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| 12/8/1997 12:00:00 AM

EL CORRECAMINOS

Un colombiano se fue a pie hasta Nueva York para participar en el maratón del domingo 2 de noviembre. Esta es su historia.

Desde 1992 Luis Jorge Obando, un bogotano de 47 años, soñaba con ir caminando de Bogotá hasta Nueva York. Todo el mundo creía que estaba loco pero él seguía pensando en su aventura, cuadrando itinerarios y haciendo presupuestos. Sin embargo cada vez se le presentaba un inconveniente diferente. El más complicado fue el año pasado cuando lo atropelló un carro y quedó incapacitado para correr por mucho tiempo. Después de una larga recuperación, este año se puso en forma y volvió a diseñar un plan. Fue así como el pasado viernes 6 de julio salió de Bogotá y finalmente, después de cuatro meses y 19 días, llegó a la meta: la terminal de buses de Nueva York. De esta manera Luis Jorge hizo realidad su sueño de llegar a pie para participar en el famoso maratón de Nueva York . La historia de este viaje comenzó en 1981 cuando Obando trabajaba en Venezuela y fue invitado a participar en un maratón en nombre de su empresa. "El nunca había hecho esto pero accedió por cortesía", relata Luz Marina Parra, esposa del maratonista. En esa ocasión llegó de primero y desde entonces nació la motivación. Corrió en todo tipo de competencias y logró destacarse en varias de ellas, especialmente en el maratón de Madrid (España) en 1992, donde recorrió 42 kilómetros. En ese momento comenzó a tejer el sueño de participar en el maratón de Nueva York y desde entonces nadie le quitó esa idea de la cabeza. Aunque solicitó la ayuda de muchas entidades en Colombia para llevar a cabo la travesía no obtuvo ningún tipo de patrocinio. Esto no fue ningún obstáculo para continuar con su plan. En la víspera de su viaje alistó un pequeño morral con un par de mudas de ropa, pasaporte, una carta de presentación, algunos objetos personales, 150.000 pesos y una libreta que sería algo así como una bitácora de viaje. Al otro día salió caminando de su casa. El objetivo era hacer 80 kilómetros diarios, 30 en la mañana, 20 al mediodía y otros 30 en la tarde. En la primera etapa logró llegar de Fontibón a Villeta y así, a ese ritmo, logró estar en 16 días en Medellín. Los problemas nunca faltaron. Cuando llegó a la capital antioqueña se le acabó el dinero y tuvo que pedir colaboración de la gente para comida y hospedaje. Lo primero que hacía en cada población era acudir a cualquier autoridad para que le firmara el cuaderno y le pusiera un sello donde constara que había pasado por allí. El trayecto que más temía era el de Urabá por tratarse de una zona de conflicto. Sin embargo, apenas contaba sus planes, los grupos armados lo dejaban pasar sin problemas. El único momento en que suspendió la marcha fue cuando pasó la frontera entre Colombia y Panamá, donde tuvo que utilizar una lancha."Sabíamos que no le iba a pasar nada porque él es un tipo muy recursivo", dice su esposa. Efectivamente, Luis Jorge iba a las embajadas de Colombia en cada país y allí le ayudaban a diligenciar la visa o el documento de entrada para el siguiente destino. También se las arreglaba para visitar todos los medios de comunicación, en los cuales contaba su historia. La divulgación de su hazaña le ayudó a conseguir todo tipo de ayuda durante el viaje. Solo tuvo problemas en Nicaragua, donde le exigían demostrar solvencia económica para ingresar al país. Para ese entonces ya no tenía un peso y vivía de la colaboración de la gente. Tuvo que pedir prestados algunos dólares para poder obtener un permiso de permanencia. Allí estuvo ocho días, no sólo por este impasse sino también porque después de examinarle los pies un médico le recomendó unos días de descanso. Durante ese tiempo aprovechó para diligenciar la visa mexicana y después de lograrlo se enfrentó a otro imprevisto, pues le otorgaron permiso de permanencia por sólo 30 días. "Era imposible cruzar el país con el promedio de 80 kilómetros diarios porque de frontera a frontera había 2.600 kilómetros. Me habían dicho claramente que si yo estaba en el país después de ese tiempo sería deportado". Sin dudarlo un instante Luis Jorge aceleró la marcha y aumentó el promedio a 120 kilómetros diarios. Así logró atravesar México en tan solo un mes.A Estados Unidos llegó por la vía Monterrey- Nuevo Laredo y luego pasó a Houston y Nueva Orleans. En este país el problema fue el idioma. Como no conocía ni sabía hablar inglés perdía mucho tiempo buscando a la autoridad competente que debía firmarle el libro. Su ruta preferida eran las autopistas pero en más de una ocasión lo sacaron de allí. "Los agentes de tránsito me decían que era muy peligroso, que me podían atropellar". Tuvo que cambiarse a vías menos transitadas pero más largas, lo cual le hacía más difícil cumplir con las metas. Llegó hasta Atlanta y de ahí tomó rumbo al norte con un solo destino en la mente: Nueva York. Allí llegó el viernes 24 de octubre a las 8:00 de la noche después de haber recorrido más de 8.000 kilómetros. El domingo 2 de noviembre, sin importarle el cansancio, Luis Jorge compitió con los 30.000 atletas que se enlistaron para correr el maratón de la Gran Manzana y aunque llegó en el puesto 1.655 le quedó la satisfacción de saber que había corrido el mejor maratón de su vida.
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