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| 7/6/1992 12:00:00 AM

El enemigo de Fujimori

El asilo otorgado por Colombia al ex presidente peruano Alan García pone a caminar en la cuerda floja las relaciones entre los dos países.

EL EX PRESIDENTE PERUANO ALAN García es uno de los personajes que más sentimientos encontrados ha generado durante su vida pública. Su trayectoria ha sido de grandes extremos en términos de popularidad, y las vicisitudes de su quehacer político lo han llevado a poner en situaciones difíciles a amigos y enemigos.
De ser en 1985 -cuando asumió la presidencia- una de las figuras más populares del continente y el hombre que en ese momento representaba el nacimiento de una nueva generación de primeros mandatarios latinoamericanos, pasó a ser en 1990 -al final de su mandato- el responsable para el mundo de un país en quiebra. Cuando se retiró de la presidencia para continuar a la cabeza de su partido, el Apra, se pensó que su nombre pasaría al reposo en espera de mejores tiempos. Lejos de eso, a los pocos meses su nombre saltó a las primeras páginas de los diarios del mundo con un escándalo sobre enriquecimiento ilícito. Después de un largo proceso, la Corte Suprema de su país lo exoneró de todo cargo y de nuevo se pensó que el ex presidente haría uso de un discreto retiro temporal. Pero cuando la semana pasada anunció su asilo en la embajada de Colombia para posteriormente trasladarse al país, quedó claro que Alan García todavía va a dar mucha tela para cortar. Sobre todo para el Gobierno colombiano.
La decisión del gobierno de César Gaviria de otorgarle el asilo al ex mandatario se basó en un principio del Derecho Internacional, del cual Colombia se ha presentado ante el mundo como el gran adalid. Más que querer asilarlo, el Gobierno parece sentirse en el deber de hacerlo. Sin embargo, el suceso necesariamente se convierte en una piedra en el zapato en las relaciones entre los dos países. Algunos antecedentes como la posición no precisamente comprometida del presidente Fujimori en la cumbre antidroga de San Antonio, sus medidas contra el programa de disminución de aranceles en el Grupo Andino, y algunos roces entre cancilleres hacían que la relación, aunque no mala, no fuera precisamente una luna de miel. El golpe de estado no ayudó mucho, pues puso al Gobierno colombiano ante el dilema de respetar el principiom de autodeterminación de los países, y mostrarse de acuerdo con una forma de dictadura. Perú es un país fronterizo y tenemos con él intereses comunes relacionados con el tema del narcotráfico. Además para Colombia en términos comerciales es el segundo país del Grupo Andino. Todo esto hace que el reciente asilo de Alan García represente para el gobierno de Gaviria un malabarismo en el que no es fácil mantener el equilibrio. Pero lo cierto es que este hombre está en Colombia, país que le gusta y en cuyas librerías se le verá la mayor parte del tiempo, y que tanto aquí como en el Perú se oirá hablar -y mucho- de Alan García en los años que vienen.-
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