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| 5/1/1989 12:00:00 AM

El destape

El ex marido de Cristina Onassis, Thierry Roussel, confiesa que le puso los "cuernos" a la millonaria griega con una modelo sueca.

Cuando aún no habían acabado los rituales del sepelio de Cristina Onassis en noviembre del año pasado, y las revistas del mundo empezaban a imprimir su trágica historia, rumores sobre una posible doble vida de quien fuera su cuarto marido y el padre de su única hija, Thierry Roussel, le añadieron, como si ya no hubiera suficientes, más ingredientes a la azarosa vida de la millonaria griega.

Sin embargo, los rumores no eran tales. Eran verdad. Es lo que se ha venido a saber ahora cuando, por primera vez después de la muerte de Cristina, Thierry Roussel resolvió "abrir su corazón" y contarlo todo.

Y no sólo contarlo, sino mostrar las fotos de sus dos mujeres, Cristina Onassis y la sueca Gaby Landhage, con sus tres hijos: Athina, Erik y Sandrinc. "Cristina y Gaby son las dos mujeres de mi vida" ha dicho Roussel en medio de unas confesiones que intentan teñir de rosa lo que para muchos no es otra cosa que un escandaloso capítulo de "cuernos".

Todo parece indicar, sin embargo, que Cristina sabía que su marido tenía una amante con quien había tenido un hijo en la misma época que ella a Athina, y lo aceptaba. Hasta tal punto, que llegaron a pasar vacaciones juntas con sus hijos. El amor de Cristina daba hasta para eso. Y para mucho más, según versiones que empezaron a circular a las pocas horas de su muerte. Entre ellas, una afirmaba que Cristina quería tener otro hijo con Roussel y que le había propuesto segundo matrimonio con divorcio incluido de antemano. Tampoco faltaron las malas lenguas que aseguraban que Roussel le habría cobrado 100 mil dólares a Cristina por cada noche que había pasado con ella.

Para ponerle coto a los rumores, Roussel decidió hablar y dar su versión de la historia. Según él, para "restablecer la verdad; Athina podrá leerla dentro de muy poco tiempo, querrá comprender que si yo no defiendo la memoria de la madre que tan pronto la ha dejado, será ella quien sufra más tarde las consecuencias". Con este pretexto, Thierry Roussel abrió las puertas de su casa en Suiza y se confesó. Contó su versión de una historia que hoy tiene una protagonista menos.

Cristina y Thierry se conocieron muy jóvenes, pero él vivía con una modelo sueca, Gaby Landhage. Acepta sin embargo, que su amistad con Cristina se transformó en un amor de adolescentes "sin apremios". Hasta que un día, en la isla de Skorpios, el padre de Cristina, Aristóteles Onassis, les hizo saber que le gustaría verlos casados. Entonces Thierry solo tenía 20 años y no estaba muy seducido por la idea de decidir entre una mujer un poco mayor que él, gorda por más señas, depresiva y neurótica, y una seductora modelo sueca con movimientos de gacela. Pero él dice que "Cristina era el fuego. Gaby era la calma. Yo amaba a las dos apasionadamente".

Cristina siguió su vida, marcada siempre por la tragedia: una niñez abandonada, la separación de sus padres, la muerte misteriosa de su madre, la muerte de su único hermano, tres fracasos matrimoniales, la muerte de su padre, y una permanente lucha en busca de la felicidad y en contra de los kilos.

Thierry, por otro camino, hacía una vida de negocios y compartía su cama con la sueca. "Fueron nueve años de entendimiento perfecto-- dice. Hasta que un día Caby quiso volver a Suecia para terminar sus estudios".

Se produjo entonces la separación de Gaby, y tres años después el reencuentro con Cristina. "Yo pasaba las Navidades en Kenya con unos amigos, cuando Cristina me telefoneó... Yo volví a encontrar a la Cristina que amaba".

Ni corta ni perezosa, Cristina se trasteó a la casa de Roussel "con la desenvoltura de una estudiante en vacaciones", afirma él, y continúa: "Ella estaba entrando en mí, en mí vida, en la de mis amigos, compartiendo todos mis gustos. Aquel fue para nosotros un periodo eufórico. Nos casamos el 17 de marzo de 1984".

Vinieron luego cinco años de vida en común. "Queríamos crear una verdadera familia... Pero las dificultades lleguron del mundo exterior". Al parecer en forma de modelo Gaby reapareció en escena. "Me di cuenta de que la había amado siempre, que las amaba a las dos". Todo parece indicar que fue cuando decidió jugársela completa y asumir la doble vida. Gaby y Cristina esperaban su primer hijo para la misma época. Roussel le pidió el divorcio a Cristina. Ella se lo negó.

Más tarde, el segundo hijo con la sueca estaba en camino. Roussel decidió divorciarse. Cristina, sin remedio aceptó y sólo le pidió conservar el apellido. Pero hizo más. Se convirtió en amiga de Gaby. Se escribían y se veían con frecuencia. Inclusive, el año pasado se reunieron para pasar juntas las vacaciones con sus hijos. Están las fotos como testimonios únicos de un curioso episodio más en la vida de Cristina.

Hoy, Thierry Roussel guarda "en el secreto familiar, para mi hija Athina y para mí, todas las muestras de amor que su madre y yo nos dimos hasta la desaparición de Cristina".

Para la luz pública están las fotos de su nueva familia, tal vez su verdadera familia: Gaby y sus hijos Erik y Sandrine, y Athina, la heredera del imperio Onassis quien, ya de cierto modo marcada por la tragedia, seguramente intentará encontrar la felicidad que nunca alcanzó su madre.

Roussel, en un intento por normalizar su vida, dice: "Deseo tener una familia feliz y criar a Athina como si Cristina pudiera volver un día y decir: "Nada ha cambiado, ha sido un mal sueño" . La pregunta es si el fantasma de la tragedia de Cristina le permitirá conciliar el sueño. Al fin y al cabo, él también aportó sus dosis de pesadilla.--
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