Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1996/07/01 00:00

EL ESPIRITU DE LA SELVA

UN INDIGENA COLOMBIANO, JOSE MENDOZA O JIKITI BUINAIMA, LLEGO A FRANCIA POR UN LIBRO EN EL QUE DESCRIBE LAS DIFICULTADES DE SU RAZA.

EL ESPIRITU DE LA SELVA

Desde cuando José Mendoza, un indígena del Amazonas colombiano decidió hace cinco años emprender un largo viaje hacia Francia, el país de la cultura y la civilización, pasó de ser un aborigen común y corriente a ser Jikiti Buinaima, un respetado escritor en ese país. El encuentro casual con una francesa y la relación entre los dos fue el estímulo que lo llevó a enfrentarse con ese mundo ajeno que finalmente le dio la oportunidad de reivindicar sus raíces. Al lado de Luis Sepúlveda, Paco Ignacio Tabio II, Patricio Manns y toda la nueva ola de escritores latinoamericanos, leídos por un público francés ávido de aventura, se encontraba Jikiti Buinaima. Su nombre "civilizado" es el que le pusieron los misioneros para hacerle olvidar su origen, según cuenta en su relato. Sin embargo, a su libro El espíritu de la selva prefirió firmarlo con su verdadero nombre y es así como también firmó las dedicatorias a los numerosos visitantes del Séptimo Festival Internacional del Libro de Saint Malo (Bretaña), conocido por agrupar, año tras año, a los mejores autores de aventura y crónicas de viaje del mundo. En unas pocas semanas Jikiti ha logrado llamar la atención del público por su relato sobre "la selva madre", en donde creció al lado de su abuelo chamán, de quien aprendió los secretos milenarios de los guardianes del Amazonas. También narra su vida errante, luego que la carretera entre Leticia y Tarapacá destruyera su hábitat y su tribu. El libro da cuenta de la larga lista de visitantes, científicos, misioneros, contrabandistas, colonos y bandoleros que contribuyeron a exterminar a su gente, los miraña. Los misioneros acabaron la cultura, los científicos trabajaron para las multinacionales que luego le quitaron la tierra, los traficantes los maltrataron y los condenaron a la miseria. Jikiti juró a su madre vengar el dolor causado por los intrusos. Allí donde el hombre blanco llegaba, dejaba tras de sí desolación y destrucción: niñas y mujeres violadas, indios maltratados, familias con hambre. Un día Jikiti decidió armarse, robarle a los blancos armas de fuego para poder luchar en igualdad de condiciones y no con flechas y sabacanas, pero pronto entendió que su única forma de sobrevivir en un mundo cada vez más industrializado era hablando el idioma del enemigo. Así aprendió a leer y escribir en una escuela de Leticia. Entonces empezó a lavar su pasado indígena miraña. Pero el destino, quizá para burlarse de él o para que él hiciera las paces con los blancos, puso en su camino a "una mujer clara de mirada azul" que viajaba por el Amazonas. Se trataba de Patricia Sauvage, una francesa apasionada por la selva y la aventura. Se conocieron en una isla, la isla Santa Sofía. El la vio y según parece quedó verdaderamente 'flechado', pues le ofreció un ramo de heliconas. Patricia también quedó presa de la magia del lugar y de los encantos de Jikiti, quien la llevó a vivir con él y con los sobrevivientes de su comunidad. "Mi familia primero se opuso _recuerda él_ pero a medida que pasaba el tiempo, ella comenzó a aceptar nuestras tradiciones, la comida, la manera de vivir, y se convirtió en la hija predilecta de mi mamá". Años después nació Sara. Tal vez por ella y porque Patricia pensaba que la voz de Jikiti se escucharía más fuerte en Francia, lo convenció de venir a conocer su país. Pero el choque con la civilización europea fue grande. Así describe Jikiti su llegada a París: "Eran casi las cuatro de una tarde luminosa de finales de abril de 1991, cuando aterrizamos en el aeropuerto Charles De Gaulle. Yo juré nunca volver a subirme en un avión y regresar por barco a mi país. Esa era mi primera lección y comprendí que me sería difícil acostumbrarme al país donde nació mi esposa". Hoy, sin embargo, considera que "esa riqueza espiritual que tenemos nosotros los indígenas, ese depósito de energía positiva que hemos aprendido en la selva me ha ayudado a vencer estos obstáculos muy duros de vivir aquí. Hoy en día estoy un poco adaptado a este medio ambiente y llevo la selva dentro de mí. Yo sé que tarde o temprano tengo que regresar a donde nací, porque este no es mi lugar. Este es sólo un viaje, una expedición a Europa, donde por primera vez escuchan a un indígena, y esto para mí ha sido un triunfo". En Francia conoció al presidente de una ONG de defensa de los derechos indígenas quien, asombrado por sus conocimientos, le obsequió una máquina de escribir eléctrica. Con ella redactó en español el texto que luego sería traducido y que aparecería en francés bajo el nombre de L_Esprit de la Foret. El libro, según Marie Boué, de Les éditions de París, "fue inmediatamente aceptado por la editorial, que no dudó un instante en publicarlo". Ahora Jikiti pasa una parte de su tiempo dictando conferencias en diferentes países del mundo. Gracias a su trabajo ha podido encontrar personalidades, como el ministro de la Cultura de Francia, y realizar un proyecto de defensa de la Amazonia que tiende a reivindicar los derechos territoriales indígenas, a trabajar la tierra a partir de la agricultura biológica, utilizando el conocimiento indígena porque "en ese campo nadie nos puede recriminar nada, hemos cuidado la selva durante siglos". n n Pasa parte de su tiempo dictando conferencias en distintos países

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