Domingo, 22 de enero de 2017

| 1993/08/30 00:00

El cancerólogo

Carlos Fernando Zarama, el cirujano que trató el cáncer de la corrupción en Impuestos Nacionales y en la Aduana, inicia una nueva y difícil intervención en la Aeronáutica Civil.

El cancerólogo

CARLOS FERNANDO ZARAMA YA SE HAbía ganado la fama de ser capaz de desenredar un costal de anzuelos. En su momento fue el hombre indicado para descifrar las redes de corrupción de Impuestos Nacionales y la Aduana Nacional. Por eso, la noticia de su nombramiento en la dirección de Aerocivil fue recibida con alivio.
La muerte de su antecesor en ese cargo, el joven valluno Fernando Corrales, en un accidente aéreo el sábado 24 cuando la avioneta de Aerocivil en la que viajaba se desplomó a tierra pocos minutos después de despegar del aeropuerto Eldorado, le había agregado a los problemas aeronáuticos del país un nuevo ingrediente trágico.
Corrales había reemplazado un par de semanas antes a José Joaquín Palacios quien se había visto obligado a renunciar tras la serie de debates que generó la tragedia del jet de Sam en junio pasado.
A más de las tutelas sobre seguridad aérea instauradas ante distintos tribunales, se venía hablando sotto voce de la manera creciente como la corrupción se había adueñado de los niveles medios de Aerocivil, rumores que se convirtieron en denuncias y solicitudes de investigación detallada de las causas del accidente de la avioneta en la que murió Corrales, ante la sospecha de que podía haber sido saboteada. Como quien dice, un panorama suficientemente ensombrecido como para llamar a Zarama.
Abogado de profesión, administrador y hombre de finanzas empírico, Zarama se ha destacado porque no le tiembla la mano para sanear y reestructurar las entidades oficiales más corruptas del país. Se calcula que este pastuso de 37 años, quien desde hace nueve años es padre y madre de su único hijo, reúne las cualidades necesarias para maniobrar entre la espada y la pared.
Zarama está en medio del fuego cruzado de dos bandos: los funcionarios antiguos y los que Corrales integró al personal cuando asumió la dirección de la Aerocivil. Un segundo, pero no menos complejo problema, será devolverle a los colombianos la confianza en la seguridad aérea. Deberá, además, seguir adelante con las políticas gubernamentales de cielos abiertos, que implica autorizar vuelos de nuevas aerolíneas nacionales y extranjeras, proceso que a Palacios le costó granjearse no pocas enemistades.
De seguro, Zarama aplicará en Aerocivil estrategias similares a las que ya ha utilizado, en especial la de formar un funcionario nuevo, comprometido con su trabajo. Quizá lo que mejor define sus métodos es el juramento que introdujo en las actas de posesión de Impuestos Nacionales y la Aduana: "Ante el pueblo de Colombia, e invocando la protección de Dios, juro cumplir la Constitución y entregar lo mejor de mí mismo para construir una moderna y eficiente administración que sea base para el desarrollo económico y social del país. Si así no fuere, el pueblo y la Institución me lo demanden". Un juramento que ojalá se cumpla en Aerocivil.

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