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| 8/7/2010 12:00:00 AM

El 'crimen' de la mujer afgana

La niña que apareció desfigurada en la portada de 'Time' sobre Afganistán, y que estuvo a punto de morir desangrada, hoy espera en Estados Unidos un tratamiento reconstructivo. Esta es su historia.

La foto de Bibi Aisha, una joven afgana a quien su marido le cortó la nariz y las orejas por haber huido del maltrato que sufría en su casa, le dio la vuelta al mundo la semana pasada cuando Time la publicó en su portada acompañada de un titular que decía: "Lo que pasa si abandonamos Afganistán".

De inmediato se abrió una discusión entre quienes creen que la publicación le hace propaganda a la presencia gringa en ese país por medio de un "chantaje emocional" y quienes piensan que es un simple llamado a concientizar a la gente sobre la realidad de Afganistán. Una polémica que a la real protagonista de la historia poco le importa: "No sé si ayudará a otras mujeres o no. Lo único que yo quiero es recuperar mi nariz".

La buena noticia es que Aisha no solo volverá a tener nariz, también recobrará las orejas cuando termine el tratamiento reconstructivo al que se someterá. La chica de 19 años dijo estar "emocionada" antes de subir al avión que la llevó la semana pasada a Los Ángeles, donde la esperaba un grupo de médicos dispuestos a reconstruir su cara y a ayudarla a olvidar la terrible experiencia que vivió antes de aparecer en Time.

Era todavía una niña cuando su padre las ofreció en matrimonio a ella y a su hermana bebé para pagar una deuda de sangre. El tío de Aisha había matado a un hombre y, por una tradición tribal conocida como baad, su familia debía pagarle con las dos niñas. Y así fue. Cuando tenía 16 años, ella y su hermanita fueron entregadas en la provincia de Oruzgan a la familia de su nuevo esposo, un insurgente talibán a quien no conocieron en un principio.

Como el nuevo marido vivía escondido, las niñas quedaron en manos de su suegro y sus diez cuñados, que las convirtieron en sus esclavas para vengar el crimen de su tío. Cansada de los golpes y los insultos, Aisha decidió escaparse y una noche salió con ayuda de dos vecinas rumbo a la provincia de Kandahar, en el sur del país. Aisha notó entonces que la intención de sus supuestas liberadoras era venderla a otro hombre. Pero el plan no se completó pues las mujeres cayeron en un retén policial donde Aisha fue detenida de forma ilegal por "fugitiva". Pasó cinco meses en prisión antes de ser encontrada por su familia política.

Una corte talibán la condenó entonces a perder la nariz y las orejas a manos de su esposo, quien apareció para ejecutar la brutal orden en una ladera desierta. "Cuando me cortaron la nariz y las orejas me desmayé -contó la joven en marzo pasado a la cadena CNN-. En medio de la noche sentí como si tuviera la nariz llena de agua fría. Cuando abrí los ojos ni siquiera podía ver por toda la sangre". Aisha no recuerda cómo hizo minutos después para buscar ayuda.

Al poco tiempo un grupo de estadounidenses la encontró y la llevó al refugio donde pasó los últimos diez meses. Manizha Naderi, directora de Woman for Afgan Woman (WAW), la ONG que administra el lugar, cuenta que al principio Aisha no hablaba, pero hoy sonríe gracias a la ayuda de un sicólogo. Su padre fue a visitarla alguna vez y le propuso que volviera a su casa, pero ella prefirió no arriesgarse a caer de nuevo en manos de su esposo. Cuando un miembro de WAW le contó que habían encontrado una fundación dispuesta a pagar por su operación, la joven intentó llamar a su papá para contarle la noticia, pero no se pudo comunicar.

Naderi piensa que "no es un final feliz", pues todavía hay un asunto pendiente: encontrar a su hermana, quien tiene diez años. Si todavía vive con su marido, lo más seguro es que siga de esclava, víctima de una venganza doble por cuenta del asesinato cometido por su tío y la 'deshonra' causada por Aisha.
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