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| 4/11/1988 12:00:00 AM

EL ARTE DE AMAR

Correspondencia entre García Lorca y Salvador Dalí revela su romance en los años veinte.

Se trata de uno de los secretos mejor guardados por Salvador Dalí hasta hace algún tiempo. Tanto, que el año pasado, cuando la revista "Poesía" publicó la hasta entonces inédita correspondencia que el pintor le envió al poeta Federico García Lorca, Dalí demandó a la revista que es publicada por el Ministerio de Cultura de España. Sólo hasta hace algunas semanas y con motivo del montaje en París de "El Baúl", una obra del poeta granadino que estuvo perdida por más de 40 años, Salvador Dalí dio su autorización para que esa correspondencia fuera editada en Francia. Las cartas, que van desde 1925 hasta 1936 -pocas semanas antes de la muerte del poeta-, dejan una cosa en claro: entre los dos genios hubo mucho más que una simple amistad y, como lo afirma el biógrafo de García Lorca, Ian Gibson, "Federico se enamoró locamente de Dalí". Lamentablemente, las cartas que el poeta le envió al pintor no se conocen, al parecer porque algunas personas escrupulosas en extremo buscan "guardar el buen nombre del poeta" dejando un gran vacío en la historia de las relaciones entre dos de las figuras más grandes del arte y las letras del siglo XX.
Todo se remonta al año 1919 cuando García Lorca llegó a Madrid para estudiar Derecho y Filosofía. Algunos de quienes lo conocieron afirman que fue un mal estudiante y que al finalizar la carrera de abogado, nada especial se esperaba de él. Pocos años después, en 1922, a la misma Residencia de Estudiantes en que vivía Garcia Lorca llegó otro provinciano, Salvador Dalí, que había sido enviado por su familia a la capital para que adelantara estudios superiores. De acuerdo con Gibson y con lo expresado por algunos de los condíscipulos del poeta, éste se enamoró inmediatamente del pintor.
A ese dúo se unió, desde un comienzo, otro grande del arte contemporáneo. Luis Buñuel fue el primero de los tres en llegar a Madrid. En 1917, su familia lo envió a estudiar en la capital. Las inclinaciones profesionales de Buñuel empezaron con la Ingeniería Agrónoma, siguieron con las Ciencias Naturales y la entomología, y terminaron con la Historia. Por ese entonces, Buñuel escribía versos, era ateo y anarquista, vestía como deportista y andaba descalzo. Lorca tocaba el piano y dibujaba, mientras que Dalí escribía unos Poemas que, según sus amigos, eran mucho mejores que sus dibujos.
El azar los reunió en Madrid, donde se dedicarón a la buena vida. Hijos de familias acomodadas, los tres grandes se metieron de lleno en el mundo cultural del Madrid de su tiempo, el del ultraísmo de Guillermo de Torre y Cansinos Assens, obsesionado por Europa. Frecuentaban los mejores sitios. Pasaban las noches entre el Palace y el Rector's Club, en el que se hicieron amigos de un grupo de negros que integraban el grupo de jazz que amenizaba el lugar.
La admiración entre Lorca y Dalí, era mutua. El poeta reconocía la clase del pintor, mientras éste lo animaba para que publicara sus obras, que sabía lo harían famoso y, de paso, rico. A todas estas, Buñuel estaba poco entusiasmado con la relación existente entre sus dos amigos. Se empeñaba en separarlos, según algunos por celos, y llegó a afirmar en una carta que le envió a su amigo Pepín Bello que "Lorca arruina a Dalí". "El triángulo rebelde", como se les conoció en esos años, se disolvió en 1925 cuando cada uno tomó su propio rumbo.
A partir de ese momento y hasta 1928, las relaciones entre Lorca y Dalí se enfriaron. Sin embargo, quedaban muchos lazos que los ataban, no olvidaban las vacaciones que pasaron juntos en la casa de Dalí, en Cadaqués. Lo cierto es que, como lo afirma Gibson, "Dalí no era homosexual, pero había en él, como en Buñuel, dudas y temores. Ambos hicieron después todo lo posible por autoafirmarse virilmente".
Una de las cosas que compartían el pintor y el poeta, era su aversión hacia el cuerpo femenino. En las pinturas que realizó Dalí en ese tiempo poco o nada aparece el cuerpo femenino, y, en cambio, en la mayoría aparece el perfil o el cuerpo entero de Federico García Lorca. Dalí le tenía miedo a la homosexualidad y era una persona tímida y llena de complejos, problemas estos que luego disimularía con una buena capa de exhibicionismo.
A pesar de la lejanía -Dalí primero estuvo en su casa, luego viajó a París-, la amistad se mantuvo y el cruce de cartas fue continuo. En las de Dalí, que son las únicas que se conocen, el pintor le expresa al poeta sus temores y dificultades, le da consejos y, lo más importante, le habla de lo mucho que lo extraña y de lo bien que lo pasarían si estuvieran juntos.
En los años 30, luego de la separación y el silencio, Dalí quiso reanudar la relación. Aunque hacen falta cartas de la época, todo parece indicar que las cosas estaban dadas para que los dos amigos se reencontraran. Pero, en el momento en que se iban a reunir, Gala entró en la vida de Dalí.
El descubrimiento lo entusiasmó o, más bien, lo deslumbró. Para Dalí Gala era todo lo que había esperado y ansiado en su vida: lo llenaba completamente. La aparición de ella frustró el encuentro de los dos genios y la continuación de una relación de la que, hasta ahora, sólo se conoce una cara de la moneda.

