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| 10/23/2010 12:00:00 AM

El auténtico roquero

Keith Richards, el guitarrista de los Rolling Stones, revela en su autobiografía nuevos detalles sobre su faceta de provocador y drogadicto que lo convirtió en leyenda.

Keith Richards se siente orgulloso de ser el único sobreviviente de lo que él llama "la lista de las personas con mayor probabilidad de morir en el mundo", pues cuando era joven sus excesos hicieron pensar a muchos que no pasaría de los 30. Hoy, a pesar de que tiene la piel ajada y la voz ronca de tanto fumar y tomar trago, el guitarrista líder de los Rolling Stones, de 66 años, se siente como un roble. Usa tenis Converse, chaquetas de cuero, aretes y balacas de colores. La frase "sexo, drogas y rock and roll" encaja con su personalidad a la perfección, y la pregunta obligada en casi todas las entrevistas es: "¿Cómo carajos logró sobrevivir?".

Richards dice que no sabe si fue cuestión de suerte. "Para mí la vida es como un animal salvaje. Siempre esperas poder defenderte cuando salta encima tuyo", explicó una vez a la revista Rolling Stone. Gracias a su estatus de leyenda se han tejido cientos de historias a su alrededor. Unos aseguran que se sometió a una transfusión de sangre completa para superar su adicción a la heroína, y otros, que mezcló las cenizas de su padre con cocaína y las aspiró. Para aclarar todos esos mitos decidió escribir Life, una biografía en la que cuenta cómo es su relación con el cantante Mick Jagger y da detalles de sus infidelidades, sus fiestas y su constante abuso de las drogas. El libro sale al mercado el 26 de octubre en Estados Unidos, y ya varios medios han anticipado sus mejores fragmentos. "Así no lo crean, me acuerdo de todo", aclara.

Una de las cosas más reveladoras es que, durante la década de los 80, el músico empezó a notar que Jagger se estaba volviendo "insoportable". Ambos se conocieron cuando estudiaban en el colegio y se reencontraron en un tren años más tarde. Con la ayuda de Brian Jones fundaron los Rolling Stones en 1962, y a partir de ese momento se volvieron inseparables. Sin embargo, tiempo después, el guitarrista empezó a sentir que Jagger era muy posesivo y celoso. Esa actitud hizo que se distanciaran, pero a pesar de todo Richards reconoce que todavía lo quiere mucho y que hay ocasiones en que lo extraña en el camerino, adonde no va desde hace 20 años, cuando su relación empezó a deteriorarse.

El músico no tiene problema en sincerarse y comentar incluso la dudosa virilidad de su amigo. Según él, Marianne Faithfull, ex novia de Jagger, alguna vez le confesó que el cantante era malo en la cama y que, a pesar de su célebre apetito sexual, tenía un "'paquete' muy pequeño". Richards, de paso, aprovecha para describir con lujo de detalles cómo fueron los líos de faldas que hubo entre los miembros del grupo. Insiste en que la actriz Anita Pallenberg, quien por entonces era la compañera sentimental de Jones, lo sedujo en un viaje a España. "Todo el mundo dice que yo se la robé, pero en realidad la salvé. Jones era violento, la golpeaba y siempre le lanzaba cuchillos y vasos". Un año después, Jagger le pagó con la misma moneda cuando tuvo un romance con Pallenberg durante la filmación de una película en la que actuaban juntos. Richards tampoco se quedó de brazos cruzados, y a manera de venganza se acostó con Faithfull, cuando todavía era novia de Jagger.

Lo curioso es que, después de leer las memorias, el líder de los Stones solo le pidió a Richards que omitiera la parte donde revela que tiene un entrenador de canto. "Se enfureció por un par de detalles, pero igual queremos seguir trabajando juntos", reconoció el guitarrista. Prueba de ello es que están pensando realizar una gira en 2011. De hacerse realidad, no cabe duda de que millones de personas estarían dispuestas a pagar cualquier suma por verlos reunidos de nuevo, tal como ocurrió con su tour A Bigger Bang.

En el escenario siguen tocando con la misma energía de hace 50 años, pero tras bambalinas sus parrandas en nada se parecen a aquellas que protagonizaron durante los años 60 y 70. Richards cuenta que en una ocasión casi quema la mansión Playboy de Chicago por andar drogado. También recuerda cuando unos policías hicieron una redada en su casa y él, en medio de su viaje con LSD, los invitó a seguir al confundirlos con "unos duendes vestidos de azul oscuro que usaban cascos brillantes". Su gusto por las drogas no es un secreto y varias veces ha admitido públicamente que durante su juventud consumió todo tipo de sustancias psicoactivas. "Cuando las tomaba, estaba convencido de que mi cuerpo era mi templo. Podía hacer lo que me diera la gana con él, nadie podía decirme que sí o que no". El músico afirma que todo eso ya es cosa del pasado, pues dejó la heroína en 1979 y renunció a la cocaína en 2006, luego de que se cayó de un árbol en las Islas Fiyi y terminó en el quirófano.

Richards no sabe cuál es el secreto de su longevidad, pero reconoce que no estaría vivo de no ser porque siempre fue muy "meticuloso" a la hora de trabarse: se aseguraba de comprar "drogas de buena calidad" y procuraba no excederse en las porciones. Su adicción le trajo muchos problemas cuando joven, pero dice que no se arrepiente de nada. Hoy sigue fumando como un condenado y lo primero que toma en las mañanas es un vaso de vodka con naranja. "Los médicos de todo el mundo quieren mi cuerpo cuando muera", contó en tono de burla a la revista GQ en 2008. Pero para que eso suceda todavía falta un buen tiempo. "La muerte no está entre mis planes. Todavía no quiero ver a mi viejo amigo Lucifer, porque, aceptémoslo, no voy a parar en ningún otro lado".
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