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| 1/30/2010 12:00:00 AM

El 'doctor macabro'

El impacto que ha tenido la exposición 'Bodies' en Colombia ha traído a colación al controvertido médico Gunther von Hagens, creador de la técnica que permite exponer cadáveres como obras de arte.

Ha sido llamado el 'Doctor Muerte', el 'Frankesntein' moderno y comparado con Joseph Mengele, el médico nazi que experimentaba con cuerpos de judíos en campos de concentración. A pesar de estos calificativos, Gunther von Hagens, inventor de la técnica de plastinación que permite conservar cadáveres por un largo período de tiempo para estudiarlos o exponerlos como obras de arte, afirma que su único propósito es educar: "todo buen profesor es un animador".

El controvertido Von Hagens no es el creador de Bodies Real + Fascinante, la exposición de cuerpos y órganos humanos que pasó por Medellín y ahora se presenta en Bogotá. Sin embargo, gracias a él hoy es posible ver cuerpos muertos exhibidos con huesos, venas, nervios y músculos al aire. De hecho, el doctor Roy Glover, director de la muestra que estará en el pabellón nueve de Corferias hasta el 17 de mayo, dijo a SEMANA que "le debemos la técnica" a Von Hagens. "Ambos empezamos a hacerlo con fines educativos y luego, cada quien por su lado montó las exposiciones. El mundo es un lugar muy grande y creo que cabemos los dos". Bodies Real + Fascinante y Body Worlds, el espectáculo original creado por Von Hagens, son las dos exposiciones más famosas de cuerpos plastinados, aunque existen unas 18 más que le dan la vuelta al mundo.

Las diferentes exhibiciones muestran los cadáveres en poses curiosas y controvertidas: tocan el saxofón, hacen gimnasia o tienen relaciones sexuales. Y aunque para algunos resultan muy informativas e interesantes, otros las califican de macabras, degradantes y poco éticas. "Los cuerpos de los muertos deben ser tratados con respeto", opina Aaron Ginsburg, creador de una página de Internet con miles de seguidores para protestar contra este tipo de eventos. "Si tratamos nuestros cuerpos como simples objetos, degradamos el valor de la vida". Para el alemán Von Hagens este tipo de críticas es normal, pero no tiene sentido. "Yo no soy controversial, pero mi obra sí. Con ella le pido al público que trascienda sus creencias fundamentales y sus convicciones sobre nuestro destino inevitable", dijo en una entrevista al periódico británico The Independent.

Un destino al que el profesor Von Hagens, nacido en 1945, se enfrentó desde cuando tenía 6 años. Sufría de hemofilia y un portazo en la cabeza lo envió medio año al hospital. En su convalecencia, cuenta que una mañana oyó a un médico decir que no sobreviviría. "Pensé profundamente en la muerte -contaría después-. Y no, no le tengo miedo. Es totalmente normal y la vida es la excepción".

Cuando tenía cinco días de nacido, su padre, quien trabajó como cocinero para los nazis, lo metió en una canasta de ropa y lo sacó de su casa. Debían huir lo más rápidamente posible de Alt-Skalden (antes perteneciente a Alemania Oriental, hoy parte de Polonia), amenazada por una inminente ocupación rusa. Su familia lo recuerda como un joven solitario. Cuando todos se reunían alrededor de la televisión o la radio, él se alejaba para leer enciclopedias.

Sus profesores de la universidad de Jena, donde comenzó sus estudios de medicina en 1965, lo describen como un hombre brillante que rompía esquemas gracias a sus métodos poco ortodoxos. Esa forma de ser lo llevó no sólo a pensar en cómo usar los cuerpos para aportar a la ciencia, sino también a cuestionar el socialismo que regía entonces en Alemania Oriental. En unas vacaciones, Von Hagens trató de pasar a Austria, tierra capitalista y de pensamiento occidental. Pero las autoridades fronterizas lo detuvieron y lo enviaron a la cárcel, donde pasó dos años. Dice que sobrevivió en tiempos difíciles gracias a que creó un mundo fantástico que le serviría después en su carrera: "Todo lo que aprendí en prisión me ayudó en mi vida de científico". Alemania Occidental, país en el que terminó sus estudios de medicina, pagó una fianza por su libertad como preso político.

En 1977, cuando ejercía como residente y profesor de la Universidad de Heidelberg, encontró la fórmula del Éxito. Allí se le ocurrió que si reemplazaba el agua y las grasas de los tejidos del cuerpo por una solución plástica, los cadáveres durarían más tiempo sin descomponerse y podrían ser colocados en cualquier posición. Así nació la técnica que patentó y perfeccionó con los años. Hoy tiene un laboratorio de momificación de humanos y animales en Kirguistán, otro en China y un monumental taller abierto al público en Alemania (Plastinarium).

Al principio usó el proceso únicamente para investigación y enseñanza, pero después se dio cuenta de que también podía utilizar los cuerpos como obras de arte. Sucedió después de mostrarlos en varias conferencias. "Tuve varias discusiones: ¿Es arte o no? -dijo Von Hagens al periódico británico Sunday Telegraph-. Siempre dije no, no, no. Pero después me di cuenta de que la gente veía los especímenes emocionalmente. Entendí que las personas se reconocen y adquieren una especie de orgullo por su cuerpo".

El 'Doctor Muerte' ha sido descrito por la prensa como un multimillonario sin carro, que usa ropa barata y come en restaurantes populares. Su esposa actual, que es también la organizadora de sus exposiciones, dice que a su marido no le gusta salir, bailar ni socializar, pues si lo hace perdería tiempo valioso que dedica a su obra. Asegura también que él trabaja 100 horas en cada cuerpo y que su equipo puede tardar 1.500 horas en plastinar una persona.

Von Hagens ha sido acusado de usar en sus laboratorios cadáveres de chinos que sufrieron la pena de muerte y pacientes de instituciones siquiátricas en Kirguistán sin permiso de sus parientes, pero nunca se ha podido comprobar. Él sostiene que todos los cuerpos han sido adquiridos legalmente y que más de 6.000 personas ya se han inscrito para donarle al menos uno de sus órganos. Pero ante los escándalos, decidió que su instituto en China se dedicaría únicamente a disecar animales. Sin importar sus argumentos, la Iglesia y otras instituciones lo han calificado de mercader o "showman" de la muerte.

Para Nohora Elizabeth Hoyos, directora de Maloka, centro que tiene a cargo la programación académica de Bodies Real + Fascinante, este tipo de exposiciones es importante porque "el cuerpo es mucho más que una obra de arte, es lo único que tenemos todos en común. Hay que romper el paradigma de que es incomprensible y sólo le compete al sector de la medicina".

Luis Fernando Espinel, químico farmacéutico que trabaja en el laboratorio de plastinación de la Universidad de los Andes, uno de los siete que hay en el país, explica que todos los cadáveres son donados por el Instituto de Medicina Legal y que cada centro de investigación recibe en promedio un cuerpo al año.

Hoyos está abierta a la posibilidad de donar sus órganos a la ciencia cuando muera. Igual que el doctor Von Hagens, quien ya plastinó a uno de sus mejores amigos y ahora espera que lo hagan con él y sus hijos: "En Alemania, tomó 40 años para que parara la controversia sobre la desnudez, y hoy es normal para un modelo o actor desvestirse. Confío en que algún día a la gente le parezca increíble que los cuerpos plastinados no fueran aceptados universalmente desde un principio".
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