Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1988/11/07 00:00

EL GORRION DE PARIS

A 25 años de su muerte, Edith Piaf vive en sus millones de admiradores.

EL GORRION DE PARIS

Luego de una penosa enfermedad, el 11 de octubre de 1963 murió en París la cantante más importante de Francia en el presente siglo: Edith Piaf. Desde entonces, sus discos no han dejado de sonar y de reeditarse. Su voz sigue escuchándose alrededor del mundo y, hasta el momento, no ha aparecido la mujer capaz de llenar el vacío que ella dejó.

Edith Giovanna Gassion nació el 19 de diciembre de 1915 en una sórdida calle de París, a la luz de un farol, después del regreso de su padre de las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Desde un comienzo, la vida atropelló a la pequeña Edith quien, pocos días después de su nacimiento, fue abandonada por su madre y quedó al cuidado de la abuela. Su primera infancia transcurrio en el ambiente de un burdel, donde era alimentada a base de vino tinto. El descuido en que creció fue tal, que sólo cuando cumplió 4 años se dieron cuenta de que era ciega. Como no había nada más que hacer, las "señoras" del burdel acudieron a Sor Teresa del Niño Jesús. La niña recuperó la vista al cumplir 7 años. Edith consideraría el hecho como un milagro que habría de marcarla para toda la vida.

Poco tiempo después, en compañia de su hermana Simone, Edith comenzó a cantar por las calles de la capital francesa a cambio de las ocasionales monedas de los transeúntes. También comenzaron sus turbios amores, a los que Edith se entregó siempre con pasión. "Era siempre el primero y el último amor, aquel que sólo se siente una vez y que dura toda la vida. Era celosa, posesiva, dudaba, gritaba, encerraba a sus hombres bajo llave", escribió su hermana. Aún adolescente, Edith conoció a Louis Dupont, un mensajero de bicicleta con el que tuvo su única hija, Marcelle. Dupont la convenció de dejar el canto y le consiguió un puesto como tejedora de coronas mortuorias.

Pero su amor por Dupont pronto acabaría y su pasión por el canto la llevó a abandonar el puesto de tejedora y a regresar a las calles. Las dos hermanas alquilaron un cuarto en el hotel Au clair de lune, donde sobrevivían con la pequeña Marcelle. De día cantaban en las calles y de noche, mientras la niña dormía "se presentaban en una sórdida botte, la Juan les-Pins, donde el amor se convertía en tristeza. Al respecto, Edith recordaba que allí se respiraba una atmósfera densa, "llena de tristeza hasta sentir el deseo de morir. Estábamos allí desde las nueve de la noche hasta que el último cliente se dejaba caer ante la botella". En una de esas noches, mientras cantaba, Louis Dupont fue al hotel y reclamó a la niña, que habria de morir meses despues.
Pero según Simone, este hecho casi no afectó a Edith, quien estaba preocupada exclesivamente por su carrera de cantante. Otro hecho del mismo corte sirve para reflejar la personalidad de la artista: siendo ya famosa se enteró de la muerte de su madre y, aunque sufragó todos los gastos del entierro, se negó a asistir a las honras fúnebres y nunca visitó su tumba porque "mi madre hace tiempos que murió para mi: un mes después de mi nacimiento, cuando me abandonó".

Su suerte habría de cambiar cuando un día, en la calle Troyon, conoció al propietario del cabaret Cerny's, Louis Leplée. Este decidió cambiarle el nombre artístico de Hugette Elias, que ella misma había escogido, por el de Edith Piaf, con el que se le conocería en el mundo entero. También Leplée fue el primero en darle la oportunidad de cantar en un escenario decente. El éxito que alcanzó en Ceny's fue muy grande, pero a pesar de eso nadie se atrevía a grabar ningún tema en su voz.

Y las cosas se le complicaron más pues fue involucrada en el asesinato de Leplée. A pesar de haber probado su inocencia, el público la relacionó con el hecho durante algunos años.

