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| 7/23/2011 12:00:00 AM

El circo de la vida

Jóvenes de escasos recursos que antes vivían en barrios marginados de Cali ahora son los artistas profesionales circenses más cotizados en los escenarios de Europa.

En Europa, donde el circo es considerado un arte mayor, un grupo de colombianos se está robando los aplausos a punta de acrobacias, baile y rap. Los protagonistas de tan difícil conquista son jóvenes entre 18 y 23 años que pasaron de vivir en zonas deprimidas de Cali a ser los invitados estelares de los festivales más prestigiosos del mundo. Urban es el nombre del show con el que están cautivando al público por estos días. Ha sido tal el furor que ha causado entre los asistentes y la crítica que el diario The Guardian lo describió en un artículo publicado recientemente como "una combinación impresionante de 'beat-boxing', malabares y activismo social".

La semana pasada presentaron ese espectáculo en el certamen Watch This Space, que organiza el Royal National Theatre, y ya se están alistando para participar en el legendario Festival de Edimburgo, que anualmente se celebra en agosto. Hace apenas un mes, los caleños también hicieron parte del multitudinario encuentro musical de Glastonbury; en abril estuvieron en el teatro Roundhouse de Londres y en mayo el turno fue para Bélgica y Holanda. El año pasado debutaron en Madrid y luego agotaron la taquilla en Hungría gracias a una coproducción con el Circo de Budapest.

Armar semejante gira ha sido posible gracias a Felicity Simpson, una inglesa que llegó al país en los años noventa con el sueño de ayudar a los niños de los barrios más pobres de la capital del Valle mediante la enseñanza de artes circenses. Experta en monociclo, a los 17 años se escapó de su casa en Londres para estudiar en la Academia Fratellini de París. No pasó mucho tiempo para que viajara a Brasil, donde conoció al actor bugueño Héctor Fabio Cobo. Juntos montaron un número especial y se dedicaron a dar clases a muchachos de las favelas, hasta que fueron escogidos para representar a ese país en el Festival Internacional de Circo de Francia en 1989. Su show resultó tan exitoso que durante los siguientes cinco años actuaron en Alemania, Japón, Australia y Canadá.

En medio de la apretada agenda de presentaciones, a Felicity y a Héctor se les ocurrió crear la primera 'universidad circense' con vocación social en Colombia. Perfeccionaron la idea en el camerino, consiguieron la financiación de organizaciones internacionales y con la ayuda de varios amigos inauguraron la Fundación Circo Para Todos en Cali. Al principio, únicamente dictaban talleres comunitarios a niños con problemas de drogadicción, pero en 1997 abrieron las puertas de la Escuela Nacional Circo Para Todos Colombia, con el objetivo de formar artistas profesionales de circo y variedades. Desde entonces, la mecánica consiste en escoger a los chicos más 'pilos' de los talleres para que hagan la carrera becados durante cuatro años. En algunas ocasiones también abren convocatorias adicionales para que se presenten personas de diferentes regiones del país.

Un episodio trágico marcó el inicio del proyecto: el mismo día en que se graduó la primera promoción, el 14 de diciembre de 2001, Héctor murió por complicaciones pulmonares en un hospital de Cali. A pesar de haber perdido a su compañero de batallas, Felicity mantuvo la Fundación a partir de donaciones extranjeras y nacionales. De entrenar en un depósito viejo, pronto pasaron a una carpa roja en el Parque del Amor, en el norte de la ciudad. A medida que la iniciativa iba tomando fuerza y el número de participantes aumentaba, se dio cuenta de que necesitaban una agencia que los representara internacionalmente. Así fue como estableció Circolombia en 2006 para ayudarlos a conseguir trabajo y evitar que los 'tumbaran' al momento de firmar un contrato. Hoy, de los 85 egresados, la mayoría han sido fichados por cruceros de lujo que viajan por el Mediterráneo, el Caribe y las islas del Pacífico Sur, o circos tradicionales en Latinoamérica, como el de la familia Gasca o el Ringling Brothers and Barnum & Bailey de Estados Unidos.

El esfuerzo ha valido la pena, pues ha llevado a que niños del distrito de Aguablanca cambien su adicción al pegamento por el trapecio, los zancos y la gimnasia. Uno de los estudiantes más destacados de la compañía es José Henry Caycedo, un muchacho de 28 años que vivió en casas de protección al menor antes de entrar a Circo Para Todos cuando tenía 15 años. "Ahí crecí como artista y como persona -reconoce-. Aprendí a confiar en mí mismo y a trabajar en equipo". Sus logros incluyen una beca en Francia para especializarse en 'blondin', el equilibrio sobre la cuerda floja, y haber sido el primer colombiano en representar al país en 2008 en el Festival Mundial del Circo de Mañana, algo así como las olimpíadas de las artes circenses. Hoy, actúa en Urban y también se desempeña como coordinador de ese espectáculo.

Como él, otros jóvenes se han reencontrado con sus familias y les han comprado una casa en Colombia con la plata que han ganado de sus presentaciones. "El circo no solo les ha dado alternativas de trabajo, sino que también les ha ayudado a mejorar su autoestima -explica Fernando Rosado, profesor de la escuela desde su creación-. Los vuelve más cooperativos y los obliga a cambiar sus hábitos porque no pueden llevar vidas paralelas". Según él, casi todos los muchachos que llegan son acróbatas innatos que con unas cuantas horas de entrenamiento pueden llegar muy alto. Ese es el caso de Joinner Alberto Barreiro, quien a pesar de que a veces no tenía plata para coger un bus se las arreglaba para llegar a los ensayos sin falta. Su entrega y dedicación lo llevaron a participar en un montaje grupal llamado La Banquina, con el que ganó la medalla de bronce en la edición 2009 del Circo de Mañana.

Países como Brasil, Sudáfrica, Chile, Argentina y Australia han adoptado el modelo de enseñanza de Circo Para Todos, y entre los múltiples galardones que ha recibido se destacan el reconocimiento de la Organización de los Estados Iberoamericanos en 2002 y el premio Colombia es Pasión en 2006. Incluso el periódico británico The Daily Telegraph lo ha comparado con El Sistema, el programa de orquestas de Venezuela que ha ayudado a niños de estratos bajos a superar sus dificultades económicas a través de la música. Por eso resulta paradójico que en la actualidad la escuela solo cuente con dos profesores de planta para enseñar a 16 alumnos. Mientras concretan un acuerdo con el gobierno chino para traer diez maestros de ese país, algunos de los egresados trabajan como instructores. Aunque no ha sido fácil conseguir recursos, Felicity no está dispuesta a renunciar al sueño que ideó hace más de 15 años: "Salimos adelante contra todos los pronósticos y queremos seguir inspirando a otros niños que llegan en busca de una vida mejor".
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