A Rick Van Beek no le importa llegar último. Desde hace cuatro años no gana ni una sola carrera, pero a él eso lo tiene sin cuidado: en lugar de medallas de oro, compite por ver la sonrisa de Maddy, su hija de 11 años que padece parálisis cerebral.
Ambos han participado en cerca de 50 maratones y, aunque se demoran mucho más que los otros deportistas, siempre cruzan la meta. La logística es bastante difícil, sobre todo cuando son triatlones, pues estas incluyen atletismo, natación y ciclismo.
Como Maddy no puede moverse, Rick tiene que ingeniárselas para completar cada prueba sin que ella sufra: cuando corre a veces la lleva en brazos o en coche; para nadar tiene que asegurarla en un bote y arrastrarla hasta la orilla; y en los tramos con bicicleta, la sube a un pequeño carro que luego engancha a su cicla.
“Ella es mi corazón y yo, sus piernas”, dice el padre orgulloso. Todo empezó en 2008 cuando Rick, decidido a dejar el cigarrillo y su vida sedentaria, se dedicó a correr todas las mañanas. Maddy a veces lo acompañaba y con el tiempo se dio cuenta de que eso la hacía feliz.
“Maddy requiere los mismos cuidados de un niño de tres meses, y una de las pocas cosas que sabemos es que disfruta estar al aire libre, en el agua, sintiendo la brisa en la cara”. Para registrar sus hazañas, el hombre de 39 años creó un blog y una página en Facebook y ahora está buscando recursos para crear la fundación Team Maddy.
“Cuando me siento cansado y todavía me falta dar el siguiente paso, pienso en mi hija –dice en el blog–. Llámenlo inspiración, motivación o como quieran. Yo lo llamo amor”.