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| 1/12/2008 12:00:00 AM

El beso francés

El presidente Nicolas Sarkozy está enamorado. Pero la dicha tiene un costo político alto, pues cada día pierde más popularidad.

La ciudad más romántica del mundo, París, se ha convertido en el escenario de una candente historia de amor. Y su protagonista es, ni más ni menos, el presidente francés Nicolas Sarkozy. Como si se tratara de una novela de Danielle Steele, esta trama cuenta con una hermosa heredera, la cantante y ex modelo Carla Bruni, y escenarios en exóticos lugares del mundo como Egipto y Jordania. Se vaticina un final feliz, pues ya se sospecha que en los primeros días de febrero Francia tendrá una nueva primera dama. Pero, aun así, no todo ha sido color de rosa, pues la dicha le ha costado una baja de 7 puntos de popularidad al novio. Sus compatriotas sostienen ahora que no votaron por una estrella de rock, sino por un presidente.

Un despechado Sarkozy anunció a los medios el 18 de octubre que su esposa, Cecilia Ciganer, le había pedido el divorcio. Pero su tristeza duró poco, pues sólo un mes más tarde Cupido flechó al primer mandatario en una comida con amigos, justo cuando la hermosa Bruni empezó a entonar una canción con su guitarra. Después de un corto y fructífero cortejo, la cantante fue vista escabulléndose una mañana, muy temprano, del palacio del Elíseo. Días después, el mundo entero presenció su primera salida en pareja, un divertido fin de semana en Eurodisney. Desde entonces, los fotógrafos han tenido oportunidades de oro para retratar a la pareja, pues Sarkozy nunca ha sido tímido a la hora de posar ante las cámaras.

"Ustedes saben que el Presidente de la República no tiene derecho a la misma felicidad de las personas del común, pero eso no quiere decir que tenga menos", dijo Sarkozy a los 600 periodistas reunidos para la gran rueda de prensa del 7 de enero. Por primera vez en la historia de ese país europeo, la vida privada del Presidente era discutida abiertamente en un evento de este tipo. Los amoríos de sus predecesores en el cargo eran un secretos a voces, bajo el lema "todo el mundo lo hace pero nadie lo habla". Por eso los medios franceses pasaban por alto el hecho de que François Mitterrand tenía una familia paralela y que Jacques Chirac y Valéry Giscard D'Estaing visitaban a diario a sus amantes. Haciendo alusión a ellos, Sarkozy aseguró que dejaría de lado la hipocresía, las mentiras y anunció que la relación con Bruni "va en serio".

Ser abierto sobre su intimidad no es nuevo en la vida del Presidente. Los pormenores de su matrimonio con Cecilia siempre fueron vox populi, sobre todo en 2005, cuando él, entonces ministro, se separó de ella por algún tiempo. Cecilia se fue a vivir con Richard Attias, un famoso publicista, y Nicolas convivió durante ese tiempo con Anne Fulda, editora política del diario Le Figaro. Se especula que habrían tenido un hijo después de que él regresó con su esposa, durante la campaña presidencial.

Sólo tres meses después de su segundo divorcio, ya se estaría preparando para su tercera boda. Al parecer, en el viaje a Egipto durante las fiestas de Navidad le habría dado a Carla un anillo de compromiso con un diamante rosado en forma de corazón, por el cual algunos opositores lo llaman ahora el presidente 'bling-bling' y otros le han puesto el sobre nombre 'Speedy Sarko'. El periódico francés Le journal de Dimanche, de propiedad de un amigo íntimo de Sarkozy, anunció que el matrimonio sería el 8 o el 9 de febrero. "El Presidente me pidió su mano. Yo le dije: 'Monsieur le Président, no tengo motivo para oponerme", declaró Marysa Borini, la madre de Bruni, a la prensa italiana. Sarkozy ha hecho buenas migas con la madre y con el hijo de Carla, Aurélien, quien los acompañó en el viaje a Petra y aparece en las fotos en los hombros del nuevo novio de su mamá.

Carla, hija adoptiva del empresario Alberto Bruni Tedeschi y criada en una cuna de oro, es un ser que genera tanto amores como odios. Varias veces descrita como una 'devoradora' de hombres, tiene una larga lista de famosos que han sucumbido ante sus encantos. Fue uno de los factores determinantes para el divorcio de Jerry Hall del líder de los Rolling Stones Mick Jagger. También tuvo romances con Eric Clapton, Kevin Costner y Donald Trump.

Ella protagonizó el mayor escándalo en 2000 cuando, después de vivir y llevar una relación aparentemente sólida con el editor Jean-Paul Enthoven, se enamoró de su hijo Raphael Enthoven, un profesor de filosofía que además estaba casado, y por si fuera poco, quedó embarazada. Como respuesta al amorío, la esposa engañada y escritora Justine Lévy escribió un best seller en donde contó toda la historia. En el libro describe a Carla como "una mantis con sonrisa de Terminator". La única respuesta que dio la victoriosa Bruni al texto fue: "todo el mundo sabe que a los esposos no los robas, uno o sabe cómo mantenerlos, o no".

Al parecer, escribir un libro es una buena manera de desahogarse de un agravio. Eso parece pensar también la ex esposa de Sarkozy, pues pronto lanzará sus memorias, en las que todos creen que dedicará varios capítulos a las traiciones del primer mandatario. Hace dos años, antes de que Cecilia y Nicolas se reconciliaran, ella ya había terminado una primera versión del texto. Pero el actual Presidente logró convencer al dueño de la editorial para que no lo publicara. Ahora parece que ella no dará su brazo a torcer, al punto de que vive en Londres lejos de cualquier influencia del poder.

La relación de Bruni y Sarkozy va viento en popa, tanto que varios aseguran que la cantante le dedicaría alguna de las letras a su nuevo amor en su próximo disco. Lo curioso es que políticamente ambos se encuentran en polos opuestos. El Presidente es conservador, neoliberal y apoya a Estados Unidos. La música es una izquierdista declarada y algo hippie, basta decir que apoyó públicamente la campaña presidencial de la opositora Ségolène Royal.

Lo que el pueblo exige ahora a su mandatario es que deje de lado el exhibicionismo y se preocupe por el crecimiento de la inflación y del precio del petróleo. Por ahora, él ha expuesto con firmeza su "política de la civilización" en la que, entre otros, buscará la igualdad entre géneros y la integración de las minorías, hacer más estrictas la leyes de inmigración y acabar con la jornada laboral de 35 horas. Se sospechaba que iniciaría el año con un remezón en su gabinete y que llegaría con una actitud estricta e impositiva. Ninguna de las dos cosas ocurrió. A cambio, con frases entrecortadas en las que apareció la palabra amor varias veces, a los periodistas les quedó claro que el Presidente francés sufre del 'efecto Bruni'.
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