Su vida volvió a transcurrir en sitios de baja categoría, muchas veces en ciudades pequeñas como Brest, hasta que llegó Jacques Bourgeot, quien le compuso canciones como "Palabras sin historia" y "Ropavejeros". Por esos mismos meses, conoció a una de las personas que más influiría en su vida artística, Raymond Asso, quien escribió varias de las canciones más famosas de la Piaf, entre las que se cuenta "Ella frecuentaba la calle Pigalle", hecha a la medida de la Piaf. Gracias a Asso, entró en los cabarets más famosos de Paris como el musical-hall ABC, donde cantaron estrellas de la talla de Marie Dubas, Fréhel e Yvonne Georges, a las que había admirado desde pequeña. Trabó una singular amistad con el poeta Jean Cocteau, quien siempre la admiró, pero la Segunda Guerra Mundial volvió a ponerle un tinte dramático a la vida de Edith.
Asso fue al frente de batalla y ella se dedicó a cantar para reunir fondos para los soldados, con un repertorio que incluyó temas como "¿Dónde están mis compañeros?", en los que reflejaba el dolor de la guerra. En la Francia ocupada, Edith Piaf siguió cantando en los campos de prisioneros, ayudó a que varias personas fueran liberadas mediante la falsificación de documentos y se negó sistematicamente a cantar en Alemania, ante las numerosas invitaciones que le hicieran las fuerzas de ocupación.

Los amantes siguieron desfilando por su vida: Paul Meurisse "el bello indiferente", Michel Emer y Henry Contet, quien le compuso canciones como Monsieur Saint-Pierre y "Padam, Padam". La fortuna le sonrió en ese entonces y se vendieron 850 mil copias de su disco "El acordeonista".
Le entraba bastante dinero, pero entre los avivatos que se aprovechaban de su generosidad, los altos precios de la París ocupada y lo que gastaba en el Bidou-Bar, la plata se evaporó. Se enamoró de Yvonne Jean-Claude, de Yves Montand y de Marcel Blistene. La vie en rose se convirtió en un éxito total y fue traducida a 12 idiomas, entre ellos el japonés mientras la Piaf vivía todo el esplendor de su carrera.

Pocos meses antes de su primer viaje a los Estados Unidos en 1947, donde hizo amistad con Marlene Dietrich, conoció al más grande amor de su vida: el boxeador Marcel Cerdan. Tras su estampa de hombre rudo, Cerdan conquistó a la Piaf por su dulzura y comprensión. En vísperas de su pelea por el título mundial Edith logró burlar las medidas de seguridad que rodeaban al boxeador y pasó la noche con él. Cerdan ganó el combate, pero el título le duraría bien poco, ya que al año siguiente lo perdió a manos del norteamericano Jake La Motta. Cerdan se convirtió en la sombra de la Piaf. Ella no lo abandonaría y, por ese deseo de tenerlo a su lado, lo hizo viajar el 28 de abril del 49 a Nueva York. En mitad del viaje, el avión en que viajaba el boxeador se estrelló. Edith nunca se recuperaría de esa pérdida y su afán por comunicarse con su amado se le convirtió en una obsesión. Realizó sesiones de espiritismo para tratar de encontrarlo y su hermana debió imitar la voz de Cerdan para convencerla de que volviera a comer. De esos años quedaron canciones tan importantes como "Canción azul" e "Himno al amor", testigos de la pasión que hubo entre los dos.

La vida de Edith se fue consumiendo entre la tristeza y la enfermedad.
Su débil constitución y su vida bohemia la fueron minando poco a poco.
Antes de morir, la Piaf sufrió cuatro accidentes automovilísticos, cuatro intoxicaciones, tres comas hepáticos, una crisis de locura, dos crisis de delirium tremens, siete operaciones, dos pulmonías y un edema pulmonar.
Hace 25 años, el 11 de octubre, murió en París Edith Piaf.

Su voz inigualable quedó para siempre en sus discos y su arte se perpetuó en la voz de algunos de sus protegidos como Charles Aznavour y Georges Moustaki quienes, si bien nunca lograron igualarla, son el testimonio de toda una vida dedicada a la música y al amor. --

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