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| 6/14/2008 12:00:00 AM

El exorcista

En España está causando revuelo el libro de un sacerdote que asegura haber liberado a muchas personas de la posesión demoníaca.

"El mayor triunfo de Satanás es hacernos creer que no existe", afirma el sacerdote español José Antonio Fortea, cuyo reciente libro Summa Daemoniaca revela los secretos de su oficio como exorcista. Con 40 años, es uno de los cinco sacerdotes exorcistas de España y el primero en divulgar abiertamente su lucha contra el demonio. Aunque es párroco de Achuelo, una aldea de 700 habitantes cercana a Madrid, se le considera uno de los grandes especialistas mundiales en demonología. Estudió teología en la Universidad de Navarra, pero niega que pertenece al Opus Dei y se declara un sacerdote del siglo XXI al que le gustan Los Simpson, los grafitos, películas como Blade Runner, además de la música de Bach y la obra de Tomás de Aquino.

Según Fortea, el mayor peligro del mundo moderno se desató en los años 70 cuando muchos teólogos aseguraron que Satanás era sólo un símbolo y no algo real. Con ello, asegura, desapareció de casi toda Europa el ministerio del exorcismo, que ahora sólo se practica en el Vaticano y en algunos países católicos, de la mano de unos pocos sacerdotes formados, como él, en la lucha contra el demonio.

Su nuevo libro ofrece 183 preguntas y respuestas con los casos más representativos de su combate contra los demonios, que, según explica, asumen formas diversas y toman posesión de toda suerte de personas.

Uno de los casos más llamativos fue el de una niña de 11 años. Fortea acudió a su casa sin vestimenta sacerdotal, sólo ataviado con una bata blanca y, fingiendo ser un sicólogo, le propuso a la menor un juego de palabras con un texto que ella debía repetir. "Mientras ella recitaba aquello, yo le hablaba. Tardé casi dos minutos en decir algo que fuera una oración, para que la niña no sospechara nada. Fue en ese momento cuando en medio de todo lo que yo estaba diciendo introduje una sola orden en latín. Mi sorpresa, y la de los padres, fue mayúscula cuando la rubia niña me dijo: 'El demonio me dice que le estás preguntando su nombre'. Era cierto".

Lo primero es saber a qué demonio se enfrenta. Algunos aparecen en la Biblia como Lilith, Asmodeo, Seirim o Apollyon, mientras otros los revelan las víctimas durante los exorcismos: Elisedei, Quobad, Jansen, Eishelij, entre muchos. Se trata de seres espirituales de naturaleza angélica condenados eternamente, según dijo Fortea a SEMANA. Tienen gran capacidad para hacer mal, nunca expresarán una mínima compasión por nadie y no suelen mostrarse mediante espectaculares posesiones cinematográficas, sino con las más sencillas tentaciones. Son estas las que revelan la posesión demoníaca cuando se presentan "sin causa razonable, muy intensas y persistentes".

La buena noticia que da Fortea es que el poder de los demonios es menor al que muestra Hollywood, y todo se debe a que "Dios los mantiene atados y sólo les permite actuar cuando surgen razones para ello, aunque a veces se nos escapen esos motivos". Para el sacerdote, pese a que se trata de seres superiores al hombre, los demonios son limitados porque no pueden leer el pensamiento, desconocen el futuro y tampoco pueden hacer milagros. Su maldad radica en que si se les convoca en serio, a través de hechizos o maleficios, es muy probable que acudan a la llamada y tomen posesión de las personas.

"Una posesión diabólica es el fenómeno por el que un espíritu maligno reside en un cuerpo y en determinados momentos puede hablar y moverse a través de ese cuerpo sin que la persona pueda evitarlo", dice Fortea, quien asegura que "queda poseso el que le abre una puerta al demonio" y lo invita a suscribir un "pacto" o asistiendo a sesiones espiritistas.

Muchos, dice, intentan establecer tal pacto con el Diablo, pero esto sólo ocurre cuando "Dios lo permite", y si lo hace es sólo "para que podamos asomarnos al mundo de odio y sufrimiento demoníaco" y poder producir "saludables enseñanzas para los hombres".

El problema para Fortea es que la posesión demoníaca y el exorcismo es un tabú dentro de la propia Iglesia. Para su tesis doctoral sobre el exorcismo en la actualidad (que realizó a principios de 2000), Fortea recorrió el mundo, asistió a 14 exorcismos y se sumergió durante un mes en la Biblioteca del Congreso en Washington para recoger información sobre lo que se ha dicho históricamente a favor y en contra de su oficio. Para él, el exorcismo es un "derecho" de los fieles. Cree que a muchas personas se las termina enviando al manicomio por casos que perfectamente pueden ser curados mediante la oración. Hoy el oficio del exorcista católico se aprende en el Vaticano con cursos de dos meses de duración que se imparten en el prestigioso Ateneo Pontificio Regina Apostolorum y que tratan sobre la antropología del satanismo, sus contextos histórico y bíblico y sobre la posesión diabólica.

Y es que la oración es la clave de todo para este sacerdote que asegura haber practicado al menos cuatro exorcismos de gran calado. Solo con ella se le puede exigir al "maligno" abandonar el cuerpo de la víctima. Fortea asiste a sus exorcismos con agua bendita, la Biblia y la medalla de San Benito, que lo protege contra el demonio gracias a unas letras que simbolizan la siguiente oración: "Cruz del Santo Padre Benito/ mi luz sea la Cruz santa/ No sea el demonio mi guía/ ¡Apártate Satanás!/ No sugieras cosas vanas/ Pues maldad es lo que brindas/ bebe tú mismo el veneno".

Una de las afirmaciones prácticas que más sorprenden en el libro de Fortea es, refiriéndose a la lucha contra el demonio, "si a las tres horas no sale, hay que dejarlo para otro día". Hay casos "sencillos" donde en una o en unas pocas sesiones se consigue la liberación del poseído, mientras hay otros que se prolongan a meses o años.

El caso más largo de Fortea es el de Marta, una joven universitaria con signos evidentes de posesión demoníaca: convulsiones, trances, fluidez para hablar lenguas desconocidas previamente por la víctima y rechazo a lo sagrado. "En tres ocasiones llegó a levitar", dice Fortea. "Ni su madre ni yo albergamos la menor duda acerca del carácter sobrenatural de lo que padecía". Marta lleva más de cinco años poseída y por ella ha rezado y sigue rezando el padre Fortea, con un promedio de tres horas semanales, pero no ha podido liberarla. Sin embargo, cree que al final lo logrará y la joven recuperará su vida.

"Creer que Satanás no existe nos ha hecho mucho daño", dijo Fortea a SEMANA. "La gente ha dejado de confiar en la Palabra de Dios como autoridad perfecta en la que no cabe error. El tema del demonio, que ha sido el primero en ser barrido por la teología más modernista, es uno de los que más se están recuperando porque la realidad prevalece".

La aldea de Achuelo es quizá la única del mundo donde los feligreses, desde el alcalde hasta la Policía, asisten a los exorcismos del padre Fortea. "La poca información es el tabú que se ha creado en torno al exorcismo. El demonio lo sabe bien: cuanto menos se conozca de sí mismo o de la labor de la Iglesia contra él, pues mucho mejor. Pero, claro, es lo que le interesa a él. A mí lo que me interesa es que sus planes queden descubiertos. Un exorcista, ante todo, debe saber que existe el demonio y que existe la posibilidad del exorcismo y la liberación de los poseídos".
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