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| 3/15/2008 12:00:00 AM

El cliente número 9

De nuevo un escándalo sexual acaba con la carrera de un político norteamericano. Esta vez el gobernador de Nueva York, que era presidenciable, cayó por los encantos de una prostituta de lujo.

Un monumental escándalo de infidelidades, turbias transferencias de dinero, cuartos de hotel reservados con nombre falso y una red de prostitución de lujo cobró la semana pasada la cabeza del gobernador de Nueva York desde 2006, el demócrata Eliot Spitzer, que para muchos analistas era un peso pesado de cara a las elecciones que tendrán lugar en cuatro años e iba camino a convertirse en el primer presidente judío en la historia de Estados Unidos.

La llama que prendió la mecha de este embrollo del que habla todo el país se encendió el lunes en el portal de Internet de The New York Times. Ese día, el rotativo afirmó que, según una investigación judicial, Spitzer había utilizado los servicios de al menos una prostituta que trabajaba para Emperor's Club V.I.P., una empresa que funciona en la web y que recibe los pagos en cuentas corrientes a nombre de extrañas compañías. La denuncia estaba tan bien sustentada, que Spitzer, que era considerado un bastión de la moral, no tuvo más remedio que pedir perdón y renunciar a su cargo. Una vergüenza.

Según el Times, las autoridades "empezaron a sospechar de las transacciones financieras de Eliot Spitzer a raíz de un informe del North Fork Bank el mes de julio", y en septiembre, gracias a un reporte del banco Hsbc, descubrieron que había hecho pagos por hasta 80.000 dólares a favor de dos firmas desconocidas: QAT International y QAT Consulting Group. Extrañados con el asunto, los agentes encontraron que ambas tenían nexos con Emperor's Club V.I.P., cuya actividad es conseguir prostitutas de lujo por Internet en Nueva York, Washington, Miami, Londres y París.

Ahí no paró la cosa. Los investigadores contrataron informantes e interceptaron más de 5.000 llamadas telefónicas. Así lograron los detalles del encuentro que sostuvo Spitzer la noche del 13 de febrero, en la suite 871 del Hotel Mayflower de Washington D. C., con una prostituta. Según The New York Times, Spitzer, a quien los policías bautizaron en su informe como el "Cliente 9", telefoneó el mes pasado a Emperor's Club V.I.P. para que le enviaran una mujer en esa fecha, entre las 9 y las 10 de la noche. Para ello habló con Temeka Lewis, la encargada de las citas, e hizo un depósito en efectivo por correo.

Una vez verificado el pago, Lewis le mandó un mensaje de texto a la prostituta, Kristen, como se llamaba, quien vivía en Nueva York. "Si se produce la cita, tienes que salir de allá a las 4:45", le dijo. Lewis le explicó que debía tomar el tren de las 5.39 de la tarde en Pennsylvania Station para llegar a las 9 de la noche a Union Station en Washington. Dicho y hecho. Tan pronto Kristen pisó la capital, Temeka Lewis le escribió un mensaje de texto a Eliot Spitzer: "Ya llegó el paquete". Y él le respondió: "Excelente. O.K. Maravilloso".

A esas alturas, Spitzer le había dado a Lewis las instrucciones para Kristen. Le dijo que la habitación estaba bajo el nombre de George Fox y que dejaría la puerta entreabierta. Lewis le advirtió que su saldo de cliente de vieja data era de 2.271 dólares y que lo mejor era que desembolsara otros 2.000 para citas futuras. También le dijo que Kristen era "una estadounidense bajita, morena, muy bella".

Aquel 13 de febrero, Kristen llegó puntual al Mayflower. Por la suma que había pagado Spitzer, la prostituta debía estar hasta cuatro horas en la habitación. El gobernador tardó un poco y el encuentro no duró dos horas. A las 12:02 de la noche, cuando Kristen se marchó, le puso un mensaje de texto a Lewis para contarle que todo había salido bien y luego la llamó. Según el Times, hablaron de la reputación de hombre difícil que tenía el cliente porque, según Temeka Lewis, Spitzer "solía pedirles a las prostitutas que hicieran cosas no muy seguras". No se saben detalles.

La identidad de Kristen se conoció el jueves de la semana pasada, cuando el Times reveló que es una mujer de 22 años llamada Ashley Youmans, aunque prefiere presentarse como Ashley Alexandra Dupré. Según ella misma, procede de un "hogar roto" de Nueva Jersey, donde abusaron sexualmente de ella. A los 17 años se fue a probar suerte a Nueva York como cantante en clubes nocturnos. Hoy día, le cuesta mucho pagar su alquiler en un noveno piso en Manhattan. En su página de MySpace declara que la música es todo para ella y se dice admiradora de Christina Aguilera, Madonna y Mary J. Blige. En YouTube hay imágenes de Dupré. No parece una prostituta.

El lunes pasado, cuando The New York Times publicó esta información en Internet, en la que dijo que algunos clientes pagan hasta 5.500 dólares la hora por los servicios de Emperor's Club V.I.P. y hasta 31.000 en una sola noche, se armó una tormenta política. Una hora después, Spitzer habló acompañado por su mujer, Silda Wall Spitzer, una abogada prestigiosa de 50 años, dos más que él. Tienen tres hijas. "He actuado de una forma que viola las obligaciones con mi familia y que viola el sentido de lo que está bien y está mal. Les pido perdón a mi familia y a la gente a quien le prometí algo mejor", dijo.

Visiblemente afectada ante las cámaras, su esposa le sugirió que no renunciara. Fue imposible sostener la caña. No se trata sólo de la infidelidad. El problema es que en Estados Unidos, según la Ley Mann, expedida en 1910, es delito trasladar de un estado a otro a una mujer para prostituirse. Para rematar, las autoridades investigan si Spitzer utilizó fondos de su campaña para pagar unos 80.000 dólares en prostitutas no sólo en Washington, sino también en Miami y en Dallas. Consciente de todo eso, Spitzer dimitió el miércoles. Lo reemplazará su vicegobernador, David Patterson, un ciego que se convertirá en el primer negro en gobernar el estado.

La renuncia le pone fin a la vida política de un hombre que se mostraba como el Catón de Nueva York y que ha acabado en el peor escenario. Que pasó de incorruptible a corrupto. Graduado de las universidades de Princeton y Harvard, Spitzer fue elegido en 1998 a la Fiscalía General de ese estado. Destapó tanta podredumbre en la Bolsa de Valores, que se le bautizó como el 'sheriff de Wall Street'. Pero no sólo eso. Logró aprobar normas de protección del medio ambiente, así como una ley estatal, para mayor paradoja, contra las redes de prostitución. No hay cuña que más apriete que la del mismo palo.

Algunas voces, como la de Alan Dershowitz, famoso penalista y profesor suyo en Harvard, dijeron la semana pasada que Spitzer no debió haber renunciado, que las prostitutas no son víctimas y que este es un asunto de la vida privada. Otras, como la del columnista de The Boston Globe Scot Lehigh, parecieron tener más eco. "La prostitución viola la ley, y Spitzer tenía un importante cargo público. Los funcionarios elegidos deben tener un comportamiento de alto nivel", dijo. Como quiera que sea, el de Spitzer es otro caso más que recuerda que la infidelidad da al traste con una carrera política. Y más si a eso se le agregan conductas reprochables y si el implicado vive en un país anglosajón.
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