Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1998/06/01 00:00

EL ETERNO JUGLAR

El homenaje a Rafael Escalona en Valledupar es el reconocimiento a quien ha hecho del vallenato un símbolo de Colombia ante el mundo.

EL ETERNO JUGLAR

La semana pasada la tarima de Francisco El Hombre fue otra vez testigo de la coronación de un nuevo rey vallenato. Pero independientemente de los resultados de la edición número 31 del festival, quienrecibió el aplauso unánime de los asistentes de la que es considerada la mayor parranda de Colombia, fue Rafael Escalona.
El célebre compositor, uno de los pocos autores vallenatos que se ha dado el lujo de poner a circular sus canciones alrededor del mundo, no sólo recibió un merecido homenaje de parte del público y los organizadores del festival, por sus aportes a la música popular colombiana. También tuvo la oportunidad de revivir sus viejas parrandas, muchas de las cuales le sirvieron de inspiración para darle nacimiento a algunos de sus mejores temas.
Si Cien años de soledad ha sido catalogado como una larga composición vallenata, las canciones de Rafael Escalona tienen mucho del encanto de la novela de García Márquez. Comenzando por sus orígenes. Mientras el Nobel colombiano le atribuye gran parte de su imaginación a los relatos que escuchaba de su abuela en su natal Aracataca, Escalona ha confesado en su libro La casa en el aire, de reciente aparición, que muchas de sus letras surgieron de los cuentos que le narraba en Patillal el viejo Pedro, su padre,un campesino alegre y soñador que se la pasaba conversando con las piedras y los pájaros.
Esa sola confesión sirve de antesala para comprender el universo mágico de Escalona. Sin tocar instrumento alguno, incluso sin interpretar sus propias canciones, este romántico juglar supo ganarse un sitial de honor de las antologías vallenatas con historias tan cotidianas como fantásticas. Para muchos especialistas, el valor de Rafael Escalona reside en que supo decir en cortas estrofas lo que el propio García Márquez narró en miles de páginas: la realidad de un país nostálgico por naturaleza que al mismo tiempo es capaz de producir los episodios más increíbles sin reconocer en ellos su propia identidad.
Más de 50 años después de haber comenzado su faena, Rafael Escalona ha logrado conseguir, casi sin saberlo, un sueño que muy pocos autores, incluidos los literarios, pueden narrar: la universalidad de un sentimiento verdaderamente autóctono. No por otra razón las multitudes reunidas en Valledupar durante el festival vallenato no hicieron otra cosa que aplaudir su genio y su presencia, pues antes de que el certamen concluyera ya Rafael Escalona había pasado a convertirse en una leyenda de su propia historia.

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