Lunes, 16 de enero de 2017

| 1988/07/25 00:00

EL CUARTO PODER

Después del Rey y de Felipe González, Juan Luis Cebrián, director del diario El País, es el hombre más poderoso de España.

EL CUARTO PODER

Quienes lo admiran sostienen que este hombre es la tercera persona en importancia para los españoles, después del rey Juan Carlos y el presidente Felipe González. Otros dicen que es el símbolo exacto de la democracia en ese país, una democracia que él, con su periódico El País, ha ayúdado a defender en numerosas ocasiones. Quienes lo detestan lo llaman dictador, presumido, arrogante, avasallador, monopolista, diletante y el perfecto millonario que juega indiscriminadamente con la derecha o la izquierda.
Juan Luis Cebrián se ríe a carcajadas y se toma la poblada barba cuando le cuentan lo uno y lo otro, y responde que es sólo un periodista, o mejor, un reportero que siempre anda a la caza de una noticia para imprimirla.
Amigo de ministros, escritores, reyes, políticos, actores, cantantes, millonarios, radicales, deportistas y otros periodistas, Cebrián es la cabeza visible de ese experimento periodístico tan exitoso, titulado El País, tan exitoso que ya tiene equivalentes en otras naciones (el extinguido El Pueblo en Cali y El Mundo de Medellín guardan numerosos elementos comunes con el diario español).
Quizá la mejor definición del estilo, las intenciones y el alcance logrados por El País sea la que escribió David Rieff en Vanity Fair: "Ese periódico combina lo mejor del Washington Post y Le Monde con el aire intelectual de la revista de libros del New York Times". Detrás de ese hallazgo, detrás de una búsqueda que es cotidiana se encuentra un hombre que no sólo es periodista, reportero, fotógrafo, escritor de novelas de éxito y hasta guionista sino también el mago capaz de reunir en una misma edición escritos de intelectuales tan opuestos como Gabriel García Márquez y Guillermo Cabrera Infante, en un equilibrio que algunos todavía no entienden cómo se logra.
Nacido en una destacada familia falangista que tenía negocios en varios periódicos (su padre fue editor en jefe del periódico franquista Arriba y el abuelo, oficial de alta graduación de la Armada), Cebrián estudió bachillerato con quienes hoy ocupan ministerios en el gobierno socialista y por eso sus criticas al sistema no han sido fáciles de digerir. Tenía 17 años cuando se convirtió en reportero, a los 18 estaba en París y Londres estudiando y asombrándose del periodismo que se hacia, muy lejano del doméstico y atrasado que se practicaba en España. Antes de cumplir 20 años ya figuraba como editor de Pueblo y cuando algunos afirmaron que se debía a influencias del padre, renunció y entró a trabajar en un periódico nuevo, Informaciones, donde intentó aplicar lo que había aprendido en el extranjero, convirtiéndolo en el primer periódico dentro del régimen de Franco que era capaz de cubrir profesionalmente las noticias.
A los 21 años y durante poco tiempo dirigió los informativos en la televisión española y a los 22 años, recibió la oferta que cambiaría su vida y la de millones de españoles que querían informarse mejor, le ofrecieron encabezar un proyecto que estaba gestándose y habría de convertirse en El País.
El nuevo periódico apareció en los kioskos el 4 de mayo de 1976 y desde entonces se ha mantenido como el mejor, el más informativo, el más serio y también el más imitado de los periódicos españoles y europeos. Era una voz diferente, era un lenguaje cuidadoso (Cebrián y sus editores son acusados de esnobistas porque cada semana hacen sesiones dedicadas sólo a analizar el lenguaje utilizado por los redactores), era un tono más agresivo y menos complaciente. La prensa franquista a pesar de la actual supervivencia de algunos órganos estaba tocada de muerte. Cebrián abrió todas las puertas a la prensa y por primera vez en España, un reportero se atrevía a preguntar en una delegación de policía por qué un ciudadano era detenido. Antes, si escapaba de que lo golpearan también, podía sentirse con suerte. Cuando quiere mostrar a los visitantes de sus oficinas cómo era la prensa española antes de 1976, Cebrián toma uno de los ejemplares del día de Ya o ABC y lo muestra: "Así era la información antes de El País, conservadora y caduca".
Cuando quiere tener una idea exacta del país en que vive y trabaja, cuando no quiere dejarse tentar por la presunción y la arrogancia, Cebrián contempla las balas que reposan en uno de los muebles muy costosos de su oficina. Son balas encontradas en una manifestación estudiantil el año pasado en Madrid, las balas disparadas por orden de un ministro, socialista y amigo suyo. Esas balas, comenta Cebrián, me sirven para recordar que el poder, téngalo quien lo tenga, siempre será el poder, peligroso, enemigo de la Prensa cuando se vuelve intolerante.





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