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| 12/6/2008 12:00:00 AM

El artista luminoso

Hasta hace cuatro meses fue Ministro de Cultura de Brasil. Ahora Gilberto Gil vuelve a ser músico de tiempo completo y llega a Bogotá a celebrar su nueva nominación a un Grammy.

A finales de julio, y luego de cinco años en el cargo de ministro de Cultura de Brasil, el compositor Gilberto Gil decidió dejar de ser funcionario y volver a dedicarse de lleno a cantar, la pasión de su vida. Tenía una voz interna que le pedía volver a subirse a un escenario, a dejar de pensar en la agenda pública. Todo porque, como dijo a SEMANA, "en los años en que fui ministro de Cultura, traté de dejar tanto la música como la inspiración un poco alejadas de mi vida porque la otra actividad me colmaba".

Algo que, visto de lejos, tampoco parece tan exacto. Durante ese período lanzó al menos cuatro discos, inauguró un nuevo sitio suyo en Internet, recibió un Grammy Latino y fue nominado a otro. Además, viajó a recibir premios en Europa, participó en conciertos multitudinarios en el mundo y en su país, pidió licencias cortas para realizar espectáculos y giras con su banda y participó en debates en pro de uno de sus temas favoritos: una Internet libre. Gil se llevó en ese período el Grammy a mejor disco en la categoría 'world music' por su álbum Electroacústico y luego fue nominado a mejor álbum contemporáneo por Gil Luminoso.

Pero hubo más en su agenda. Democratizar la información que circula en la red, un tema que defiende con pasión visceral, lo llevó a convertirse este año en el primer artista brasileño con un canal exclusivo en Youtube, y a lanzar el álbum Banda Larga Cordel en mayo, exclusivamente para Internet, por el que acaba de ser nominado al Grammy en la categoría de 'world music' contemporánea. Luego de renunciar al cargo, tras cinco años en el Ministerio, tampoco se quedó quieto: viajó a Japón a hacer una gira y ahora se presenta en Bogotá con su espectáculo Gil Luminoso.

Desde su punto de vista, nada fue mejor en su período como ministro que haber sido artista, para poder entender los fenómenos culturales desde adentro, además de conocer en carne propia las necesidades reales del sector. Pero también, dice, su nombre ayudó a impulsar el nombre de su país. "Sin duda, la cultura es imprescindible para posicionar una nación en el exterior. En cuanto a mí, creo que ayudé a Brasil a tener visibilidad ante el mundo con los medios y ante otras personas que ya conocían mi trabajo como músico. En general, la idea de tener un artista popular como Ministro de la Cultura de un país es vista con mucha simpatía por toda la gente. Melina Mercouri (actriz y ministra de Cultura en Grecia), en su país, podía hablar de eso".

Cuando Gil pasó su renuncia por primera vez, en noviembre de 2007, explicó que quería exigirse de nuevo, musicalmente hablando, además de que había descubierto la existencia de un pólipo en sus cuerdas vocales. Pero el presidente Luiz Inácio Lula da Silva rechazó su petición dos veces consecutivas, hasta que en julio no tuvo más que aceptarle la renuncia. "Volverá a ser un artista, volverá a darle prioridad a lo que es importante para él", dijo Lula en ese momento.

Durante su paso por el gabinete, Gil propuso la reforma estructural del Ministerio para agilizar y mejorar su funcionamiento. Creó Casas de la cultura en cada municipio y trabajó por integrar los museos privados y públicos de Brasil. Su proyecto llamado Puntos culturales estableció becas para la educación musical y tecnología en áreas deprimidas, y otra de sus luchas fue para que las descargas de música brasileña en la red fueran gratuitas. También fue criticado cuando dijo que tendría que hacer giras quincenales para tener un mejor sueldo y se ganó el odio de buena parte de la intelectualidad, que pedía a alguien que defendiera más la lectura que la música popular. Dentro de su gabinete tuvo que afrontar casos de corrupción que involucraron a sus principales asesores y amigos.

Sin embargo, el apoyo del pueblo por lo que él representaba nunca decayó desde 1969, cuando tuvo problemas con la dictadura militar, que lo motivó a meterse en política, a convertirse luego en miembro del Partido Verde y a crear la organización ambiental Onda Azul, para la defensa de los mares.

Pero aun más que eso, sus fanáticos lo seguían, y lo siguen, como a un profeta y a un ídolo, por los enormes ecos de su carrera musical, que arrancó en 1963 junto con otros cantantes como Caetano Veloso y María Bethania, con quienes popularizó la bossa nova y la música popular brasileña. Ahora, a sus 66 años, el compositor, natural de Salvador, vive una nueva etapa de exploración de sonidos más complejos y espirituales. Quizá porque también él ha cambiado. De ser cristiano pasó al agnosticismo, y rige su vida por una mezcla tranquila de filosofía oriental y espiritualidad africana mezclada con el yoga y la práctica del vegetarianismo, aunque sin dejar de lado sus raíces brasileñas y sus letras inconformes. Con su guitarra y su voz llega a Bogotá, donde celebrará su nueva nominación a un Grammy.
        
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