Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/07/01 00:00

EL DUEÑO DEL BALON

CON ESCASOS 33 AÑOS EL PRESIDENTE DE LA CAMARA DE REPRESENTANTES, RODRIGO RIVERA, HA TRATADO DE REVESTIR DE LEGITIMIDAD Y GARANTIAS UN PROCESO DURAMENTE CUESTIONADO

EL DUEÑO DEL BALON

En un país como Colombia el presidente de la Cámara de Representantes suele pasar prácticamente inadvertido ante la opinión pública. Incluso la mayoría de los colombianos no alcanza a conocer su nombre cuando llega el relevo. Sin embargo, en esta oportunidad no hay duda de que el pereirano Rodrigo Rivera será la excepción a la regla, como cabeza de esa corporación, durante el primer proceso que llega a la Cámara contra un presidente en ejercicio. Con apenas 33 años, Rivera ha logrado construir una carrera política tan vertiginosa como seria. Es un estudioso que se sabe expresar y es respetado por sus colegas. Por cuenta de su pasado gavirista, que lo llevó a convertirse quizás en el suplente a la Cámara más joven de Colombia como segundo en la lista de Fabio Villegas en 1990, se ha ganado la desconfianza de los ultrasamperistas. Pero al mismo tiempo las buenas relaciones con el actual gobierno desde las pasadas elecciones legislativas lo volvieron desconfiable para los gaviristas. Esta curiosa posición, sobre la cual los analistas no han podido establecer con claridad cuáles son las ventajas y cuáles las desventajas, ha hecho que ni samperistas ni gaviristas sepan exactamente qué está pensando, algo bastante útil para quien debe hacer de árbitro en este delicado round. Por encima de esta situación, lo cierto es que Rodrigo Rivera ha empezado a dar la pelea para que, independientemente del resultado del debate, la Cámara de Representantes salga bien librada, algo que no será nada fácil. En las primeras dos sesiones trató de que todas sus decisiones fueran aprobadas por consenso, pero se dio cuenta de que eso era una locura. El jueves pasado, en cambio, impuso su autoridad, logró separar el debate jurídico del debate por indignidad, garantizó el uso de la palabra de Rodrigo Arcila _el único investigador que propuso acusar_ y en general la estrategia le dio mejores resultados. Sin embargo el desafío aún está lejos de terminar. Durante todo este proceso el presidente de la Cámara tendrá que seguir en la lucha para impedir la aceleración de las discusiones por parte de los samperistas, quienes han dado señas de querer dirimirlas a pupitrazo limpio y a paso de carga. Por otro lado, desde el punto de vista personal, tendrá que jugarse su criterio en un momento crucial de su carrera, justo cuando ha logrado erigirse en uno de los congresistas con mayor futuro político. Estos son los riesgos del primer presidente de la Cámara que ha ganado la atención de los colombianos. Pero para Rivera este precedente sólo será una ventaja si las cosas salen bien.

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