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| 7/14/2012 12:00:00 AM

El gigante de la pantalla

Mario Kreutzberger, conocido como Don Francisco, rompió un récord mundial: cumple 50 años al frente de ‘Sábado Gigante’. ¿Cómo se convirtió este chileno, hijo de judíos perseguidos por los nazis, en uno de los presentadores de televisión más famosos del mundo?

El chileno Mario Kreutzberger estaba destinado a ser sastre. Cuando cumplió 16 años, su papá lo mandó a Nueva York a estudiar confección en un instituto tecnológico, pero Marito, como le decían, prefirió encerrarse en su cuarto de hotel a ver televisión. Quedó tan fascinado con la ‘cajita mágica’ que, al regresar a Santiago, consiguió un espacio en el canal de la Universidad Católica y lanzó un concurso llamado Show Dominical. Aunque el proyecto no fue un éxito, el joven animador no desistió: simplemente cambió el nombre del programa por el de Sábado Gigante y su nombre por el de Don Francisco.

Pronto los pocos espectadores que se sentaban sagradamente frente a sus pantallas todos los fines de semana se multiplicaron. El show conquistó al público hispano a mediados de los ochenta y desde entonces se transmite por Univisión en más de 40 países. Es tal su éxito que, según el libro Guinness World Records, Sábado Gigante es el programa más longevo de la televisión mundial y su presentador, de peinado engominado y figura bonachona, es uno de los personajes más conocidos entre Miami y la Patagonia. No en vano está celebrando 50 años al frente del popular espacio, algo insólito en el mundo del entretenimiento.

“Puede que el formato esté pasado de moda, pero hay televidentes que todavía se toman a Don Francisco muy en serio porque es el típico chileno de clase media que se hizo millonario y famoso trabajando duro”, le dijo a SEMANA la historiadora Donna Halper, autora del libro Icons of Talk: The Media Mouths that Changed America. Kreutzberger es hijo de judíos alemanes –un boxeador convertido en sastre y una cantante profesional de ópera– que para escapar del régimen nazi buscaron refugio en Talca, una ciudad a 250 kilómetros de Santiago. Su sueño era abrir una tienda de telas y cuando vieron que el negocio podía prosperar, se trasladaron a la capital.

El humor y el teatro le sirvieron a Mario para superar el estigma de inmigrante con el que tuvo que lidiar desde niño. Debutó en las tablas mientras estudiaba en el colegio y, aunque su papá quería que se dedicara a la empresa familiar, terminó imponiéndose el gen artístico que heredó de su madre, Anna Blumenfeld. Curiosamente, durante todo el tiempo que el programa ha estado al aire solo se dejó de transmitir la semana en que ella murió. Kreutzberger cree que el secreto de su supervivencia es sencillo: “‘Sábado Gigante’ ha durado tanto porque se parece a lo que los chilenos llamamos cazuela –le explicó al periódico The New York Times hace unos años–. Tiene un poquito de todo, como la vida”. Las bailarinas, los humoristas, los imitadores y los acróbatas, incluso, sobrevivieron a la dictadura militar de Augusto Pinochet, pues la mayoría de televidentes consideraba el show como un refugio, al menos por ocho horas.

En 1978, Kreutzberger, consciente de su enorme poder de convocatoria, creó la Teletón, un evento para recaudar fondos destinados a la beneficencia que no demoró en replicarse en el resto de Latinoamérica, incluida Colombia.

Pero el estrellato también le ha traído varios escándalos, como la demanda por acoso sexual de una modelo que trabajó cuatro años a su lado o la denuncia de un hombre que asegura ser su hijo. En ambos casos Don Francisco se salió con la suya y hoy, a sus 71 años, su popularidad se mantiene intacta. De vez en cuando se ayuda con una que otra cirugía plástica para reducir la papada –hace unos años organizó una gran rueda de prensa para presentar su nuevo rostro– y, como buen supersticioso, sigue usando la misma billetera vieja donde guardó su primer sueldo hace medio siglo.
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