Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/9/1993 12:00:00 AM

EL ESPIA Y LA DAMA

Treinta años después, dos de los protagonistas del famoso "caso Profumo" se encuentran en Moscú.

EN 1963 EN INGLAterra sólo se hablaba de una cosa: el caso Profumo. Los hechos del célebre "affaire" hoy son historia. Christine Keeler, una atractiva modelo de 21 años, mantenía relaciones íntimas con John Profumo, ministro de Guerra del gabinete MacMillan. Pero al mismo tiempo se veía en secreto con Eugene Ivanov, agregado de la marina soviética en Londres y espía encubierto del Kremlin. Aprovechándose de la relación que la joven mantenía con el Ministro, Ivanov conoció secretos de Estado que transmitió a su gobierno en tiempos de la guerra fría. Al hacerse pública la doble relación cayó sin más remedio el gobierno MacMillan, dando paso a lo que entonces se conoció como el "escándalo de siglo".
Treinta años han pasado y la vida de sus protagonistas ha cambiado por completo. Para los ingleses, este episodio de su historia es algo que aún hoy causa escándalo y verguenza. Por eso John Profumo, después de haber tenido que devolver el sello de su ministerio a la Reina, se retiró de la vida pública a una existencia prácticamente anónima.
Christine Keeler, la hermosa mujer de antes, hoy de 50 años, vive olvidada en Londres, sobrevive con una pensión de la seguridad social y alquila habitaciones para mantenerse. Eugene Ivanov, el amante y espía, huyó a su patria con el orgullo de haber hecho tambalear la corona británica y dimitir a Profumo. Ahora es un hombre de 67 años, viejo, débil y enfermo, quien no refleja rastro alguno del osado militar de entonces.
Pero para quienes creían que la historia había terminado, lo que sucedió en Moscú la semana pasada fue una sorpresa. Christine Keeler y Eugene Ivanov se reunieron por primera vez después del escándalo. El recibimiento fue el de dos antiguos amantes: champaña, un beso y un abrazo, una caja de chocolates y una cena íntima. Para la Keeler volver a ver a Eugene era una verdadera obsesión, pues quería aclarar muchos episodios del escándalo. Ivanov también quería explicarle como había decidido seducirla para lograr que Profumo cayera.
Encontrarse de nuevo fue tan emocionante como verse por primera vez. Y las confesiones no se hicieron esperar. Ivanov reconoció que su interés por ella nació en el momento en que la vió en los brazos de Profumo. Para él, Keeler era una mujer atractiva como muchas pero con el encanto único de poder transmitirle los secretos que el ministro conocía. Lo que el espía quería era comprometerlo para obligarlo arenunciar. Para Christine, la versión de la historia es completamente diferente. Según ella, Stephen Ward, el hombre que la "conectaba" con sus amantes, era el espía más importante de los rusos en Londres. Ward se dedicaba a reclutar jovencitas atractivas con el propósito de ampliar su marco de influencias entre las personalidades de la época. Para ella su relación con Ivanov fue producto de una simple orden que Ward le dió al espía. Christine, aún hoy, asegura que Ivanov trabajaba para Stephen Ward, pero también pide que se reconozca que: "Stephen no era mi proxeneta y yo su prostituta ". En lo que sí ambos estuvieron de acuerdo fue en admitir que la guerra fría debía terminar y que sólo la llegada de la perestroika y la caída del comunismo podía hacer posible encontrarse nuevamente y revivir los momentos del ayer.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.