador las acciones se cotizaban a 22 dólares. En 1997 cerraron a 80 dólares. Y los ingresos del emporio se cuadruplicaron. De 250 millones de dólares en ventas anuales hace apenas tres años, los ingresos pasaron a 1.000 millones de dólares el año pasado. Puntadas con dedalBuena parte del éxito de Ford radica en que sus ojos no solo están puestos en las puntadas de los diseños sino también en cada movimiento que da la empresa en materia de planeación y administración. Aunque no es el presidente de ella _cargo que ocupa Domenico de Sole_ Ford está involucrado en casi todas las actividades, incluyendo las campañas de publicidad y el mercadeo de los más de 5.000 productos Gucci. Y es quien tiene la última palabra sobre la decoración de las 150 tiendas que la casa de modas tiene regadas por todo el planeta. Hay quienes consideran, no obstante, que el verdadero secreto del éxito de Ford reside en su personalidad. Todos lo adoran: las mujeres por ser un hombre muy atractivo y los hombres por su gran capacidad empresarial. El, por su parte, no tiene ningún problema en aceptar públicamente que es homosexual. Desde hace varios años vive una relación sentimental con Richard Buckley, un periodista de 50 años. Hoy, a sus 36 años y después de haber lanzado por la pasarela más de una docena de colecciones exitosas, el propio Ford se ha convertido en un icono de la moda de la talla de Giorgio Armani y Calvin Klein. Pero no es todavía un hombre feliz. Aun cuando piensa seguir en el negocio, él mismo asegura que su verdadero sueño todavía no se ha cumplido. Ford está convencido de que dentro de algunos años dejará las tijeras y las agujas para dedicarse a dirigir películas. Y son muchos los que piensan que si logró despertar un emporio como Gucci, al que muchos ya le habían aplicado los santos óleos, lo más probable es que triunfe también en el celuloide.

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