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| 4/13/1992 12:00:00 AM

EL DESERTOR

El desertor Salvatore Gravano, la mano derecha de "El Padrino" de la mafia norteamericana, delata a su jefe y cuenta las intimidades de la Cosa Nostra.

EN LA SEGUNDA semana de enero de este año, John Gotti, el capo di tutti capi de la mafia neoyorquina salia del club social Raventini ubicado en pleno Manhattan. En la calle los peatones iban y venían, dos ciudadanos compraban un perro caliente en el puesto de la esquina, otros más allá ojeaban periódicos en un kiosco y alguien más esperaba con paciencia un taxi. A una señal que se produjo a través de un wakie-talkie escondido, los tales transeúntes desenfundaron sus armas oficiales, rodearon al capo y arrinconándolo contra la pared, le leyeron sus derechos constitucionales.

La escena correspondía al momento culminante de la película de la vida real de la mafia de Nueva York. El jefe de todos los capos, cabeza de la familia Gambino y jefe supremo de las cinco familias que manejan la mafia en Nueva York, había caído.

La figura no era nueva. En otras oportunidades Gotti había sido arrestado por las autoridades, pero había logrado sobrevolar los cargos y salir libre, convirtiéndose para su gente en una especie de héroe que poseía una legendaria astucia para esquivar las cárceles.

Sin embargo, esta vez la película no sólo no había terminado sino que estaba a punto de recomenzar. Salvatore Gravano, la mano derecha de John Gotti resolvió retar el férreo principio de lealtad que impera en la mafia, desertó y se convirtió en el más importante delator que haya tenido recientemente la justicia norteamericana. Gravano, arrestado bajo 11 cargos que incluían homicidio, se enfrentó al dilema que ofrece el sistema de justicia en los Estados Unidos: cumplir una sentencia de 100 años, o colaborar con la consecucnte reducción de la pena. El hombre de confianza del capo de todos los capos hizo su elección y la semana pasada subió al estrado y empezó a "cantar". Su testimonio no sólo incluye importante información para engrosar el expediente del fiscal sobre Gotti, sino que saca a la luz la realidad de una organización delictiva que ha sobrevivido durante los últimos 60 años con una estructura inquebrantable y una ley pareja para todos: la bala.

Como hace medio siglo, siguen siendo cinco familias italianas las que manejan los negocios más rentables que operan a la sombra de la justicia en los Estados Unidos: juego, prostitución, extorsión, alcohol y drogas. La familia Gambino liderada por Gott, ha sido en la vida real el equivalente a los Corleone de la película El Padrino.

Carlo Gambino, el gran capo de una generación atrás, fue quien inspiró al escritor Mario Puzzo para crear la figura de Don Corleone que interpretó magistralmente Marlon Brando en la película El Padrino. Gambino pasó a la historia, además, por ser el único de varias generaciones quien -como Don Corleone- murió de muerte natural. Apellidos como Colombo y Bonnano forman parte hoy del grupo de familias dominantes de la mafia que según la tradición se sometían al capo de la familia Gambino. Dentro de esa estructura piramidal, además, existe como en la película la figura del consiglieri, quien ocu pa un lugar privilegiado junto al gran jefe; luego siguen los capos de cada familia que a su vez tienen capitanes y asistentes. Para ingresar en este selecto grupo -al que pertenecía Gravano, hoy sentado en el estrado- se tiene que pasar por un juramento de silencio revestido de toda suerte de rituales. Además del pacto de hermandad que se usaba en la Edad Media abrirse una herida en la muñeca para unir la sangre-, Gravano tuvo que sostener en una mano la figura de un santo de madera ardiendo, que a pesar de que quemaba su mano no podía soltar, como prueba de una lealtad superior al dolor.

Pero quizás la historia más espectacular que ha salido del testimonio del delator es la del asesinato de Paul Castellano, quien precediera a Gotti en el sillón del trono y quien fue asesinado en una céntrica calle de Nueva York en 1985. Desde entonces se le adjudicaba el crimen a Gotti sobre la base de que Castellano (también como en la película) se negaba a entrar al negocio de las drogas en el que Gotti ya había ingresado. El caso es que lo que hasta ahora era sólo una especulación tomó la fuerza de una realidad en boca de Gravano. Según él, Gotti sentado al volante de un Lincoln sedan de vidrios polarizados, se instaló en compañía de Gravano en una esquina desde donde dominaba el que pocos minutos después sería el lugar del crimen un restaurante Sparks Stake House en donde Castellano solía comer. En el momento en el que el entonces gran capo descendía de su auto, los cuatro pistoleros de Gotti abrieron fuego acabando con Castellano y su chofer.

Al otro día las cinco familias se reunieron en una sesión extraordinaria y unánimemente nombraron a John Gotti como nuevo gran jefe de la mafia. En esa runión que fue muy tensa, Gotti y Garvano negaron saber nada del crimen, puesto que conocían que en el mundo de la mafia la pena por matar al jefe es la de la muerte.

Desde entonces John Gotti se convirtió en el gran capo que no le interesaba tanto que lo amen como que le teman. Hoy aplastado por el testimonio de su hombre de confianza -en el que incluyó 19 asesinatos, 10 de los cuales adjudicó a su jefe- Gotti enfrenta cadena perpetua. Gravano, por su parte redujo su pena a 20 años que en la práctica pueden ser 12 0 15, obtuvo derecho a visitas conyugales y al salir tendrá nueva identidad y una historia familiar ficticia.

Pero la historia no ha terminado. La semana pasada fue herida de bala la hermana de un testigo que estaba a punto de subir al estrado, lo cual deja entrever que la ley de la mafia para los delatores puede extenderse a terceros como medio de presión para bajarlos del estrado.

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