Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/04/04 00:00

El dios 10

A tiempo que se estrena en Colombia un documental sobre su vida, Maradona está de nuevo de moda, esta vez como polémico director de la selección argentina de fútbol.

El dios 10

Diego nuestro que estás en la Tierra, santificada sea tu zurda, venga a nosotros tu magia, háganse tus goles recordar así en la Tierra como en el cielo...". Aferrados a esta oración, 40.000 fieles argentinos llevan casi 11 años creando un culto alrededor de la figura de Diego Maradona, el "eterno" número 10 albiceleste y su dios máximo. Nunca han perdido la fe y tienen suficientes razones para creer en sus milagros. Después de todo, cada vez que Diego ha caído al abismo, se ha levantado con más fuerza. Por eso ahora estos beatos del balón celebran que su ídolo, que estuvo a punto de morir por un ataque cardíaco cuando tuvo problemas con las drogas, esté de nuevo en la jugada con uno de los cargos más importantes de Argentina: director técnico de la selección de fútbol.

Como si se tratara de una metáfora de su vida, el comienzo de Diego como entrenador nacional fue un viaje entre el cielo y el infierno. Su debut oficial no pudo ser mejor. En el estadio Monumental, repleto y con una recaudación histórica, se vivió la noche del 10. Aplausos, cánticos en su honor y hasta una pancarta que decía "Maradona y once más" marcaron la victoria 4-0 ante Venezuela. "Fue el partido perfecto", sentenció Diego con alegría.

Todo cambió abruptamente cuatro días después cuando Bolivia, uno de los equipos más débiles de Suramérica, goleó 6-1 a Argentina, un resultado que iguala la peor derrota en la historia de esa selección (ante Checoslovaquia, en Suecia 58) y fue calificado por la prensa alrededor del mundo como un "ridículo", una "humillación gaucha" y un "tremendo 'knock-out'. Pero Diego, con una elegancia que sorprendió a más de uno, supo bajar la cabeza para afirmar que le habían ganado bien, que cada gol había sido "una puñalada en el corazón" y que había "que volver a comenzar", algo para lo que Maradona es todo un experto.

Porque después de varias crisis, el astro está hoy más presente que nunca y es de nuevo, como cuando era jugador, el centro de atención. En 2009 ha sido noticia por todo. Criticó el estado físico de Juan Román Riquelme, otro 10 controversial e ídolo de Boca Juniors, y la renuncia de este último a la selección terminó por convertirse en un culebrón que dividió a los argentinos. Revivió la disputa histórica con Pelé, quien dijo que Maradona es un "ejemplo negativo", a lo que el argentino respondió que el rey brasileño tampoco es un modelo de buen comportamiento, pues se inició en el sexo con otro hombre. Y celebró el nacimiento de su nieto, producto de una relación entre su hija Giannina y Sergio el 'Kun' Agüero, una de las figuras del Atlético de Madrid y hombre clave de la selección Argentina. Ya se habla del pequeño Benjamín como una promesa del fútbol por sus inmejorables genes.

En Colombia, además, por fin llegó en estreno el documental que sobre su vida produjo Emir Kusturica, un director calificado como el "Maradona del cine". Desde su perspectiva personal como fanático del astro, el serbio presenta las tres facetas de Diego: "el profesional de fútbol, el ciudadano políticamente incorrecto y el hombre de familia". Es la historia del argentino que pasó de la pobreza de su barrio Villa Fiorito, donde nació en 1960, a convertirse en el mejor jugador del mundo, y que luego tuvo una caída libre a un abismo autodestructivo por su drogadicción y su obesidad. Son los altos y bajos de un símbolo en el nivel mundial. "Si Warhol viviera, habría inmortalizado a Maradona", dice el serbio.

El trabajo cinematográfico, producto de la amistad y de las ideas políticas de izquierda que comparten Kusturica y Maradona, es una travesía por los lugares que marcaron la vida de ese hombre de 48 años: después de Villa Fiorito, la Bombonera, Nápoles, Cuba. Uno de sus ejes narrativos es el momento más grande de Diego como futbolista: el partido contra Inglaterra en el mundial de México 86, cuando convirtió el mejor gol de la historia de los mundiales y el más fraudulento, el de la "mano de dios". El mismo que Maradona y Kusturica ven como una venganza por la guerra de las Malvinas y como el triunfo de un país tercermundista sobre una potencia global. El mismo que todavía golpea a los ingleses.

Que esto siga motivando comentarios más de 20 años después es una prueba de que nunca se ha desvanecido el interés que genera la vida de Diego, más cercana a un drama de ficción que a una crónica de la vida real. "Diego es el ícono de la Argentina actual, como lo fueron Evita o Gardel en el pasado. Esté bien o esté mal, todo el país está paralizado", contó a SEMANA Julián Chavero, miembro de la iglesia maradoniana y ejemplo de la pasión que despierta el 'Pelusa'.

Porque aunque esa agrupación haya dicho una y otra vez que no es un movimiento religioso, no hay otro ex jugador que pueda darse el lujo de decir que existe un templo dedicado a reverenciar su nombre, con mandamientos, rezos y eventos como la celebración de la navidad el 29 de octubre, la víspera del cumpleaños de la estrella. La pasión es tanta, que incluso hay una propuesta para que la cara del técnico, como si se tratara de un prócer, aparezca en algunos billetes y monedas argentinas.

Pero así como Maradona es idolatrado, no son pocos sus contradictores. En el aspecto futbolístico ha sido criticada su poca experiencia como director técnico, y en el ámbito personal es rechazado el culto exacerbado hacia su figura y sus excesos reiterados como ser humano. "Maradona es un gran actor y ahora hace el papel de serio", explica el periodista deportivo Diego Bonadeo. "Hay un montón de cosas que no alcanzo a entender, como por ejemplo que se enfrente a Bush y sea amigo de Menem. Esas oscilaciones son propias de él y no se dan sólo en la cuestión ideológica y política, sino también en cuestiones vinculadas al fútbol", agrega.

Amado y odiado con fervor, esas oscilaciones son el elemento central para entender a Diego, un hombre que nunca ha aceptado términos medios y cuya vida se movido entre los extremos más lejanos. Por eso pasó de la pobreza de su infancia a ser objeto de transferencias millonarias en sus años de gloria. Por eso fue un deportista exitoso que luego pesó 124 kilos y tuvo un corazón debilitado. Por eso fue parrandero y mujeriego antes de terminar aislado en una clínica siquiátrica. Y por eso, también, ganó 4-0 su primer partido oficial como técnico para caer apabullado 6-1 cuatro días después.

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