"SE DESPIDE DE TI BESANDOTE..."

Federico:
Estoy pintando unos cuadros que me hacen morir de alegria; estoy creando con una pura naturalidad, sin la más mínima preocupación artística; estoy hallando cosas que me dejan una profundisíma emoción y procuro pintarlas honestamente, o sea, exactamente; en este sentido estoy llegando a una total comprensión de los sentidos. A veces me parece hallar de nuevo y con una intensidad imprevista las "ilusiones" y alegrias de mi infancia...; tengo un gran amor a las hierbas, a las espinas de las palmas de la mano, a las orejas rojas al contrasol y a las plumitas de las botellas; no sólo me alegra todo eso, sino también las vides y los burros que pueblan el cielo.
Ahora pinto una mujer muy hermosa, sonriente, crispada de plumas de todos los colores, sostenida por un pequeño dado de marmol incendiado; el dado de mármol es sostenido a su vez por un humito abatidito y quieto; en el cielo hay burros con cabezas de loritos, hierbas y arena de playa, todo a punto de explotar, todo limpio increíblemente objetivo; abunda un azul indescriptible, un verde, rojo y amarillo de papagayo; blanco comestible, blanco metálico de pecho extraviado (hay también algún pecho extraviado; éste es todo lo contrario del pecho volador, éste está quieto sin saber lo que hacer y tan indefenso que emociona).
-Pechos extraviados (¡qué bonito!).
Después de éste pienso pintar un ruiseñor. Se titulará "Ruiseñor", y será aún un burro vegetal con plumas entre la enramada de un cielo erizado de pinchitos, etc., etc.
¡Hola, señor! Debes ser rico; si estuviera contigo haría de putito para conmoverte y robarte billetitos que iría a mojar (esta vez) en el agua de los burros.
Estoy tentado de mandarte un retazo de mi pijama color langosta, mejor dicho, color "sueño de langosta", para ver si te enterneces desde tu opulencia y me mandas dinerito; ¿tú no crees, mono, que es inaudito que a Xirgu no se le haya ocurrido que tenía que pagarme, aunque fuera un poco, mis decorados (que por otra parte han gustado a los putrefactos y han hecho aparecer, sobre todo en Madrid, una obra de vanguardia mucho más de vanguardia de lo que hubiera sido con unos de Fontanals o Alarma)? Fíjate, con dinerito, con 500 pesetas, podríamos hacer salir un número de la revista " Anti-artística", en la que nos podriamos cagar desde en el orfeón catalán hasta en Juan Ramón.
Adiós, señor, se despide de ti besándote en la palmera tu
Burro Podrido
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