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| 2/29/1988 12:00:00 AM

EL ARTE DE AMAR

Juntos pero no revueltos, la fórmula que le ha permitido a Fernando Botero y Sofía Vari diez años de felicidad.

EL ARTE DE AMAR, Sección Gente, edición 300, Feb 29 1988 EL ARTE DE AMAR
Por estos días aparecen en todos los periódicos y revistas del país fotografías de eventos sociales, en los que los personajes centrales son el pintor Fernando Botero y la escultora Sofía Vari. Es, como ha sido denominado por los expertos en crónica social, la "temporada de Botero". Lo que muy pocos saben es que detrás de toda la frivolidad que reflejan estas fotografías,hay una singular relación humana que está completando una, década.
Fernando Botero y Sofía Vari se encontraron por primera vez hace 14 años. En una comida en París, en casa de la marquesa de Crussol, fueron presentados el entonces ya famoso pintor colombiano y una joven y prometedora pintora griega, de nombre Sofia Canellopolos; en ese momento los dos estaban casados. El, por segunda vez con la dama valluna Cecilia Zambrano, y ella con un próspero industrial griego cuya familia vivía en París desde hacía tres generaciones. "En ese momento pensé que era la mujer más divina que había visto en la vida", dice Botero. Y dos años después, cuando se separó de su esposa, el recuerdo de ese primer encuentro lo hizo llamarla por teléfono.
Comenzaron a salir. Inicialmente las conversaciones sobre arte a la hora de almuerzo servían como coartada. Pero poco a poco, el arte fue dando paso al amor. Sin embargo, la cosa no era tan fácil . "Aunque mi matrimonio era fatal, uno de esos matrimonios de conveniencia, no estaba dentro de mi esquema mental sostener una relación fuera de él. Además, el éxito de Fernando, su éxito con las mujeres me daba miedo. Yo creía que la relación era importante pero imposible", dice Sofía.
Ni tan imposible. Como en las grandes historias de amor, contrariando todos sus principios, Sofía Vari se enamoró locamente, y decidió abandonar a su marido, para rehacer su vida al lado del pintor colombiano.
Botero también quería rehacer su vida. Pero las cicatrices del pasado lo habian dejado prevenido frente a cualquier exceso de idealismo romántico. De ahí que decidieran diseñar un tipo de relación que tuviera en cuenta más las experiencias y fracasos de las dos partes, que las convenciones sociales.
"El tipo de relación que forjamos", afirma Fernando Botero, "Fue fríámente estudiado. Aceptando los dos que el matrimonio convencional asfixia, decidimos analizar cuáles eran nuestras necesidades mutuas, y simplemente llenarlas".
La forma como las llenaron evoca relaciones famosas como la de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, y André Malraux y Louise De VilleLaurent. Consiste básicamente en que, según palabras del propio Botero, "en esta relación, nada es automático". El tiene su apartamento-estudio en Saint Germain des Press, y ella en Montparnasse. Viven juntos casi todos los días de la semana, pero cada noche se utiliza un mecanismo de consulta previa en que las dos partes, sin explicar, pueden manifestar su deseo de estar solos. No hay preguntas ni escenas al respecto. Como cada uno tiene su ropa en su respectivo estudio, existe la flexibilidad que requiere este arreglo. "Nada se da por hecho", afirma Botero. "Es un contrato renovable día a día". Y Sofía agrega: "Aunque uno sabe que básicamente está libre, en el fondo uno quiere estar con la otra persona".
Entre 9 y 10 de la mañana, Sofía se va para su estudio a trabajar en sus esculturas, y Botero se queda en el de él haciendo sus cuadros. Muy raras veces se ven durante el día. "La concentración de nuestro trabajo es tan grande, que ninguno de los dos quiere distracciones frívolas", dice Botero. Esto significa que cada uno almuerza una ensalada por su lado. Y a menos que un cuadro o una escultura esté terminada, y se quiera la opinión del otro, sólo se vuelven a ver en la noche. Si después del mecanismo de "consulta previa" ambos quieren verse, otra regla de oro es la de nunca comer en casa. Un romántico bistró si están solos, o una comida de trabajo en compañía de algún director de museo, critico de arte, marchante, coleccionista o amigo.
Esta rutina, con algunos ajustes, la llevan a cabo en un itinerario que cumplen por el mundo año tras año. Metódicamente pasan juntos cinco meses al año en París, tres meses en Italia, un mes en Colombia, un mes en Nueva York, y separados cerca de dos meses al año. Las separaciones obedecen básicamente a que en septiembre ella va a Grecia a ver a su familia, y él viene solo a Colombia a ver la suya.
Uno de los ritos que más gozan es el del verano en su residencia de Pietra Santa, en Italia. Se trata de uno de esos pueblitos idílicos de la Toscana, donde se encuentran los mejores talleres del mundo para la escultura en mármol.
Botero, que es pintor la mayor parte del año, se convierte en escultor y colega de Sofía en esos meses. Allá, el trabajo se alterna con paseos en moto por todos los pueblitos de la región.
Pero a Sofía Vari, el lugar que más le gusta en el mundo no es ni Pietra Santa, ni París, ni Nueva York, ni Atenas. Es Bogotá. Colombia. Allí pasa todos los años el mes de enero, en Tucurinca, la casa de campo en la Sabana donde, al igual que en las otras residencias, cada cual tiene su propio estudio. "Me gusta todo lo colombiano, -afirma- la comída, los paisajes, la montaña, al aguardiente. Hasta lo caótico que es Colombia...". Se siente tan colombiana, que dos veces ha llegado a Bogotá sin recordar que, como ciudadana griega, tiene que sacar una visa para entrar al país y ha sido necesario recurrir a las palancas del pintor para hacerla entrar.
Generalmente, los experimentos sentimentales tan racionalizados, no resultan. El de Fernando y Sofía, sin duda alguna, funciona. Y funciona tan bien, que al haber superado la barrera de los 10 años, mantiene un entusiasmo poco común en los veteranos de una década.
Uno de los elementos que ha permitido que la fórmula sea viable, es que los dos, en cierta forma, son machistas. Sobre la posibilidad de que alguno de ellos quiera salir con otra persona, ella contesta: "yo eso lo admito para los hombres, pero no para las mujeres. Entiendo que esas cosas pueden suceder, pero lo importante es que, si suceden, sea con discreción, respeto y elegancia". Por su parte, Botero dirime el conflicto resumiendo en una frase la filosofía que le ha producido felicidad a él y a Sofía durante diez años: "Yo creo que en las relaciones personales en las que todo está permitido, existen menos tentaciones que en las que todo está prohibido".

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