Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/03/20 00:00

El ángel guardián

Una mujer de 26 años se convirtió en la más reciente heroína norteamericana luego de convencer a un peligroso asesino de entregarse.

La vida de Ashley Smith cambió luego de desempeñar un importante papel en la rendición del hombre que aterrorizó a Atlanta durante 27 horas.

La imagen de una mujer rubia acaparó los medios de comunicación norteamericanos la semana pasada. Pero no se trataba de Britney Spears, Madonna o Pamela Anderson. La mujer más famosa de Estados Unidos, su más reciente heroína, se llama Ashley Smith, tiene 26 años y, gracias a una asombrosa calma y un manejo de crisis que envidiaría cualquier experto en el tema, logró que un asesino que ya había acabado con las vidas de cuatro personas se entregara pacíficamente a las autoridades.

La persecución y captura de Brian Nichols tuvo en vilo a Atlanta y al resto del país desde que en la mañana del 11 de marzo el fornido ex jugador de fútbol americano logró liberarse de la guardiana que lo llevaba a una corte donde sería juzgado por violación. A Nichols no le fue difícil apoderarse del arma de Cynthia Ann Hall, una mujer de 51 años y escasos 1,50 metros de estatura a quien dejó inconsciente por los golpes. En pocos minutos el reo recorrió el tribunal y llegó hasta la sala del juez Rowland Barnes, quien presidía su caso. De un disparo a la cabeza asesinó a Barnes, a la reportera judicial Julie Brandau y, ya fuera del edificio, al ayudante de sheriff Hoyt Teasley.

Aunque la policía inmediatamente inundó las calles de Atlanta con la descripción del vehículo en el que el prófugo huyó de la escena, a las 2 de la mañana del día siguiente Nichols seguía en libertad. Fue entonces cuando en el camino del desesperado hombre apareció Ashley Smith, una joven madre que a esa hora decidió ir a la tienda a comprar cigarrillos. Al volver a su casa Smith se encontró con el hombre, al que sólo reconoció después de que él le puso un revólver en el costado y se quitó la gorra con que hasta entonces había logrado pasar inadvertido.

Nichols se metió a la fuerza al apartamento de Smith y procedió a atarla de manos y pies. Luego la llevó al baño, la sentó en un taburete y le cubrió la cabeza con una toalla mientras él tomaba una ducha y se cambiaba de ropa. Para entonces la actitud calmada de Smith había logrado que Nichols empezara a confiar en ella y el hombre decidió desatarla. Entonces empezaron a conversar. "Siento que soy un guerrero, que la gente de mi color ha tenido que pasar por muchas cosas, trató de justificarse Nichols por sus acciones del día. Ya no quiero lastimar a nadie más, no quiero matar a nadie más, quiero descansar".

Fue entonces cuando Smith dio la estocada final al ya arrepentido asesino. La mujer preguntó a su captor si podía leer. Él accedió y ella abrió su libro donde lo había dejado la noche anterior. El capítulo 33 de The purpose driven life (La vida guiada por un propósito), un popular libro cristiano de autoayuda, acabó de ablandar al asesino y pronto los dos conversaban en la sala de la casa de Smith como viejos amigos. Se contaron mutuamente sus vidas, vieron álbumes de fotografías y Smith le relató cómo cuatro años atrás ella había visto morir a su esposo en sus brazos a causa de una puñalada. Le habló de su hija de 5 años y de cómo la pequeña quedaría huérfana si a ella le sucedía algo.

Poco después de las 6 de la mañana Nichols le pidió a Smith que le ayudara a deshacerse del vehículo en el que había llegado. Pertenecía a su última víctima, David Wilhelm, un agente de aduanas que asesinó en algún momento de su fuga. Para esa hora la confianza era tal que Nichols dejó las armas en el apartamento mientras Smith lo seguía en su propio carro. Aunque llevaba un teléfono celular, y Nichols lo sabía, Smith no llamó a la policía por miedo a que se desencadenara un tiroteo y muriera más gente. Volvieron al apartamento y Smith le preparó huevos, pancakes "con mantequilla de verdad" y jugo de naranja. Nichols le pidió que lo visitara en prisión. "Eres un ángel enviado por Dios. Quiero volver a hablar contigo. ¿Irás a verme?", le dijo el hombre a Smith. Ella se lo prometió.

A las 9:30 de la mañana Nichols le permitió a Smith salir a recoger a su hija. Se despidieron sabiendo que ya no se volverían a ver y a unas cuadras de distancia Smith llamó a la policía. Luego de 27 horas de haber escapado Nichols se rindió ante las autoridades. Se supo después que el hombre estaba seguro de que no iba a recibir un juicio justo, y además estaba desesperado por ver a su hijo recién nacido. Sus acciones lo llevarán seguramente a enfrentar la pena de muerte.

Para Smith, en cambio, fue sólo el principio. Además de la atención y admiración mundiales, la mesera y estudiante de Atlanta ha recibido 62.500 dólares de recompensa de varias entidades, cuatro ofertas para escribir un libro sobre su experiencia y una propuesta para llevar su historia al cine. Sobre su sangre fría y control de la situación, ella sólo habla para adjudicárselos al poder de Dios y se niega a ser considerada una heroína. "Yo creo que Dios lo trajo a mi puerta, concluye. Mi papel fue realmente muy pequeño en este gran esquema de cosas".

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