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| 1/25/2009 12:00:00 AM

El cambiazo

Esta es la dramática historia de Christine Collins, la mujer interpretada por Angelina Jolie en 'Changeling'. Su hijo desapareció y ella fue internada en un manicomio por negar que el niño que le devolvió la Policía era el suyo.

En busca de ideas que pudieran inspirar una película, el guionista J. Michael Straczynski decidió echar un vistazo en los viejos archivos del City Hall de Los Ángeles que estaban a punto de ser quemados. Y encontró algo que lo sorprendió. "Esto no puede haber pasado, tiene que haber un error", pensó, al rescatar del incinerador un espeluznante caso de finales de los años 20, sin duda uno de los más extraños en la historia de la justicia norteamericana. Sus ingredientes eran la misteriosa desaparición de un niño, la corrupción de la Policía, y un asesino en serie. Pero la verdadera protagonista era una mujer llamada Christine Collins, que, con el único objetivo de encontrar a su hijo, hizo tambalear al establecimiento. Así nació Changeling, la cinta dirigida por Clint Eastwood, con Angelina Jolie en el papel de Collins, que le ha merecido una nominación al Oscar a mejor actriz.

La historia de Collins ocupó los titulares de los diarios locales de la época y conmocionó a los habitantes de la ciudad, que siguieron paso a paso su tragedia. Todo comenzó el 10 de marzo de 1928, cuando Christine se despidió de su hijo Walter, de 9 años, después de darle unas monedas para que fuera al cine, mientras ella trabajaba como operadora en una compañía telefónica. Cuando ella regresó, su hijo no estaba en casa.

Con el paso de los días varios vecinos aseguraron haber visto a un hombre y una mujer con pinta de extranjeros con un niño que gritaba en su carro. Luego, la empleada de una estación de gasolina informó que se había dado cuenta de que en la parte trasera de un auto estaba envuelto en periódico lo que le pareció el cuerpo de un menor. El papá del niño, quien estaba en la cárcel por haber abierto un bar en plena época de la prohibición, sostenía que a su hijo lo habían secuestrado unos viejos enemigos de la prisión. Los investigadores dragaron el lago del Lincoln Park y enviaron avisos por todo el país, pero el niño no aparecía.

Cinco meses después llegó una respuesta de la Policía de Illinois. Sostenía que Walter había aparecido deambulando en la ciudad de Dekalb. Según un artículo del periódico Los Angeles Times del 5 de agosto, en un principio el niño había dicho que se llamaba Arthur Kent y que su papá lo había abandonado. Sin embargo, finalmente afirmó que su verdadero nombre era Walter Collins. "Misterio resuelto", se leía en los titulares de las noticias. Según las autoridades, el jovencito contó que decidió irse con su captor cuando éste le dijo que su mamá lo había enviado a comprarle un traje nuevo. Luego le habría dicho que esa mujer no era su madre y que él era su padre biológico. El niño habría identificado a su secuestrador entre las fotos de varios ex convictos.

Los jefes de la Policía local, que en esa época enfrentaba un fuerte desprestigio por corrupción, por desaparecer gente y por la alta criminalidad de Los Angeles, encontraron en este caso la manera de convertirse en héroes. Uno de ellos era el capitán J. J. Jones, director del Departamento Juvenil, quien se encargó de darle la buena nueva a la señora Collins. Ella, emocionada, pagó de su bolsillo los 70 dólares para que su hijo regresara en tren.

La prensa se aglomeró para captar la primera foto del esperado reencuentro, pero este fue decepcionantemente frío. "Yo no creo que este sea mi hijo", fueron, según el diario del 19 de agosto, las palabras de Collins. El artículo explicaba que el niño estaba tan mal física y mentalmente, que ni su madre pudo reconocerlo. El capitán Jones la habría convencido de que el estrés de la situación no la dejaba pensar con claridad y le dijo que se llevara al niño un tiempo para probar cómo le iba, no sin antes hacer posar a la señora con el niño. Pero sólo le salió una sonrisa fingida.

Christine insistió en el error. Dijo que el hijo que le habían devuelto era más bajo que el suyo y que tenía señales de haber sido vacunado. En respuesta, el capitán Jones le envió un médico que, después de revisar al pequeño, explicó a los medios que los cambios eran normales por los traumas que había vivido.

Los viejos amigos de Walter, y hasta su perro y su gato, parecían convencidos de que él había regresado, pero no su mamá, quien tres semanas después devolvió al muchacho para que la búsqueda de su verdadero hijo continuara. Como prueba presentó un documento firmado por el dentista de Walter en el que el especialista aseguraba que las características dentales del nuevo niño no coincidían con las de sus archivos. "¿Está tratando de dejarnos en ridículo? ¿O quiere deshacerse de sus obligaciones como madre y que el Estado se ocupe de su hijo?", le habría dicho el capitán Jones, quien ordenó que fuera recluida en un hospital para enfermos mentales. No quería que su negativa a aceptar el niño dañara la buena reputación que la Policía había ganado al resolver el caso.

Pero en la semana en que la mujer estuvo recluida, el supuesto Walter finalmente confesó que en realidad era Arthur Hutchins, de 12 años, y que había huido de su casa porque no soportaba a su madrastra. Cuando alguien le dijo que se parecía al niño perdido, se dio cuenta de que podría fingir ser él y así viajar gratis a Los Ángeles para conocer a su estrella de cine favorita, Tom Mix.

Christine probó que tenía la razón, pero se encontró con otra terrible noticia. Sanford Clark, un joven de 15 años que aguardaba en un centro juvenil ser deportado a Canadá, reveló que su tío Gordon Stewart Northcott había violado y asesinado a unos 20 niños, entre ellos Walter Collins y los hermanos Lewis y Nelson Winslow, quienes habían desaparecido en mayo. Al comienzo nadie le dio crédito, pues se suponía que el niño Collins ya estaba en casa. Pero cuando se supo que éste era un impostor, las autoridades decidieron investigar la granja de Northcott, en Wineville, California. Allí encontraron huesos humanos y un hacha manchada de sangre. "Collins, relató el joven, fue el primero en ser asesinado, una semana después de su secuestro", cuenta Los Angeles Times del 16 de septiembre. Según Clark, quien había vivido dos años en ese lugar, su tío lo había amenazado con matarlo si huía y si no lo ayudaba a desaparecer a sus víctimas, hasta cuando las autoridades de inmigración lo encontraron.

Gordon Northcott fue capturado en Canadá y se le condenó a morir en la horca por el asesinato de los Winslow. Aunque el cadáver de Walter nunca apareció, de acuerdo con los reportes de la época, durante el juicio el hombre de 21 años confesó que "él realmente amaba al niño. Dijo que lo había hecho arrodillarse frente a un altar improvisado en su cama y rezó antes de que lo matara". Sin embargo, en varias oportunidades le dijo a la señora Collins que él no sabía nada de su hijo, que era inocente.

Entre tanto, ella libró una larga batalla legal con la Policía, y Jones fue suspendido y obligado a pagarle 10.800 dólares, dinero que ella esperaba invertir en la búsqueda de Walter. Pero nunca recibió un centavo y, por si fuera poco, el capitán fue reincorporado. Desde los años 40 no hay registros de Christine Collins. Según algunos testimonios, la mujer murió cansada de tanto luchar en vano. n
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