Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/11/17 00:00

El casamiento de William y Kate: ¿qué significa para el Reino Unido?

A casi treinta años del matrimonio de sus padres, la boda del príncipe Guillermo no podía llegarle en mejor momento al Reino Unido.

Los medios de comunicacion le dieron una gran importancia al anuncio.
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BBC

No es que las calles de Londres hayan amanecido embanderadas ante el anuncio de la boda, pero la noticia de la boda del príncipe William y Kate Middleton acaparó todos los medios de comunicación.

La televisión, la radio y los periódicos relegaron los aprietos económicos de Irlanda -de gran importancia al estar dentro de la esfera de las islas británicas- a segundo plano, para destacar expresiones, opiniones y análisis sobre el significado del compromiso nupcial del segundo en la línea del trono.

La propia BBC registró una participación de sus lectores veinte veces mayor que respecto a cualquier otro tema.

Y hasta el Financial Times, normalmente especializado en temas económicos, le concedió la portada a la nueva pareja real, con una leyenda escueta: "Se casa el príncipe William".

Y es que el tema va más allá de la farándula: la boda del príncipe William (o Guillermo, como se le conoce en el mundo de habla hispana) puede fortalecer a la familia real británica y traer beneficios que incluso pueden rozar al gobierno de David Cameron y a la industria turística del país.

Pero además, la conexión con la princesa Diana -la "princesa del pueblo"- también tiene para los británicos una resonancia especial.

Así, al igual que otros tabloides, el popular The Sun -el de mayor tiraje en el país- publicó un encartado de doce páginas que puso el acento en el anillo de la princesa Diana, que ahora pasará a las manos de la prometida de William, Kate Middleton.

Y el conservador Daily Telegraph tituló con las palabras de William: "Kate es muy especial."

Palabras que recuerdan, invariablemente, a las de su padre, Carlos, hace tres décadas.

Treinta años después

La boda de Carlos y Diana, en 1981, fue descrita como "la boda del siglo" y atrajo la atención de todo el mundo. La ocasión catapultó nuevamente la popularidad de la familia real británica a niveles no vistos desde los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, la entrevista que hizo en ese momento Jonathan Dimbleby, de la BBC, con los padres de William tras el anuncio de la boda, pareció presagiar lo que el destino le deparaba a Carlos y a Diana.

El momento clave fue cuando Dimbleby intentó resumir la relación de ambos con una afirmación: "¿Y, por supuesto, enamorados?". Carlos vaciló y contestó: "Sea lo que sea que eso quiera decir".

La separación de Carlos y Diana, varios años más tarde, no fue la única. Luego se dio la del príncipe Andrés y Sarah Ferguson, y la de la princesa Ana del capitán Mark Phillips.

La familia real británica pareció quedar en en crisis y se la describía como disfuncional. Además, la muerte de la princesa Diana, en un accidente de tráfico en París, no vino precisamente en su ayuda.

El trágico deceso pareció enfrentar, en el imaginario popular, la personalidad de Diana a la de la Reina Isabel II.

La nueva pareja real, sin embargo, parece tener un mayor potencial.

El joven William, aparentemente más decidido que su padre, dice que le propuso matrimonio a Kate en un hermoso paraje de Kenia, y aseguró que quería que ella conociera "su lado más romántico". Por ende, le entregó el anillo de su madre.

Todo esto, agregado al hecho de que su prometida sea una commoner, es decir, una mujer que no proviene de la aristocracia, le da la posibilidad a la familia de real de una renovación, de proyectarse de una manera nueva en la sociedad británica.

Vacas flacas

Otro que también podría recibir un beneficio del anuncio matrimonial es el gobierno del primer ministro David Cameron, quien, por no resultar triunfador en las elecciones pasadas, debió integrarse a una incómoda coalición con los Demócratas Liberales.

Además de tener tropas en un empantanado conflicto armado en Afganistán, Cameron ha emprendido un controvertido programa de ajuste fiscal para tratar de cerrar una brecha presupuestaria de US$120.000 millones en cuatro años.

El programa de austeridad implica decisiones draconianas, cuyas consecuencias, según varios analistas, las sentirá la población a partir del próximo año: despidos masivos, reducción del sistema de seguridad social, congelamiento de salarios y pensiones.

Además en enero habría un aumento del impuesto al valor agregado (IVA) de un 17% a un 20%.

La boda real, por ello, viene a endulzar la píldora amarga.

Además, la gran frustración del ciudadano de a pie en el Reino Unido proviene, principalmente, del fútbol.

Ni Gales, ni Escocia ni Irlanda del Norte han hecho nada memorable en esta disciplina. Inglaterra hizo su gran cometido en 1966, cuando obtuvo la Copa Mundial, pero desde entonces, nada.

Por ello un motivo de alegría popular puede ser la boda de William y Kate, que pondrá nuevamente al Reino Unido en millones de pantallas de televisión de todo el mundo, con cada uno de los ingredientes del cuento de hadas: los príncipes, la carroza, los pajes, la pompa, la catedral, las campanas al viento.

Y eso le llega a la industria turística que deberá prepararse para los esperados visitantes.

Ya hay prendas de vestir con las efigies de William y Kate, así como platería, cuchillería, llaveros y todo tipo de objetos recordatorios de la boda.

Pero desde este momento se prevé la necesidad de miles de cuartos de hotel que vendrán para la ocasión, como cuando se casaron Carlos y Diana.

Una oleada de personas que probablemente lleve a decenas de miles de comensales a abarrotar los restaurantes de la capital.

Eso sin olvidar a los emblemáticos taxis negros de Londres, cuyos conductores probablemente ya se estarán frotando las manos para cuando se efectúe la boda, en primavera o verano del 2011.

Y es que, como lo hace la mayoría de los británicos, el matrimonio será cuando mejor sea el clima.

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