Martes, 2 de septiembre de 2014

Gehry, de 81 años, se ha casado dos veces y tiene dos hiijas del primer matrimonio y dos hijos del segundo. Sus bosquejos resultan inentendibles para muchos.

| 2010/07/31 00:00

El arquitecto de los sueños

Un grupo de expertos escogió al iconoclasta Frank Gehry, creador del Museo Guggenheim de Bilbao, como el mejor arquitecto de esta era.

Un periodista le preguntó hace algunos años al arquitecto Frank Gehry de dónde sacaba su inspiración. Él señaló por instinto una caneca que había a su lado y respondió: "Mire ahí dentro. Piense en las cavernas, los espacios y las texturas que contiene... La inspiración se puede encontrar en cualquier parte". Porque una hoja de papel, un vaso plástico, una lata de cerveza, una caja de cartón o cualquier otro objeto que para una persona del común es simple basura, para Gehry puede ser el primer paso de uno de sus grandes proyectos.

El más reconocido de todos, el Museo Guggenheim de Bilbao, fue elegido por la revista Vanity Fair como el edificio más significativo de las últimas tres décadas. Gehry, por su parte, fue proclamado "el arquitecto más importante de nuestra era". La elección estuvo a cargo de un grupo de más de 50 arquitectos, decanos de las escuelas de Arquitectura más importantes del mundo, críticos y otros especialistas. En una votación arrasadora, la obra de Gehry, de 81 años, recibió más de la mitad de los votos y triplicó a la segunda, el edificio de la Colección Menil del italiano Renzo Piano (quien también diseñó el Centro Georges Pompidou de París). "¡Y eso que yo no voté por mí!", bromeó Gehry.

"El Guggenheim es una experiencia que te puede cambiar la vida -dijo Sydney Pollack, ganador de un Óscar a mejor dirección, quien en 2005 realizó un documental sobre la vida y obra de su amigo Gehry (Sketches of Frank Gehry)-. Nunca creí que un edificio podría tener esa clase de impacto emocional. Cuando lo vi por primera vez le dije a Frank: '¿De dónde viene eso?'. Siempre pensé que Don Quijote se drogó y lo construyó. Es como un sueño, el sueño loco de un edificio, no puede ser un edificio de verdad".

Pero la obra de Gehry va mucho más allá del Guggenheim. Otras creaciones majestuosas como el auditorio Walt Disney, en Los Ángeles; la Casa Danzante, en Praga; el Millenium Park, en Chicago, y la pista de patinaje en hielo de Anaheim, California, lo han hecho merecedor de innumerables reconocimientos en todo el mundo, entre ellos el Premio Pritzker, considerado el Nobel de la arquitectura.

Gehry, sin embargo, no gozó siempre de la popularidad y aceptación que le da hoy un estatus de 'starchitect', como suelen llamar a aquellos arquitectos que se convierten en celebridades. "Al principio mis colegas, los de mi edad, se reían de lo que hacía, no tenía apoyo de ellos sino más bien miradas sin expresión. Pero estaban estos artistas, cuyo trabajo me encantaba, que me trataban como si fuera parte de su grupo". Y era lógico, acepta hoy en día, pues sus edificios siempre han sido considerados obras de arte.

Todavía hoy, cuando su trabajo es alabado por una gran mayoría, su estilo sigue generando controversia. Hay quienes lo acusan de que sus diseños son "poco prácticos", lo que hace que se pierdan espacios útiles. Hay también quienes afirman que sus edificios no se adaptan naturalmente al espacio que ocupan y que la espectacularidad opaca en ocasiones su funcionalidad, sobre todo en museos, estadios o viviendas. Además, el semanario The Economist publicó que sus edificios eran tan similares que parecían "autoplagios".

Nacido en 1929 en Toronto, Canadá, el pequeño Gehry pasaba horas pintando con su papá, quien siempre le repetía que era un soñador. "Pero no era un cumplido, y él tenía razón -confiesa el arquitecto en el best seller Conversaciones con Frank Gehry', de la periodista Barbara Isenberg, que recoge más de 20 años de encuentros y entrevistas-. "Lo que pasa es que mi papá simplemente subestimaba el poder de soñar".

Uno de sus primeros sueños, el de ser arquitecto, nació al lado de su abuela, con quien construía calles, puentes y edificios miniatura. "Ella tenía una estufa de leña, y él la acompañaba a una tienda del barrio por los pedazos de madera que sobraban -contó Isenberg a SEMANA-. Cuando volvían a la casa, ella llenaba el piso de la cocina con pedacitos de madera en toda clase de formas, y los dos se sentaban a crear pequeñas ciudades. Él se divertía mucho, y cuando hablábamos de por qué se dedicó a la arquitectura, siempre recordaba a su abuela". Hay quienes atribuyen a su abuelo, dueño de una ferretería que él visitaba los fines de semana, su pasión por incluir estructuras metálicas y formas poco convencionales en sus diseños (como se puede ver claramente en el Guggenheim o en el auditorio Walt Disney).

Gehry se mudó cuando tenía 17 años a Los Ángeles, donde trabajó como conductor de un camión de acarreos antes de inscribirse en un curso en perspectiva que perdió. Pero 'el arquitecto de la era', descrito por quienes lo conocen como un hombre terco, repitió los exámenes y pasó con honores. Luego cursó un taller de cerámica y después la carrera de Arquitectura, donde más de un profesor le recomendó que se retirara, pues pensaban que su trabajo no servía para nada. Las críticas le dieron más ánimos para seguir adelante y, ya con el título de arquitecto de la Universidad del Sur de California, decidió enlistarse en el ejército de Estados Unidos, donde dedicó su tiempo libre a diseñar muebles para el resto de la tropa.

Después de dos años de vida militar, viajó a Europa a estudiar monumentos y catedrales, creó su propia firma y diseñó algunas líneas de muebles que se vendieron muy bien en Estados Unidos. Su carrera como arquitecto despegó a finales de los años 70, y fue una de sus creaciones más íntimas, su casa en Santa Mónica, California, la que lo dio a conocer en todo el mundo. Sus amigos han contado que Gehry terminó de construirla un día que se iba a afeitar y no encontró luz en el baño, por lo que abrió un hueco en el techo con un martillo y dijo: "Listo, esto era lo que le hacía falta". Cientos de estudiantes de Arquitectura visitan como peregrinos la casa donde todavía vive Gehry. Son tantos que la familia ha tenido que remodelarla para tener más privacidad.

Meses después de terminada la casa llegaron los contratos millonarios, las portadas de revistas, los premios y las decenas de doctorados honoris causa en todo el mundo, que lo convirtieron en una celebridad. Gehry salió en una campaña publicitaria de Apple, su voz apareció en la serie animada de televisión educativa Arthur y hasta fue parodiado en un capítulo de Los Simpsons, en el que diseña una sala de conciertos para Springfield después de ver un papel arrugado en el piso. Además, ya tiene un espacio en el Hall de la Fama de California y el presidente de la Universidad del Sur de California dijo en un discurso que es el segundo alumno más ilustre de la institución, después de George Lucas, creador de La guerra de las galaxias.

Aunque hay quienes aseguran que Gehry tiene un ego inmenso que disimula con una falsa humildad ("por eso se atreve a hacer lo que hace y a ser tan innovador"), Isenberg dice que no se cree el cuento de la fama y que con el tiempo se ha vuelto más tímido y sencillo. Por eso es él quien todavía diseña y dirige todos los proyectos de su compañía. Y aunque ya es octogenario, siente que tiene toda una vida por delante: "Cuando todos se preparan para el fin, yo me preparo para el comienzo...".

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